viernes, 22 de agosto de 2014

Trabajo de campo en Punkeke I

-¿Ya llegó el etnólogo?
-Sí, comandante.
-Tráiganlo inmediatamente.

Dos soldados escoltaron al joven profesional a la oficina del comandante Bowi. El lugar era lúgubre, con cinco lánguidas pantallas que transmitían tanto el trabajo en la refinería como en los primeros sembradíos de palta. Hasta ahora las plantaciones sólo se estaban instalando en la región de Akratarka, aunque el plan era extenderse por todo el continente en menos de un año. Por eso el trabajo de Croox era importante, debía convencer a los lanapunk renegados de reinstalarse en Eizazie en poco tiempo. Y en Akratarka había al menos dos comunidades nativas, su trabajo debía comenzar de inmediato.

-Bienvenido a Punkeke, Hanzi Croox.
-Comandante Bowi, es un honor haber sido seleccionado para esta…
-Sí, pasemos un poco de las formalidades, por favor. Usted sabe para qué fue contratado y lo mejor sería que empiece cuanto antes. Mañana a primera hora se le facilitará un aerodeslizador para que se acerque a las comunidades. Creo que no es necesario recalcarle la importancia de su labor.
-Pero no sé manejar…
-No se preocupe, lo acompañará Maixiam, una joven lanapunk que trabaja con nosotros en la refinería. A pesar de ser aborigen es bastante decente, lo ayudará con el idioma y cualquier dificultad que tenga con los nativos de Akratarka.
-Gracias señor, haré todo lo que esté a mi alcance.
-Espero que esté a la altura de las circunstancias. Tengo entendido que se graduó con honores de la Universidad de Antares.
-Sí, bueno…
-No se hable más. Tiene un mes estándar para efectuar el convencimiento y el traslado de los lanapunk de la región, cuento con usted.
-Gracias señor.

Hanzi fue escoltado por los dos guardias hacia su habitación en la base, un cubículo con olor a desinfectante, una cama y un velador con una bola de luz sobre él. Se echó sobre la cama y sacó su pantalla de texto para leer un rato antes de dormir. Estaba releyendo la etnografía de los lanapunk escrita por el Doctor Fabius Cocq hace 250 años: “Alegría y Rebelión: los lanapunk de Punkeke”. En ella se describe una sociedad ecologista e igualitaria, muy distinta a las descripciones de los informes que le facilitaron los milicos. Dejaron la cagada, piensa Hanzi, mientras se desabotona la camisa para acostarse. No durmió muy bien, tuvo un sueño algo alborotado en el cual subía un médano infinito. A medida que avanzaba veía como los demás escaladores se iban rindiendo, llenándose el camino de cadáveres que eran prontamente cubiertos por la arena. No era una carrera, sin embargo lo estaba dando todo por llegar a la cima, donde lo esperaba una tranquila seguridad. La cumbre ya estaba cerca, con un brillo abrumador. Sólo quedaban dos escaladores, él y una criatura de varias patas que, aunque nebulosa, tenía un hocico con colmillos de los cuales chorreaba sangre fresca. El bicho se detuvo y lo miró directamente a los ojos, entonces se acercó a él en un instante y le mordió el pecho, del cual borbotó sangre y estrellas. Hanzi despertó sobresaltado, prendió la bola de luz y miró su reloj, aún quedaban 3 horas para la partida, aunque ya era mejor prepararse.

Luego de vestirse y arreglar su bolso se dirigió a la sala común para desayunar. Tomó una de las bandejas y fue a sentarse a una de las mesas que estaba vacía, pues no tenía ganas de intercambiar palabras con nadie. Iba en la mitad de su bebida proteínica cuando una figura espigada se sentó frente a él. Era alta, casi esquelética, con un pelo rojo levantado en puntas.

-Hola, ¿tú eres el famoso etnógrafo que viene a engrupirse a los lanapunk? ¿No te da vergüenza venderte así al Cardumen?
-Hanzi Croox, etnólogo, ¿con quién tengo el gusto? –respondió él, intentando disimular su rabia, con dificultad. Como si necesitara que le recordaran lo despreciable de su trabajo.
-Maixiam, empleada de clase 3 en la refinería –respondió ella, con un gesto burlón-. Supongo que no soy quién para reprocharte nada, soy una yanaukuanay.
-Y mi nueva asistente, por lo que me dijeron.
-Pues sí, pero no creas que eso te dará algún tipo de ventaja con los akratarkianos, me odian.
-¿Cómo paras tu pelo? –preguntó Hanzi, tratando de bajarle el perfil a la conversación, aunque sinceramente interesado en la fisionomía lanapunk. Las ocho puntas rojas eran por lo menos el doble de largas que su cabeza, sin embargo se veían bastante firmes.
-A pura voluntad –dijo ella, sonriendo-. No es una moda, ¿sabes? Nacemos así.
-Lo sé, sólo intentaba…
-Relájate compañero –dijo, interrumpiendo las lánguidas palabras de Hanzi, palmeando su espalda con una fuerza desmedida que lo hizo tambalear y derramar un poco de su bebida-. Lo mejor es que termines pronto tu desayuno, nos conviene partir antes de que se asome el primer sol, es largo el camino hacia Tootoot. Te espero en la nave, puerta 3265, ¡Xao!

Ya llevaban una hora de navegación cuando el primer sol del sistema en el cual se encontraba Punkeke asomó por el este. Maixiam conducía concentrada mientras Hanzi revisaba sus notas, en parte sacadas del libro de Cocq, en parte de los informes militares suministrados por el comandante Bowi. La alegre economía ecológica de los lanapunk sufrió una transformación profunda desde que llegaron las milicias del Cardumen, hace tan sólo 20 años. Al menos en Akratarka poco queda de las aldeas autosustentables con sus casas arborescentes. Ahora las residencias lanapunk de los territorios “independientes” se ubican en malogrados bosques y complejas redes de túneles subterráneos. En las ciudades-colonia no es así, más bien proliferan los edificios de hierro y madera, aunque también se hacen algunas techumbres con hojas de la recientemente introducida mega-palta modificada genéticamente.

-Yo nací por aquí –dijo Maixiam.
-¿En Zona 21-K? –Acababa de ver el letrero con la cifra pasar velozmente a su lado.
-Sí y no. Antes de ser plantación se llamaba Pejijep, era un bosque atravesado por un río. Vivíamos sobre tremendos baoboas, teníamos escalas, puentes y hasta sistemas de ascensión  y descenso mediante poleas para quien lo necesitara.

Ahora es plantación atravesada por un regadío, pensó Hanzi con amargura. -¿Qué tan lejos nos encontramos de Tootoot? –dijo para cambiar de tema. No estaba realmente interesado en la vida de Maixiam. Intentaría generar una cierta comunicación entre las comunidades y los intereses del Cardumen, pero evitaría cualquier cercanía sentimental con los nativos. Regla número 1 de la etnografía planetaria, pensó, no establezcas vínculos sólidos con nadie, de lo contrario perderás objetividad. Claro, como si la objetividad fuera algo más que servir a los intereses del poder.

-Estoy revisando mi pad. Calcula unos 400 kilómetros todavía, pero vamos bien, podríamos detenernos para comer algo antes de continuar –respondió Maixiam, sin mostrar indicios de haberse ofendido por el desinterés de Hanzi. Antes de la ocupación militar, la cultura homogeneizante del Cardumen no había logrado penetrar en la libertaria mentalidad de los lanapunk. Los pads fueron introducidos luego de la invasión, devastando la inteligencia y el poder crítico de las generaciones más jóvenes, aunque también desplegando un potencial creativo a través de la apropiación que algunos lanapunk hicieron de los productos foráneos ofrecidos a través de las curiosas pantallas. Esto es más bien un pobre consuelo, pensó Hanzi. La cultura originaria de Punkeke fue prácticamente desmontada, obligando a los sobrevivientes de la masacre a asimilar las formas de vida promovidas por el Cardumen. El pad, introducido en el cerebro de todos los individuos del Cardumen mediante una cirugía obligatoria, se ocupa de infoxicar a los usuarios de la Red, con noticias de guerra, terrorismo, crímenes y, sobre todo, de la farándula transplanetaria. La información accesible varía de planeta en planeta, los poderes del Cardumen se encargan de dosificarla cuidadosamente y de bloquear ciertas redes, para debilitar el poder organizativo de los nativos.

continuará

1 comentario:

Nomade dijo...

ta super wenoo