martes, 9 de septiembre de 2014

atracción al vacío

No hay forma de evitarlas, se ha vuelto una práctica cotidiana deshacerse de ellas. Con regularidad llegan estas visitantes a apoderarse de él, que siempre se vio tan solo, que se consideró vacío. Pero ahora ellas, insistentes, vienen con la pretensión de instalarse en su centro. Alrededor de su ser ha crecido un frondoso bosque que favorece las inmiscusiones y la instalación de las forasteras permanentes. Una invasión diaria en un espacio inerme del cuerpo, un lugar receptivo por excelencia - ¿Tendrán algo de responsabilidad mis vestimentas, mis ropajes? 

No hay caso, las pelusas en mi ombligo se han vuelto cosa de todos los días. Y aprendí a quererlas, las tomo delicadamente con mis dedos, soplo y las invito a volar. Mientras flotan por la habitación reflexiono en torno a mi centro, percibiendo que no es tal. Nos asemejamos, las cosas, los cuerpos y las filosofías llegan, me atraviesan y luego siguen su camino. Me iré como llegué, vacío, pero mientras tanto conservaré este precario equilibrio entre asentarse y sostenerse en el aire, como ellas.

2 comentarios:

Nomade dijo...

Está bonito el texto. C:

cesar andre dijo...

El ombligo y su irrefrenable vocación de insuflar vida. A pelusas, en este caso.