lunes, 19 de mayo de 2014

Los Genocidas (con harto spoiler)

El autor de esta obra es Thomas M. Disch, quien nace el 2 de febrero de 1940 en Des Moines, Iowa, E.E.U.U. y muere el 4 de Julio del 2008, suicidándose. A causa de una epidemia de polio en 1946, su madre decide mantenerlo en casa, donde le enseña lo que debería estar aprendiendo en el colegio. Ello provoca que pase de kindergarden a segundo grado en un solo año. Luego, realiza su educación formal en varias escuelas católicas, lo que de algún modo explicaría su crítica a la moral y costumbres cristianas en algunas de sus obras. A los 18, sin dinero, sin amigos, y sintiéndose rechazado por su orientación sexual (se declaró gay desde la adolescencia) intenta suicidarse inhalando gas de cocina, pero sobrevive. Luego intenta entrar en el ejército, pero su incompatibilidad con el mismo lo termina llevando a un hospital mental por tres meses. 
Los Genocidas, de Thomas M. Disch
Editorial Sudamericana, Colección Galaxia.
1974 [1965], 198 páginas.
Luego de varios trabajos indirectamente artísticos, en teatros, ópera y librerías, intenta estudiar en la universidad, retirándose al poco tiempo. Sin embargo, su asistencia a clases sobre la escritura de nouvellas y ficción utópica estimula su gusto por la ciencia ficción y su escritura. Comienza su carrera literaria en 1962, en la revista Fantastic, publicando el cuento The Double Timer. Disch ingresa en el campo de la ciencia ficción en un punto crítico de desarrollo del género, pues se pasaba de aventuras bastante frívolas, a temáticas más adultas, serias, e incluso oscuras: la nueva olaA simples rasgos, se trata de una corriente que deja atrás los postulados campbellianos [1] de la edad de oro, es decir, ya no es necesario tener conocimientos de ciencia dura ni transmitirlos a través de la obra. Ahora el punto de apoyo es el valor literario (por ello se discute si algunas obras pueden realmente adscribirse al género de la ciencia ficción, o deberían ser calificadas como creaciones de fantasía) y moral de las historias. La nueva ola se caracteriza por dejar de lado las óperas espaciales [2], reemplazando las grandes amenazas interestelares por un enemigo más tenebroso aún: la humanidad misma. Normalmente delimitada entre los años 1965 a 1979, la nueva ola responde a las transformaciones sociales en la norteamérica de fines de los sesenta: anti-belicismo, psicodelia, medios masivos de comunicación y contracultura.

Disch fue autor de más de cuarenta libros, incluidas novelas, poesía, cuentos y crítica, aunque nunca fue un escritor de éxito que se granjeara un nombre. Se dice en un texto del Washington Post, a propósito de su muerte: “[fue] quizás el más talentoso y desconocido autor americano” (Schudel, 2008). Y Michael Dirda, en el mismo artículo dice: “podía ser satírico, blasfemo, iconoclasta y conmovedor, pero ante todo, siempre era brillante” [3]En 1999 ganó el premio Hugo, uno de los más prestigiosos galardones entre los autores de ciencia ficción y fantasía. Pero sus inquietudes no terminan en este género, pues también escribió obras de teatro, poesía, libretos de ópera e, incluso, un videojuego. Regularmente contribuía con ensayos acerca de poesía, ficción, teatro, música y arte para el Washington Post, The Nation, Los Angeles Times, Entertainment Weekly y otros. Asimismo, Disch llevaba un blog que actualizaba frecuentemente, cuyas últimas entradas daban cuenta de su carácter depresivo, suicidándose finalmente el 4 de julio de 2008, día de la independencia estadounidense. ¿Casualidad? Veamos qué tiene que decir Disch sobre el status quo en una de sus obras. 

La primera novela de Thomas Disch, Los Genocidas, es de 1965. El escenario es un pequeño poblado norteamericano –Tassel-, sobreviviente a la extraña invasión efectuada por plantas gigantescas, dejadas allí por no se sabe quién. Esta curiosa invasión utiliza el planeta tierra como un formidable campo de cultivo, con especies de plantas que exterminan toda competencia, alterando profundamente los hábitats de nuestro planeta y asfixiando gran parte de la vida presente en él, incluida la humana. La narración comienza cuando la invasión ya se ha desplegado hace algunos años y Anderson, el patriarca sanguíneo y religioso de la comunidad, se acompaña de sus hijos mayores para extraer savia de las plantas.

Bonita ilustración de la novela en esta edición francesa.
La obtención de alimentos se ha convertido en un trabajo cada vez más difícil a causa del predominio territorial de las plantas, monocultivo de proporciones fabulosas: “Esos árboles –o Plantas, como las llamaba Anderson- tenían doscientos metros de alto, y las hojas más grandes eran del tamaño de pizarrones” (p. 15). El primer capítulo tiene un título revelador: el hijo pródigo. En él se evidencian las diferencias entre dos medio-hermanos, Buddy y Neil, hijos de Anderson. Luego se nos introduce el lamento de Buddy, quien cavila sobre la falta de tiempo para “pensar”, a diferencia de su hermano Neil, que parece regocijarse en el ejercicio del trabajo físico y la ausencia de agilidad mental. Más adelante nos enteramos de que, hace diez años, Buddy se había ido de Tassel, donde se encuentra la granja de su padre, para probar suerte en la ciudad. Su plan era escapar del modo de vida campesino que detestaba, pero “[…] había fracasado de modo tan terminante como habían fracasado las ciudades mismas” (pp. 17-18). La hambruna de las ciudades lo obligó a volver a la casa paterna, y “La rebelión del hijo pródigo [quedó] reducida a palabras altisonantes y mezquinos remilgos: una obstinada negativa a hablar como los campesinos, un arraigado desprecio hacia la música rural, un asco de “mascar” y una abominación por los palurdos, los rústicos y los patanes. En una palabra, por Neil” (p. 18). Situación nada fácil para Buddy, puesto que su padre, Anderson, autoproclamado jefe de la comunidad, la dirige bajo parámetros sumamente conservadores derivados de su fanático cristianismo. 

Más tarde, el predominio cada vez mayor de las plantas obliga a la menguada comunidad a abandonar Tassel. Se erige entonces Nueva Tassel, en un terreno también sitiado por las plantas, por lo que no duraría mucho como establecimiento humano. Por otra parte, el único vínculo de la comunidad con el exterior -¿existirían otras comunidades sobrevivientes? nadie lo sabía- era a través de los merodeadores, que cada vez llegaban en menor número. Además, la política de Anderson y sus seguidores era exterminarlos inmediatamente, para que no supusieran peligro al precario equilibrio de la comunidad. Precisamente, unos capítulos más adelante hacen su entrada en escena Jackie y Jeremiah Orville, pareja que vivió los últimos años en la bóveda de seguridad subterránea del First American National Bank, donde podrían haber continuado algunos años más si es que los invasores no hubiesen comenzado una nueva etapa de exterminio. Mediante “incineradores”, máquinas esféricas capaces de lanzar intensas llamaradas con la facultad de quemar ciudades y campos enteros, los invasores expulsan a los últimos humanos de la ciudad de Duluth (cercana a Nueva Tassel). Jackie y Orville, en su huida, se encuentran con Alice Nemerov y un grupo variopinto de refugiados, los cuales han utilizado extraños recursos para no morir de hambre, incluso el canibalismo. A pesar de estas sórdidas historias, nadie parecía escandalizado, pues “La invasión los había convertido a todos en relativistas: tan tolerantes de los usos y costumbres de los demás como si hubieran sido delegados en una convención de antropólogos culturales” (p. 57). Ello evidencia la forma en que el contexto amplió la escala valórica y moral de los seres humanos sobrevivientes. 

La breve dicha de volver a sentirse en comunidad terminaría con el intento de los refugiados por hacerse de Nueva Tassel. La maniobra fracasa, muriendo todos excepto Alice y Orville, a quienes dejan vivos a causa de su utilidad (la primera es enfermera y el segundo ingeniero en minas [4]). La recuperación de este último es lenta, pero asistida por Blossom [5], hija menor –de trece años- de Anderson, con quien comenzará una relación de cercanía cada vez mayor, a pesar de haber perdido a Jackie. Esta pérdida genera una deuda de venganza en Orville, que finalmente no podrá cumplir, acoplándose a la comunidad de Anderson en forma total, a través de una relación sentimental y sexual con Blossom. Mientras tanto, los medio-hermanos luchan por el amor del padre, demostrando utilidad e inteligencia en busca de aprobación. Aunque Buddy pierde esa batalla cuando su padre lo descubre teniendo relaciones sexuales con su cuñada Greta, esposa de Neil.

Así, la vida sigue avanzando, lenta y precaria, pero ineluctable. Y las antiguas formas de vivir ya no se condicen con el nuevo contexto que oprime –pero paradójicamente también liberará, más adelante– a los personajes. Las conversaciones entre Orville y Anderson, en las cuales el primero explica científicamente algunas situaciones (como los veranos cada vez más duros, provocados por el dióxido de carbono expelido por las plantas), derivan en la desesperación del segundo, quien no encuentra respuestas en su biblia. Pero la desesperación de ese atroz verano también afectaba a Neil, quien, luego de matar por un error estúpido a la última vaca y su ternero, declara odiar a toda la comunidad: […] y odiaba también al padre. Odiaba a todos esos desgraciados que se creían tan listos. Los odiaba a todos. A todos” (p.89). Los errores de Buddy y Neil provocan un desplazamiento constante en el favoritismo del padre, mientras Orville, quien comienza a prendarse de la joven Blossom, sueña con su venganza y la destrucción de la especie. Esta atracción, provoca un alejamiento cada vez mayor de Blossom con su padre y madre. Así, Anderson cada vez posee menor injerencia en las decisiones comunitarias, peligrando la homeostasis del grupo. 

Todo dará un giro cuando, por casualidad, al huir de los incendiarios (máquinas de los invasores cuya función era exterminar todo forma de vida ajena a las plantas), la comunidad ingrese por el tallo de una planta hueca. Todas las plantas están conectadas en sus raíces fabulosas, de modo rizomático, y cada tramo está lleno de una materia esponjosa con aroma dulzón, a fruta pasada. Tras probarlo, “Se notaba el gusto a anís característico de la planta; pero junto con él algo pleno y dulce, una satisfacción, que era totalmente nueva” (p. 109). Así, la comunidad obtuvo un nuevo maná, pero con él vino la satisfacción de otros apetitos: el hambre insaciable de sexualidad que fue negado por tanto tiempo en la sala común de Tassel, bajo el mando de Anderson, se desborda en este nuevo contexto de oscuridad y desnudez (la ropa era un impedimento para moverse en este escenario subterráneo). Luego, vendría la deserción, quedando reunido sólo el grupo que constituye la familia nuclear de Anderson (incluyendo a Orville). Anderson, impotente y despojado de atribuciones, muere, intentando dejar la jefatura de la comunidad en manos de Orville. El símbolo de ese poder es un revolver con su última bala, el único de la comunidad. Neil se las arregla para engañar a su padre y quedarse con el revólver, con lo que comienza una persecución de locura por los túneles mientras intenta apoderarse de Blossom, para desplegar su incestuoso deseo sexual. A su vez, desea matar a Buddy, pues éste nunca lo respetó, “Siempre había sido impetuoso, rebelde, ateo. ¡Eso es él! Pensó Neil, asombrado de la perfección con que esa palabra definía todo lo peligroso en el hermano. ¡Un ateo!” (p. 152). 

La mejor y más increíble portada que encontré (edición inglesa).

Finalmente, luego de engañar a Neil mediante su propia estupidez, la menguada familia logra establecerse. Este nuevo establecimiento del orden se genera justo a tiempo para la cosecha de los invasores. Toda la materia algodonosa comienza a ser succionada, y ellos también, pero logran apartarse del flujo y salir a la superficie por sus propios medios, sólo para encontrar una tierra negra, desolada, con restos de frutos de las plantas, que quizás les permitieran sobrevivir un verano más. El agua ya no era receptáculo de vida, la tierra tampoco, excepto de una nueva plantación de plantas, que en dos días ya les llegaban a los tobillos. Este escenario de desamparo sugiere la condena de los protagonistas, pese a todos los esfuerzos realizados en la novela por sobrevivir y por establecer nuevos vínculos familiares que permitieran crear un sistema homeostático adecuado al nuevo contexto (sin las desvencijadas directrices cristianas de Anderson, sin la envidia y competencia manifestadas en Neil, así como tampoco las infidelidades matrimoniales de cualquiera). Las líneas finales son estremecedoras: “La naturaleza es pródiga. De cada cien plantas solamente una o dos sobrevivirían; de cien especies solamente una o dos. Pero el hombre no” (p. 198). 

En fin, gran novela. Y a pesar de lo clasicona, muy entretenida, el tiempo no hace mella en ella, pues su médula está en los cuestionamientos morales y valóricos, no en la ciencia y su relación con los personajes. Sin embargo, es pesimista como el autor, del cual ahora quisiera leer más.

Notas


[1] John Campbell, editor de la Revista Astounding Stories desde 1938, rebautizada luego como Astounding Science Fiction, considerado “santo patrono de las nuevas voces” (Asimov, 1999, p. 228). Bajo su influencia se desarrolló un tratamiento de mayor rigurosidad respecto a la ciencia, así como al aspecto literario de las historias. Fue uno de los más connotados escritores de ciencia ficción de los años 30, época conocida como “edad de oro”. Sin su influencia, la ciencia ficción no habría llegado a posicionarse como un género respetable (o medianamente respetable, depende de la perspectiva), capaz de superar sus inicios pulp.

[2] Las Óperas Espaciales hacen referencia a un subgénero de la ciencia ficción de corte romántico. Principalmente constituido por aventuras cuyo contexto es el espacio y otros mundos (el ejemplo actual más claro es la saga de Star Wars). 

[3] Obituaries: Thomas Disch; Sci-Fi Writer Was Part of 'New Wave' [Schudel, Matt] (2008, Julio 9). The Washington Post. Pp. B05. 

[4] Aunque más que por ser ingeniero, lo dejan vivo a causa de su nivel intelectual, pues el resto de la comunidad se constituía en general de campesinos. 

[5] El nombre Blossom (flor, florecimiento) hace clara referencia a la incipiente madurez sexual del personaje.

2 comentarios:

Nomade dijo...

suena terrible de wendi, espero pillarmela :P

chamico dijo...

te la presto pos broder!!