Todo con el sello de calidars, continuidad y seriedad que siempre le otorga:
martes, 18 de marzo de 2014
Alfredo Domínguez: cuando el otro se vuelve canción
“El barreno golpe a golpe
al hombre le quita su mundo
y el fondo devuelve el eco
hecho canto moribundo”.
al hombre le quita su mundo
y el fondo devuelve el eco
hecho canto moribundo”.
Alfredo Domínguez, Juan minero.
Muchas veces, se hace imposible separar al artista de su obra, pues el vínculo es tan intenso que hacerlo sería desmerecer el origen, separar lo inseparable, y fragmentar más aún este destartalado mundo. Esa consistencia está presente en Alfredo Domínguez, guitarrista y artista plástico boliviano, quien vivió en carne propia lo que sus dedos arpegiaron, lo que su corazón cantó extendiéndose a través del instrumento. Nacido en Tupiza, departamento de Potosí, experimentó en carne propia el éxodo de las familias bolivianas a la zafra jujeña -en Argentina-, y allí aprendió a tocar guitarra, a la edad de trece años. Mucho tiempo después, ganaría una beca que le permitiría viajar a Ginebra, donde su talento comenzaría a ser reconocido por quienes tienen la autoridad para decir lo que es bueno y lo que es malo en el mundo del arte. El paralelismo que su historia de reconocimiento en el exterior pueda tener con Violeta Parra no es simple casualidad, pues ambos personifican puntos de inflexión en la música folklórica-de-protesta-social en sus respectivos países. Incluso, llegaron a conocerse en la Peña Naira, donde ella lo incentivó a cantar sin miedo: “Para cantar los versos del pueblo no es necesaria una buena voz, sino sentimiento y compromiso”. Más tarde formaría parte del grupo Los Jairas, donde Gilbert Favre (también conocido como Run-Run) tocaba la quena.
En el año 1969, Domínguez publicaría la que es su obra cumbre: Vida, pasión y muerte de Juan Cutipa. Disco de marcado carácter testimonial, vislumbra parte de la realidad social y cultural de Bolivia mediante el relato de una vida particular, la vida de Juan Cutipa. Este es un indio boliviano al cual conoceremos a lo largo de las doce piezas de la obra, pero también nos enfrentaremos a una realidad cruda y dura. Son ciclos de enseñanza, ternura y dolor, y estos nos aproximan a un otro antes desconocido, del mismo modo que podría hacerlo una buena etnografía o historia de vida.
El disco comienza con un villancico, más andino que católico. Precisamente, refiere a un sincretismo innegable, percibido a través de una guitarra de arpegios y rasgueos precisos, fuertes apagados y calmos armónicos, una muestra de técnica que cualquier guitarrista que se precie no podría desdeñar. Dominio y juego, el mástil del instrumento es recorrido diestramente, con seguridad y sutileza. Así, pasamos a la navidad rural, en que el nacimiento de cristo es recreado en una versión indígena: “Presurosos los llameros / llegaron a aquel lugar / cual si fueran los tres reyes / se pusieron a rezar”.
Luego, en un pasaje musical sobre su infancia, Juan Cutipa se desempeña como pastor y su soledad encarna en la armonía de la guitarra, que nos traslada a elevados retiros serranos, montañas inundadas de pensamientos por donde pastan ovejas y llamas junto a cielos tremendos. Es en esa infancia cuando Juan aprende a leer, y parte del animismo de la cosmovisión andina se hace presente, a pesar de estar adquiriendo un saber proveniente de la cultura hegemónica, la escritura: “El cerro al ver sus abarcas /lagrimeando está por dentro. / Qué más puede pedir, /si Juan ya sabe escribir” (viva juancito). ¿Será que la escritura, a pesar de provenir del llamado mundo occidental y su cultura homogeneizante, es algo útil que un dios tutelar es capaz de celebrar?
El disco prosigue con la procesión, acto que mediante un sincretismo instrumental ofrece al oyente imágenes de un recorrido religioso. Cabe decir que la guitarra obviamente se introdujo en los Andes Centrales de la mano de los españoles, pero renació con los indios en un bautizo musical híbrido, del cual Alfredo Domínguez da buena cuenta. En este artista hay un entrecruzamiento de saberes y voluntades que avanza, lenta y solemnemente hacia la independencia de sentido. Es luego de la procesión cuando Juan Cutipa es arrebatado de su infancia y de su hogar, convirtiéndose en juan soldado. Joven maltratado y oprimido, frente a la adversidad se refugia en su interior y decide no languidece por unos cuantos golpes: “Su teniente le castiga / y le da una bofetada. / Mentalmente él se ríe / porque no le duele nada. / Al Juan dentro e' lo suyo / nadie le grita ni humilla, / todo esto es tan cierto / que hasta parece mentira”. La canción finaliza con la transformación de Juan, pues el servicio militar le ofrece la oportunidad de convertirse "en un civil", con lo cual puede navegar entre los mundos culturales y geográficos, mucho más allá de lo que se le permitiera anteriormente.
Como ya se mencionó, gran parte de los pasajes del disco hacen referencia directa a la vida personal de Alfredo Domínguez, quien en su juventud emigró al norte de argentina a trabajar la zafra, hecho representado en éxodo: “Gentes coyas de todo lugar / van camino a un cañaveral / la frontera cruzando están / cada uno pensativo va /…/ Trabajo trabajo / no existe el jornal / que duro el engaño / eso es explotar”.
Por su parte, el zapateo es una danza cuyo simbolismo escapa a mis conocimientos reales e imaginados, pero introduce la nueva etapa vital de Cutipa, viviendo junto a su esposa y agobiado por el trabajo, pero con añoranza de tiempos de mayor ligereza, antes de internarse en las profundidades de la tierra a trabajar. Ante este hecho se nos proporciona algo de la visión de la esposa: “Un pedazo de su tierra / gira adentro e' su mente / del marido que ya pronto / verá el suelo que siente”. Así comienza el trabajo en la mina, y la rueda se encarga, a través de golpes y armónicos en la guitarra, de representar el trabajo dentro de la misma: ordenado y monótono, duro y oscuro. Lamentablemente, el jornal mengua la vida de Juan minero, envolviéndolo en una espiral de penurias que sólo puede terminar en la muerte: “La roca ya quedó blanda / pero el vigor va cediendo. / Juan ya vive horas extras, / un sueño lo va envolviendo. / Juan Cutipa se está muriendo”.
La obra finaliza con la muerte del indio, instrumental lleno de sutileza que lentamente nos ciñe en las sombras. Mediante un trémolo guitarrístico que pareciera surgir de las entrañas de una tierra agónica, Alfredo Domínguez concluye el relato, potente en su carácter de tragedia moderna. Recomiendo la escucha atenta de este disco, muestra inigualable de la gran capacidad músico-narrativa de este eximio guitarrista andino, quien nos proporciona la oportunidad de conocer a un otro, que en este caso es un arquetipo epocal del indígena boliviano, pero también es él mismo, su historia y la de muchos hombres y mujeres entramados en la vida contemporánea. Sin esencialismos, con creatividad e hibridación, va esta joya:
jueves, 13 de marzo de 2014
cochismo
Entrar a casa y no encontrarte en la puerta me abate por un
rato. Es una especie de duelo knock-out , se me olvida, creo que se me olvida y
de golpe la realidad otra vez, el tiempo alargándose y mostrándome el vacío
frente a la puerta. Perplejo, recuerdo que te fuiste, y quizás mi memoria falla frecuentemente
porque todo fue tan abrupto. O tal vez siempre es así, nunca había vivido una muerte –aunque
es imposible vivir una muerte, más bien se muere la vida.
Parece que soy ateo y es un problema, ¿a quién imprecar? ¿cómo
consolarme?
Ha pasado el tiempo y estoy más tranquilo, aunque sigues
apareciéndote, intentando reemplazar a ese chaleco negro sobre el sillón, a esa
mochila a los pies de la cama. No eres tú, pero sí, porque sigues rondando en
el rabillo de mis ojos.
Decidí que te pensaré como mi guardiana, una especie de tótem personal y urbano, espíritu tutelar –todo esto llevado a la praxis mediante un ánimo activo y consciente que tenga como objetivos las directrices que te guiaban. Estas siempre fueron el amor y la libertad. Medio inventadas, medio comprobadas, tus prácticas cotidianas evidenciaban la ternura y la luz. Y yo quiero guiarme por las mismas cosas.
Decidí que te pensaré como mi guardiana, una especie de tótem personal y urbano, espíritu tutelar –todo esto llevado a la praxis mediante un ánimo activo y consciente que tenga como objetivos las directrices que te guiaban. Estas siempre fueron el amor y la libertad. Medio inventadas, medio comprobadas, tus prácticas cotidianas evidenciaban la ternura y la luz. Y yo quiero guiarme por las mismas cosas.
lunes, 10 de marzo de 2014
agobio invernal (por Ana Sinapsis Kawabata)
Llueve como ese invierno que tanto duele recordar.
Es un día para comer calzones rotos salados por mis lágrimas,
para leer poemas-del-alma.com
Hasta mi prístino gato me niega el saludo,
¿será porque con la lluvia viene
también el olor a pata?
(saben que solo uso converse)
(saben que solo uso converse)
Llegó la hora de exigir pleitesía a mi séquito
de sus likes depende mi sanidad
así que ya saben ya saben ya
¡Oh, nubes negras!
¡Oh desolación!
Mi ostracismo es tan poético
que merece premiación.
Adiós adiós
nos vemos mañana
en mi nueva d e p r e s i ó n.
sábado, 8 de marzo de 2014
alegatos reprimidos
1. Amigxs, sus fotos de perfil en Macchu Picchu son magníficas, les felicito por encontrar el plano preciso en que no se ven las hordas de turistas sudados subiendo y bajando la escala de la tierra... Saben que en el fondo les tengo envidia.
2. Putas páginas y blogs que atacan con su música -que tanto cuesta desactivar- cuando uno, ingenuo usuario de google, llegó a ellas con el parlante a todo chancho.
3. No hay nada más chulo que esas fotos rosadas, lilas, llenas de flores y/o mariposas celebrando el día de la mujer por fakebook. La gente que las comparte no entendió nada...
Mmm, cuando empecé esto tenía miles de ideas llenas de odio y rencor, pero ya se me olvidaron, así que continuará.
2. Putas páginas y blogs que atacan con su música -que tanto cuesta desactivar- cuando uno, ingenuo usuario de google, llegó a ellas con el parlante a todo chancho.
3. No hay nada más chulo que esas fotos rosadas, lilas, llenas de flores y/o mariposas celebrando el día de la mujer por fakebook. La gente que las comparte no entendió nada...
Mmm, cuando empecé esto tenía miles de ideas llenas de odio y rencor, pero ya se me olvidaron, así que continuará.
viernes, 7 de marzo de 2014
lectura veloz
El otro día conocí a un chico bastante simpático, con el que nos llevamos bien a causa de nuestro común placer por las lecturas ñoñas de fantasía y ciencia ficción. Obviamente, en algún momento de la conversación llegamos al tema de Canción de Hielo y Fuego, que ambos habíamos leído hasta el quinto tomo (el sexto no sale hasta el próximo año, dicen).
Luego de cotejar teorías e impresiones, no sé bien por qué, aunque es una situación común entre lectores, el muchacho comenzó a jactarse de su fanatismo en el hecho de haber leído el quinto libro en dos días.
-¿En dos días? -le pregunté-. No comiste, no dormiste, no hiciste nada más que leer...
-Jeje -respondió-.
¡MENTIRA DE MENTIRAS! ¿Cómo va a haber leído un libro de 1200 páginas en dos días? peor aún: ¿qué sentido tiene? ¿Dónde quedó el gustito por la historia? Lo único que da a entender es que en lugar de comer y saborear, traga como un glotón.
No entiendo ese afán por fanfarronear de cosas como esas, que a mi parecer dan lo mismo. ¿Qué importa el tiempo de lectura? lo divertido es comentar las sensaciones e imágenes provocadas por la obra. Ni siquiera eso, simplemente disfrutarla, individualmente, al menos hasta que te encuentras con otro ñoño fascinado por la misma novela/cuento/saga.
Como siempre, no le di importancia, pero en el fondo de mi mente pensé: ¿por qué, para qué? Debo reconocer que me molesta un poco esa actitud de llevar la idea de competencia al ámbito de la lectura, asimismo como repudio a aquellos que se consideran superiores por leer mucho. De pendejo aprendí que la cosa no iba por ahí, porque a nadie le importaba realmente, pero algunas personas se empecinan en rivalizar a través de cuestiones semejantes. Creo que ese tipo de actitudes no son ningún aporte al fomento lector, al menos.
jueves, 6 de marzo de 2014
hijo de la chatarra
Guardianes de la Bahía me dejó cagado, nunca tendría una novia como esas tetonas que corrían en cámara lenta ¿cómo lo hacían? Mitch Bucanon es un ganador, un modelo a seguir. También sacó discos, dicen que es un fenómeno de masas en Groenlandia, donde el presidente es una foca o algo así.
Salvado por la Campana me enseñó que jamás sería popular, a lo más que podría aspirar es parecerme a Screech... Steech... Stich... cómo se llame, ese pelmazo ruliento. Aunque para ello tendría que comprarme un enrulador, porque mi esposa no me presta el suyo. La verdad no se lo he pedido, pero seguramente pensaría que soy rarito.
No quiero ser rarito, quiero ser un winner, como el Príncipe del Rap, pero me falta negritud. Esta maldita morenidad no me lleva a ningún lado, no tengo estilo. no tengo ropa fluorescente ni tampoco sé rimar para sacar un disco de rap (aunque Will tampoco sabía, y lo más bien que se transformó en un fenomenal hombre de negro, pero claro, es negro).
Ni siquiera puedo parecerme a Luz Clarita, no soy carente ni nada por el estilo, mi infancia fue aburrida y citadina, y tampoco soy rubio ni católico, todo está en mi contra.
Después de ver los Expedientes Secretos X decidí ser agente secreto, para conocer el AREA 51 y todo eso, pero mis papás me dijeron que eran fachos y no me dejaron entrar a los ratis.
No nací en NiuYorc ni en Los Ángeles, sino el el hoyo que es Santiago de Chile. Ni siquiera tuve un auto alguna vez, ¿cómo podría llegar a algún lado? A pata me cansaba, se me ponían hediondos los pies, me daba vergüenza ir a las fiestas con piscina siempre con el mismo traje de baño.
La tele me enseñó que soy un típico chileno, picarón, dicharachero, bueno pa'l copete... pero ni siquiera soy así realmente, hay gente más afortunada. Ni siquiera puedo aspirar a ser un Venegas, porque nunca viví en esos condominios de La Florida.
Me enorgullezco de mi bandera pero me aterran las armas. Lo que más me gusta de mi país es la cultura del murmullo, ¿para qué confrontar a la gente, si la puedes descuerar a sus espaldas? hay que ser práctico...
La tele me crió y ahora soy huérfano.
Salvado por la Campana me enseñó que jamás sería popular, a lo más que podría aspirar es parecerme a Screech... Steech... Stich... cómo se llame, ese pelmazo ruliento. Aunque para ello tendría que comprarme un enrulador, porque mi esposa no me presta el suyo. La verdad no se lo he pedido, pero seguramente pensaría que soy rarito.
No quiero ser rarito, quiero ser un winner, como el Príncipe del Rap, pero me falta negritud. Esta maldita morenidad no me lleva a ningún lado, no tengo estilo. no tengo ropa fluorescente ni tampoco sé rimar para sacar un disco de rap (aunque Will tampoco sabía, y lo más bien que se transformó en un fenomenal hombre de negro, pero claro, es negro).
Ni siquiera puedo parecerme a Luz Clarita, no soy carente ni nada por el estilo, mi infancia fue aburrida y citadina, y tampoco soy rubio ni católico, todo está en mi contra.
Después de ver los Expedientes Secretos X decidí ser agente secreto, para conocer el AREA 51 y todo eso, pero mis papás me dijeron que eran fachos y no me dejaron entrar a los ratis.
No nací en NiuYorc ni en Los Ángeles, sino el el hoyo que es Santiago de Chile. Ni siquiera tuve un auto alguna vez, ¿cómo podría llegar a algún lado? A pata me cansaba, se me ponían hediondos los pies, me daba vergüenza ir a las fiestas con piscina siempre con el mismo traje de baño.
La tele me enseñó que soy un típico chileno, picarón, dicharachero, bueno pa'l copete... pero ni siquiera soy así realmente, hay gente más afortunada. Ni siquiera puedo aspirar a ser un Venegas, porque nunca viví en esos condominios de La Florida.
Me enorgullezco de mi bandera pero me aterran las armas. Lo que más me gusta de mi país es la cultura del murmullo, ¿para qué confrontar a la gente, si la puedes descuerar a sus espaldas? hay que ser práctico...
La tele me crió y ahora soy huérfano.
domingo, 5 de enero de 2014
martes, 23 de abril de 2013
Europa y la Gente sin History Channel, por Eric Lobos
No me entero de marcianos, pero sí de conexiones trans de todo tipo; allá van los esclavos y por acá el Modo de Producción Capitalista, Inglaterra y los indígenas americanos, los indígenas asiáticos, los indígenas oceánicos. Allá se instaló la historia oficial, en los clavitos de las naciones, en la filosofía y en la ciencia. Acá apareció la nueva historia, diversa disciplinarmente, pero como no teníamos tele nadie la vio y siguieron creyendo en la otra, manchada con ketchup y cuya banda sonora se constituye del electro-dancing de moda.
El origen de las Actas Vampíricas Latinoamericanas
En un viaje, de paso por Valparaíso, me reencontré con el gato de mi familia, Cochocho. Nos sentamos a disfrutar del sol que se acerca al ocaso, su calorcito inyectándose en de nuestras pieles, lentamente. Ello era posible porque grandes ventanales nos protegían del viento exterior, permitiendo que la tarde y su agasajo ingresaran en justa medida. En medio de esa modorra, un torrente de imágenes comenzó a discurrir en mi cabeza: vaporosas visiones como expelidas de una tetera hirviente. Vi al gato escribiendo, aprovechando cada momento de soledad (que no eran pocos), escribiendo también debajo de las camas, dentro de los armarios. Sin que nadie se diera cuenta en la casa, Cochocho se había contactado con personas del medio literario y había publicado su primera novela: Biografía-Social de un Vampiro. El éxito del relato lo llevó a planear una trilogía, que por razones comerciales derivó en diez títulos agrupados bajo el nombre de Actas Vampíricas Latinoamericanas. Su carismático protagonista, anti-héroe de más de cuatro mil años, coqueteaba con el bien y el mal desde sus orígenes en la zona andina, anteriores al imperio incaico, específicamente en Chavín de Huántar. Su nombre es Pucara, el vampiro andino. Las imágenes dejaron de sucederse y tuve el rostro de Cochocho frente al mío, con sus ojos pidiéndome no revelar su secreto, pues no estaba dispuesto a pagar el precio de la fama ni el de la ciencia. Entonces el sol se ocultó y nos impregnó la oscuridad.
lunes, 15 de abril de 2013
desconexión
Un hombre esperando su bus en el terminal envía un mensaje de texto a su novia, que se queda en Ainilebu. El envío hace mención del trágico hecho de olvidar sus audífonos, artefacto mediante el cual se aislará de otros seres humanos. Extrañamente, vibra el bolsillo del hombre. Saca el celular rosado de su novia, sorprendiéndose sobremanera. Exaltado, envía otro mensaje de texto a su novia, contándole esta gran anécdota, aunque un poco preocupado de partir con ambos aparatos. Cuando la mano que sostenía el artilugio rosado comenzó a vibrar nuevamente, un terror insostenible e inidentificable lo absorbió por completo. Se provocaron ciertas evocaciones en su memoria, reminiscencias ancestrales, angustias perversas heredadas con su amenaza de permanencia. La soledad, la terrible soledad del abandono, la cruel desconexión a las redes la colapsará, piensa el hombre. Qué dios maligno pudo imaginar un tormento como este, desquiciada expulsión de la colectividad y del binomio con él. Además, sin merecerlo, sólo por jugar amorosamente, introducir la mano del otro en los bolsillos del otro y viceversa, entregarse tan plenamente al placer como para traspasar el celular al otro, prácticamente prestándose la vida en un recreo dulce y frágil, sabiéndose protegido por la confianza mutua. Y ahora, por error, ese amor es Satán, es perderse en un viaje que se inicia desprovisto de certezas para la pareja. No se atreve a subir y el bus se va junto a su obligación de asistir al trabajo que lo requería en el norte. Corre a casa.
Luego de colocar, sin que él se percatara, su celular en el bolsillo del abrigo de él, lo despidió amorosamente. Sus labios fueron húmedos, generosos, y se lo permitieron porque se sabían despedida, se concedieron un deslizamiento y ondulación sincronizada con la otra boca, de un modo puro y final. Apenas el hombre cerró la puerta, ella comenzó los preparativos: mochila, cartera y la caja especial para llevarse a Tuit, el gato de ambos. Ya no queda nada para ella en este lugar, lo que comenzó como comunión se anegó, empantanándose y dejando solo islas pestilentes en el territorio circundante. Incapaz de mantener el contacto un día más, puso en silencio su corazón. Cerró la puerta y se fue.
martes, 9 de abril de 2013
“La Épica de Lucius Jipsterel” (anónimo)
Una obra de aventuras en la época
de los microheroismos. El joven Lucius ha de luchar contra el capitalismo salvaje
manifestado a través de su falta de recursos para adquirir alimentos y
calefacción, por no mencionar la preocupante ausencia de libros y vinilos, cuya
progresión numérica se estancó el día que asumió más responsabilidades adultas.
En su viaje por ignotos territorios de la constreñida urbe funcional que lo alberga y mareas
informáticas del ciberespacio encontrará enemigos acérrimos, tales como la terrible
adicción a las redes sociales, una tautología de la soledad, o el
enfrentamiento al despliegue pornográfico exacerbado en cada dispositivo visual
de los alrededores, virtuales y reales.
"Anónimo se nutre de la literatura postapocalíptica anterior para desperdigar las migajas de la racionalidad occidental en un contexto fantasmal y sórdido" -Ramakrishna Soto, The Nueva Delhi Times.
"Fácilmente uno de los mejores libros del año" -Ne0 1gn4c10 V4L3nt3, el Mercurio de Mercurio.
"Anónimo ha sido llamado el más grande de los grandes, desde la Epopeya de Gilgamesh hasta el Cantar del Mio Cid, pasando por toda la obra de Shakespeare -que como los lectores saben, nunca fue-, sus obras han deleitado a grandes y chicos en todo los países de Tierra Vieja" -The New Earth Library.
lunes, 27 de agosto de 2012
supersónipunks
Pienso en el ignorado drama
que ha de haber sido
(o será)
jugar a la pelota para los supersónicos.
Una simple pichanga y cuántos accidentes,
cuántas caídas al vacío:
cuerpos juveniles
despeñándose
sobre los asalariados
del primer nivel terrestre.
Cuántos seres humanos destrozados
(por no mencionar
a las máquinas descatalogadas)
camino al trabajo, alcanzados
por un pelotazo o la pérdida
del humano equilibrio.
Cuántas esferas incandescentes
bajando desde el firmamento,
reventando contra el
agrietado pavimento.
Allí se pudren masa encefálica,
despojos de pelotas,
tuercas de robots desechados.
Basura que nadie recogerá.
No hay empleados mecánicos
para servir a los del primer nivel;
sólo compañeros de trabajo.
Y ellos, los asalariados,
se ocupan de vivir nomás
en medio del hambre y el crimen,
mientras las viejas cuentan historias
sobre el pasto,
los animales,
los nombres y las canciones.
Mitos sobre los dioses de arriba
y su bondad
y su olvido.
que ha de haber sido
(o será)
jugar a la pelota para los supersónicos.
Una simple pichanga y cuántos accidentes,
cuántas caídas al vacío:
cuerpos juveniles
despeñándose
sobre los asalariados
del primer nivel terrestre.
Cuántos seres humanos destrozados
(por no mencionar
a las máquinas descatalogadas)
camino al trabajo, alcanzados
por un pelotazo o la pérdida
del humano equilibrio.
Cuántas esferas incandescentes
bajando desde el firmamento,
reventando contra el
agrietado pavimento.
Allí se pudren masa encefálica,
despojos de pelotas,
tuercas de robots desechados.
Basura que nadie recogerá.
No hay empleados mecánicos
para servir a los del primer nivel;
sólo compañeros de trabajo.
Y ellos, los asalariados,
se ocupan de vivir nomás
en medio del hambre y el crimen,
mientras las viejas cuentan historias
sobre el pasto,
los animales,
los nombres y las canciones.
Mitos sobre los dioses de arriba
y su bondad
y su olvido.
miércoles, 6 de junio de 2012
Garfil y sus amigos
Sólo por subir algo y no dejar absolutamente botado este espacio, les dejo una de mis primeras obras:
lunes, 13 de febrero de 2012
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