lunes, 10 de marzo de 2014

agobio invernal (por Ana Sinapsis Kawabata)

Llueve como ese invierno que tanto duele recordar.
Es un día para comer calzones rotos salados por mis lágrimas,
para leer poemas-del-alma.com

Hasta mi prístino gato me niega el saludo,
¿será porque con la lluvia viene
también el olor a pata?
(saben que solo uso converse)

Llegó la hora de exigir pleitesía a mi séquito
de sus likes depende mi sanidad
así que ya saben ya saben ya

¡Oh, nubes negras!
¡Oh desolación!
Mi ostracismo es tan poético
que merece premiación.

Adiós adiós
nos vemos mañana
en mi nueva d e p r e s i ó n.

sábado, 8 de marzo de 2014

alegatos reprimidos

1. Amigxs, sus fotos de perfil en Macchu Picchu son magníficas, les felicito por encontrar el plano preciso en que no se ven las hordas de turistas sudados subiendo y bajando la escala de la tierra... Saben que en el fondo les tengo envidia.

2. Putas páginas y blogs que atacan con su música -que tanto cuesta desactivar- cuando uno, ingenuo usuario de google, llegó a ellas con el parlante a todo chancho.


3. No hay nada más chulo que esas fotos rosadas, lilas, llenas de flores y/o mariposas celebrando el día de la mujer por fakebook. La gente que las comparte no entendió nada...


Mmm, cuando empecé esto tenía miles de ideas llenas de odio y rencor, pero ya se me olvidaron, así que continuará.

viernes, 7 de marzo de 2014

lectura veloz

El otro día conocí a un chico bastante simpático, con el que nos llevamos bien a causa de nuestro común placer por las lecturas ñoñas de fantasía y ciencia ficción. Obviamente, en algún momento de la conversación llegamos al tema de Canción de Hielo y Fuego, que ambos habíamos leído hasta el quinto tomo (el sexto no sale hasta el próximo año, dicen).
Luego de cotejar teorías e impresiones, no sé bien por qué, aunque es una situación común entre lectores, el muchacho comenzó a jactarse de su fanatismo en el hecho de haber leído el quinto libro en dos días.
-¿En dos días? -le pregunté-. No comiste, no dormiste, no hiciste nada más que leer...
-Jeje -respondió-.

¡MENTIRA DE MENTIRAS! ¿Cómo va a haber leído un libro de 1200 páginas en dos días? peor aún: ¿qué sentido tiene? ¿Dónde quedó el gustito por la historia? Lo único que da a entender es que en lugar de comer y saborear, traga como un glotón.

No entiendo ese afán por fanfarronear de cosas como esas, que a mi parecer dan lo mismo. ¿Qué importa el tiempo de lectura? lo divertido es comentar las sensaciones e imágenes provocadas por la obra. Ni siquiera eso, simplemente disfrutarla, individualmente, al menos hasta que te encuentras con otro ñoño fascinado por la misma novela/cuento/saga. 

Como siempre, no le di importancia, pero en el fondo de mi mente pensé: ¿por qué, para qué? Debo reconocer que me molesta un poco esa actitud de llevar la idea de competencia al ámbito de la lectura, asimismo como repudio a aquellos que se consideran superiores por leer mucho. De pendejo aprendí que la cosa no iba por ahí, porque a nadie le importaba realmente, pero algunas personas se empecinan en rivalizar a través de cuestiones semejantes. Creo que ese tipo de actitudes no son ningún aporte al fomento lector, al menos.

jueves, 6 de marzo de 2014

hijo de la chatarra

Guardianes de la Bahía me dejó cagado, nunca tendría una novia como esas tetonas que corrían en cámara lenta ¿cómo lo hacían? Mitch Bucanon es un ganador, un modelo a seguir. También sacó discos, dicen que es un fenómeno de masas en Groenlandia, donde el presidente es una foca o algo así.

Salvado por la Campana me enseñó que jamás sería popular, a lo más que podría aspirar es parecerme a Screech... Steech... Stich... cómo se llame, ese pelmazo ruliento. Aunque para ello tendría que comprarme un enrulador, porque mi esposa no me presta el suyo. La verdad no se lo he pedido, pero seguramente pensaría que soy rarito.

No quiero ser rarito, quiero ser un winner, como el Príncipe del Rap, pero me falta negritud. Esta maldita morenidad no me lleva a ningún lado, no tengo estilo. no tengo ropa fluorescente ni tampoco sé rimar para sacar un disco de rap (aunque Will tampoco sabía, y lo más bien que se transformó en un fenomenal hombre de negro, pero claro, es negro).

Ni siquiera puedo parecerme a Luz Clarita, no soy carente ni nada por el estilo, mi infancia fue aburrida y citadina, y tampoco soy rubio ni católico, todo está en mi contra. 

Después de ver los Expedientes Secretos X decidí ser agente secreto, para conocer el AREA 51 y todo eso, pero mis papás me dijeron que eran fachos y no me dejaron entrar a los ratis. 

No nací en NiuYorc ni en Los Ángeles, sino el el hoyo que es Santiago de Chile. Ni siquiera tuve un auto alguna vez, ¿cómo podría llegar a algún lado? A pata me cansaba, se me ponían hediondos los pies, me daba vergüenza ir a las fiestas con piscina siempre con el mismo traje de baño.

La tele me enseñó que soy un típico chileno, picarón, dicharachero, bueno pa'l copete... pero ni siquiera soy así realmente, hay gente más afortunada. Ni siquiera puedo aspirar a ser un Venegas, porque nunca viví en esos condominios de La Florida. 

Me enorgullezco de mi bandera pero me aterran las armas. Lo que más me gusta de mi país es la cultura del murmullo, ¿para qué confrontar a la gente, si la puedes descuerar a sus espaldas? hay que ser práctico...

La tele me crió y ahora soy huérfano.

domingo, 5 de enero de 2014

NUEVO DISCO!!




martes, 23 de abril de 2013

Europa y la Gente sin History Channel, por Eric Lobos

No me entero de marcianos, pero sí de conexiones trans de todo tipo; allá van los esclavos y por acá el Modo de Producción Capitalista, Inglaterra y los indígenas americanos, los indígenas asiáticos, los indígenas oceánicos. Allá se instaló la historia oficial, en los clavitos de las naciones, en la filosofía y en la ciencia. Acá apareció la nueva historia, diversa disciplinarmente, pero como no teníamos tele nadie la vio y siguieron creyendo en la otra, manchada con ketchup y cuya banda sonora se constituye del electro-dancing de moda.

El origen de las Actas Vampíricas Latinoamericanas

En un viaje, de paso por Valparaíso, me reencontré con el gato de mi familia, Cochocho. Nos sentamos a disfrutar del sol que se acerca al ocaso, su calorcito inyectándose en de nuestras pieles, lentamente. Ello era posible porque grandes ventanales nos protegían del viento exterior, permitiendo que la tarde y su agasajo ingresaran en justa medida. En medio de esa modorra, un torrente de imágenes comenzó a discurrir en mi cabeza: vaporosas visiones como expelidas de una tetera hirviente. Vi al gato escribiendo, aprovechando cada momento de soledad (que no eran pocos), escribiendo también debajo de las camas, dentro de los armarios. Sin que nadie se diera cuenta en la casa, Cochocho se había contactado con personas del medio literario y había publicado su primera novela: Biografía-Social de un Vampiro. El éxito del relato lo llevó a planear una trilogía, que por razones comerciales derivó en diez títulos agrupados bajo el nombre de Actas Vampíricas Latinoamericanas. Su carismático protagonista, anti-héroe de más de cuatro mil años, coqueteaba con el bien y el mal desde sus orígenes en la zona andina, anteriores al imperio incaico, específicamente en Chavín de Huántar. Su nombre es Pucara, el vampiro andino. Las imágenes dejaron de sucederse y tuve el rostro de Cochocho frente al mío, con sus ojos pidiéndome no revelar su secreto, pues no estaba dispuesto a pagar el precio de la fama ni el de la ciencia. Entonces el sol se ocultó y nos impregnó la oscuridad.

lunes, 15 de abril de 2013

desconexión

Un hombre esperando su bus en el terminal envía un mensaje de texto a su novia, que se queda en Ainilebu. El envío hace mención del trágico hecho de olvidar sus audífonos, artefacto mediante el cual se aislará de otros seres humanos. Extrañamente, vibra el bolsillo del hombre. Saca el celular rosado de su novia, sorprendiéndose sobremanera. Exaltado, envía otro mensaje de texto a su novia, contándole esta gran anécdota, aunque un poco preocupado de partir con ambos aparatos. Cuando la mano que sostenía el artilugio rosado comenzó a vibrar nuevamente, un terror insostenible e inidentificable lo absorbió por completo. Se provocaron ciertas evocaciones en su memoria, reminiscencias ancestrales, angustias perversas heredadas con su amenaza de permanencia. La soledad, la terrible soledad del abandono, la cruel desconexión a las redes la colapsará, piensa el hombre. Qué dios maligno pudo imaginar un tormento como este, desquiciada expulsión de la colectividad y del binomio con él. Además, sin merecerlo, sólo por jugar amorosamente, introducir la mano del otro en los bolsillos del otro y viceversa, entregarse tan plenamente al placer como para traspasar el celular al otro, prácticamente prestándose la vida en un recreo dulce y frágil, sabiéndose protegido por la confianza mutua. Y ahora, por error, ese amor es Satán, es perderse en un viaje que se inicia desprovisto de certezas para la pareja. No se atreve a subir y el bus se va junto a su obligación de asistir al trabajo que lo requería en el norte. Corre a casa.

Luego de colocar, sin que él se percatara, su celular en el bolsillo del abrigo de él, lo despidió amorosamente. Sus labios fueron húmedos, generosos, y se lo permitieron porque se sabían despedida, se concedieron un deslizamiento y ondulación sincronizada con la otra boca, de un modo puro y final. Apenas el hombre cerró la puerta, ella comenzó los preparativos: mochila, cartera y la caja especial para llevarse a Tuit, el gato de ambos. Ya no queda nada para ella en este lugar, lo que comenzó como comunión se anegó, empantanándose y dejando solo islas pestilentes en el territorio circundante. Incapaz de mantener el contacto un día más, puso en silencio su corazón. Cerró la puerta y se fue.

martes, 9 de abril de 2013

“La Épica de Lucius Jipsterel” (anónimo)

Una obra de aventuras en la época de los microheroismos. El joven Lucius ha de luchar contra el capitalismo salvaje manifestado a través de su falta de recursos para adquirir alimentos y calefacción, por no mencionar la preocupante ausencia de libros y vinilos, cuya progresión numérica se estancó el día que asumió más responsabilidades adultas. En su viaje por ignotos territorios de la constreñida urbe funcional que lo alberga y mareas informáticas del ciberespacio encontrará enemigos acérrimos, tales como la terrible adicción a las redes sociales, una tautología de la soledad, o el enfrentamiento al despliegue pornográfico exacerbado en cada dispositivo visual de los alrededores, virtuales y reales.

"Anónimo se nutre de la literatura postapocalíptica anterior para desperdigar las migajas de la racionalidad occidental en un contexto fantasmal y sórdido" -Ramakrishna Soto, The Nueva Delhi Times.

"Fácilmente uno de los mejores libros del año" -Ne0 1gn4c10 V4L3nt3, el Mercurio de Mercurio.

"Anónimo ha sido llamado el más grande de los grandes, desde la Epopeya de Gilgamesh hasta el Cantar del Mio Cid, pasando por toda la obra de Shakespeare -que como los lectores saben, nunca fue-, sus obras han deleitado a grandes y chicos en todo los países de Tierra Vieja" -The New Earth Library.

lunes, 27 de agosto de 2012

supersónipunks

Pienso en el ignorado drama
que ha de haber sido
(o será)
jugar a la pelota para los supersónicos.

Una simple pichanga y cuántos accidentes,
cuántas caídas al vacío:
cuerpos juveniles 
despeñándose
sobre los asalariados
del primer nivel terrestre.

Cuántos seres humanos destrozados
(por no mencionar 
a las máquinas descatalogadas)
camino al trabajo, alcanzados
por un pelotazo o la pérdida
del humano equilibrio.

Cuántas esferas incandescentes
bajando desde el firmamento,
reventando contra el
agrietado pavimento.

Allí se pudren masa encefálica,
despojos de pelotas,
tuercas de robots desechados.
Basura que nadie recogerá.

No hay empleados mecánicos 
para servir a los del primer nivel;
sólo compañeros de trabajo.

Y ellos, los asalariados,
se ocupan de vivir nomás
en medio del hambre y el crimen,
mientras las viejas cuentan historias
sobre el pasto,
los animales, 
los nombres y las canciones.

Mitos sobre los dioses de arriba
y su bondad
y su olvido.

miércoles, 6 de junio de 2012

Garfil y sus amigos

Sólo por subir algo y no dejar absolutamente botado este espacio, les dejo una de mis primeras obras:


lunes, 13 de febrero de 2012

ñacañacañacaña


viernes, 27 de enero de 2012

martes, 10 de enero de 2012

me diste mal la dirección

dibujo basado en la animación del programa pintamonitos, aquí la original:

martes, 3 de enero de 2012

guerra en el puerto

De pronto todo se apagó, Miguel, nocturno por naturaleza, no se preocupó demasiado, o al menos, la falta de luz no fue más preocupante que el murmullo cada vez mayor que invadía el océano. Fuera de él, en el cerro, Ramona dábase cuenta de cambios en el flujo de visitantes por sus calles. Cada vez había más gente, ruidosa gente que empujaba a Ramona, que ensordecía a Chatito, quien a pesar de estar dentro de su casa, era capaz de percibir el cambio atmosférico que se estaba gestando fuera, desde la tarde, en realidad desde el medio día. En el plan la cosa no era distinta, tantos pies moviéndose erráticamente extrañaron un poco a Jacinta, acostumbrada a las tranquilas y nauseabundas calles recorridas mientras efectuaba sus pequeños crímenes, entrando de casa en casa, clandestinamente, dispuesta a robar los mejores manjares que albergaran los livings o cocinas. La extrañeza se convirtió en espanto cuando sonó el primer estruendo, ¿de dónde venía ese ruido tan tremendo? ¿Qué estaba pasando? Chatito, presa de un terror mítico, pensó en el inevitable fin y corrió hasta debajo de la cama, que no le pareció suficiente protección cuando retumbó toda la casa por segunda vez, lo que lo llevó a esconderse en el closet. Allí estaría seguro, allí no lo molestaría nadie. Ramona, por su parte, arrancó hacia su casa, pero no encontró el camino, la multitud la confundía, la extraña oscuridad levemente encendida por las explosiones la hizo perderse, cosa que desde hace seis años temía, desde que se quedó tuerta. A veces le costaba orientarse, pero esta noche de estampidas y bramidos realmente la extravió, dejándola acurrucada bajo el oscuro alero de una casa de dos pisos, en cuya terraza la gente gritaba mientras veía el cielo y surgían nuevas explosiones. En ese momento Salvador, piloto civil, fue sorprendido mientras volaba sobre la costa. Hace un rato habían comenzado las detonaciones, pero él pensó que se desarrollaban a lo lejos, de hecho las vio lejanas y de pronto lo envolvió una espesa niebla. Ciego a causa de ella, voló vacilante durante unos breves segundos, hasta que lo alcanzó un proyectil lanzado desde el puerto, el mismo puerto en el que almorzaba casi todos los días, donde conoció a la madre de su hijo. ¿Dónde estarán ellos, protegidos acaso? caviló mientras descendía abruptamente, herido de muerte, entregado al fin de la existencia, colisionando con un mar sólido que lo destrozó. Cayó cerca de Miguel, que no sabía dónde ir, pues por todas partes se oían los fragores de la batalla. ¿Será una guerra? se preguntó, aunque luego estuvo seguro de ello, al ver como Salvador se despedazaba y disgregaba por el océano. Quiso escapar de la muerte, pero la niebla también lo envolvió, ineluctable. Jacinta corrió por entre los zapatos de la gente, afirmándose como podía de los temblores que convirtieron su noche en un calvario. Afortunadamente logró refugiarse dentro de una grieta bajo una escalera por la cual  corría una vertiente de orines. Al otro día la ciudad era un caos silencioso, la guerra había terminado, no se sabe si Valparaíso ganó o perdió, pero el vidrio molido y el plástico formaban un manto de desgracia sobre calles y plazas, hiriendo las patas de la rata Jacinta, de la perra Ramona, mientras algunas bolsas de nylon volaban, casi podría decirse que en un homenaje póstumo a la gaviota Salvador, cuyos fragmentos de cuerpo se dispersaban como los del pez Miguel, y el mutismo envolvía las pesadillas que el gato Chatito tendrá durante meses. Había comenzado un nuevo año en el puerto.