miércoles, 25 de marzo de 2015

maldita química

Hoy desperté abatido, dudando de mi existencia en esta realidad tan charcha. La rabia invadía mi corazón cual Katie Kaboom.


Con dificultad me desenredé de las sábanas, tragué mi huevo a la copa y bebí un té francamente insalubre. Luchando por no sucumbir ante la desesperación, agarré mis zapatillas y partí al gimnasio, al cual no iba hace casi una semana. Luego de una rutina de ejercicios de hora y media me abrí como después de meses esperando dentro de una crisálida de tedio y desesperanza. Así es, yo que tanto pontifiqué sobre la mente, yo que apenas me podía mi cabeza y arrastraba mis pies por los fangosos caminos del intelecto, comencé a exudar endorfinas. Y acá estoy ahora, trabajando de lo más bien, con un futuro prometedor por delante y una mente relajada y lista para escribir, escribir, escribir lo que tengo que escribir.

No todo era tan mental, no todo era tan terrible, sólo faltaba moverse. ¿La gente sabrá de esto? Mi premio esta noche será continuar con mi lectura de Ana Karenina y alguno que otro cómic. Esto es vida señores y señoras.


2 comentarios:

Nomade dijo...

Me acuerdo de la alquimia.

La mente es aire, pero uno necesita tierra que es lo de las sensaciones físicas.
El agua creo que es el sentimiento.
y el fuego la pasión.

Igual estoy chamullando, pero es rico tirarse un chamullo de repente. (el chamullo es madera D: )

Pájaro Verde dijo...

jeje