jueves, 13 de marzo de 2014

cochismo


Entrar a casa y no encontrarte en la puerta me abate por un rato. Es una especie de duelo knock-out , se me olvida, creo que se me olvida y de golpe la realidad otra vez, el tiempo alargándose y mostrándome el vacío frente a la puerta. Perplejo, recuerdo que te fuiste, y quizás mi memoria falla frecuentemente porque todo fue tan abrupto. O tal vez siempre es así, nunca había vivido una muerte –aunque es imposible vivir una muerte, más bien se muere la vida.

Parece que soy ateo y es un problema, ¿a quién imprecar? ¿cómo consolarme?

Ha pasado el tiempo y estoy más tranquilo, aunque sigues apareciéndote, intentando reemplazar a ese chaleco negro sobre el sillón, a esa mochila a los pies de la cama. No eres tú, pero sí, porque sigues rondando en el rabillo de mis ojos.

Decidí que te pensaré como mi guardiana, una especie de tótem personal y urbano, espíritu tutelar –todo esto llevado a la praxis mediante un ánimo activo y consciente que tenga como objetivos las directrices que te guiaban. Estas siempre fueron el amor y la libertad. Medio inventadas, medio comprobadas, tus prácticas cotidianas evidenciaban la ternura y la luz. Y yo quiero guiarme por las mismas cosas.

2 comentarios:

Pájaro Verde dijo...

Ella nos dejó para dentro, de verdad... tremendo ser. Muy lindo tu texto querido mío

Nomade dijo...

que bonito C: