sábado, 14 de febrero de 2015

Arte y Vida 2

9 de febrero
Me llamó Faisán. Quiere que nos reunamos para mostrarme que las cosas no son como las imagino ¿y cómo sabe él lo que yo imagino, habrá leído mi blog acaso? En fin, quedamos para mañana martes a la entrada del Bellas Artes.

10 de febrero
Nos juntamos con Faisán, estuvimos en el forestal, conocí su casa. Es una caseta de guardia abandonada en un borde del río. No niego que el lugar es acogedor, con los dibujos y versos pegados en todas las paredes, con el par de chales sobre un puf (supongo que eso hará de cama), pero no es lo que imagino para mi amigo. Veo, además, que ahora tiene notebook, así que no tendrá problemas en los cybercafés, me alegro. Dijo que probablemente el otro día me llevé una impresión equivocada, y puede que tenga razón, lo veo bien en este lugar, irradia una energía distinta y, lo más importante, sus textos son excelentes, lo que me genera un poco de envidia. Mi cabeza comienza a divisar algunas ideas.

12 de febrero

Volvimos a vernos con Faisán, esta vez en la plaza ñuñoa. Tenía que pasarme unos libros que me debía (había olvidado mencionar que mi amigo "mueve" libros, es un dealer de la cultura). Luego de la transacción lo invité a fumar un guarisnaque, y buscando un lugar piola recordé un parque por el que solía pasear en mi infancia. Así, pusimos marcha hacia el Juan XXIII (parque de cuatro cuadras bien lindo y cerrado en las noches, lo que no será de menor importancia para lo que viene...), conversando sobre tal autor, tal corriente y una que otra impresión sobre las últimas novelas leídas. Ya intoxicados con los humos de la amistad, compartimos textos y proyectos, reconociéndole en un impulso de honestidad que los suyos eran superiores. Creo que te ha venido bien la independencia, veo mucha inspiración y mucho potencial, creo que seguiré tus pasos y cerraré mi blog (con todo lo que ello implica), le dije. Seguimos paseando por el parque, conociéndolo, observando sus escondrijos, entonces le propuse a Faisán: ¿y si nos venimos a vivir acá? Mira ese árbol, arriba es tan frondoso que nadie se daría cuenta si instalamos una pequeña casa en él. Además, piensa en la seguridad, en el forestal no hay rejas y los pelados andan agresivos con la gente que vive de un modo alternativo. Le di este y otros argumentos, hasta que aceptó. Estoy lleno de ilusiones ahora, si todo sale bien pronto comenzará una nueva etapa de creación desaforada.

2 comentarios:

Nomade dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Nomade dijo...

Nos juntamos con Marciano, lo había llamado para dejar las cosas en su lugar, es decir, para que no quede con ideas erroneas sobre mi vida. Mi sospecha no es mas fruto que de mi intuición de ermitaño, sumamente sofisticada. Y ahí estuvimos, la verdad es que siempre olvido las cosas que hablo con la gente, quizás lo hago a propósito para sentir que vivo en un sueño donde todo se vuelve nebuloso, donde todo es mágico siempre como si cada conversación fuera el vuelo de una polilla narcotizada. Recuerdo que la pasamos bien, hablamos harto de libros, de ideas y proyectos que empezaríamos, y que esperabamos terminar. Entremedio se saca un woody, estaba bueno, refresco mi mente y me permitió encontrar cosas que decir. Así y por alguna razón que desconozco me propuso la idea de vivir en el parque Juan XXIII que era un parque digno de una niñez donde aún no se roban las cadenas de los columpios y los resfalines no estan oxidados hasta convertirse en lija para el trasero de pobres niños ingenuos.
Bien está decidido, nos cambiamos.