miércoles, 2 de septiembre de 2015

qué sería de mí sin los remedios...

Llevaba seis meses sin trabajo, con el estrés diario de pagar las deudas y conseguir alimento para mi hijo, de 2 años. De repente mi cabeza hizo crac y me llevaron a la psiquiatra. Esta me dijo que para mejorarme debía consumir ciertos medicamentos apropiados para mi estado actual. Lamentablemente, ya me endeudé yendo a su consulta, pensar en adquirir los medicamentos son palabras mayores, así que me puse las pilas y encontré trabajo. Pasó un mes y recibí mi primer sueldo, que no era mucho pero estaba bueno para ir tirando, con mayor tranquilidad, aunque la receta médica se había vencido. En todo caso ya me sentía mejor, tenía trabajo y mi vida emocional estaba en armonía, pero de todas formas volví a la consulta y todo mal, al parecer estoy negando mi enfermedad, he bloqueado mi malestar, de repente voy a explotar y mi cabeza va a hacer paf, que es mucho más grave que crac. Entonces me dio otra receta y fui a la farmacia, rapidito, asustado de que me venga el paf justo ahora que todo pinta tan bien. Allí me dieron el mentado medicamento que tanta falta me hace, en palabras de la doctora. Fueron pasando los días y me puse un poco lerdo, primero boté algunos vasos, luego pasé de largo tres semáforos en rojo, arriesgando a mi familia, que quedó muy asustada y preocupada por mí. No se preocupen, que me estoy medicando, todo va a estar bien, eso dijo la doctora. La semana siguiente me quedé dormido y no llegué al trabajo hasta las doce del día, entonces mi jefe amenazó con echarme si aquello se repitiera. Pasaron un par de meses y noté que estaba gordo, había subido 15 kilos en muy poco tiempo, cómo es que nadie me avisó. También algo sucedía con mis estados de ánimo, sin explicación estaba iracundo, reaccionando exageradamente ante cualquier broma de mi mujer e hijo, llegando incluso a la violencia física. A los tres meses ya estaba solo, mi familia me abandonó y además perdí mi empleo, pero mi nuevo peso me parece saludable (siempre me acusaron de flacura crónica, ahora soy un gordo normal) y todavía me quedan pastillas, así que por lo menos de la cabeza estoy bien, eso sí, gracias doctora.

1 comentario:

fabian cocq dijo...

Matasanos les decía mi abuela. :P