lunes, 16 de febrero de 2015

Arte y Vida 3

13 de febrero
Hoy nos instalamos en el Juan XXIII. Llevamos pocas cosas, una mochila de campamento chica cada uno, sacos de dormir, varios libros, calzoncillos y algunas ollas, sartenes, tazas de metal, e incluso un par de copas para dárnoslas de elegantes en momentos de celebración. Para pasar piola hicimos dos viajes, de una mochila cada uno. Fui a la caseta de Faisán y la desmantelamos, todo cupo perfecto en una mochila, excepto sus textos y dibujos, que colocó en un maletín. Tampoco nos llevamos el puf, pero de seguro será la alegría de algún mendigo o vagabunda que se haga con él. Faisán se fue en su bicicleta desarmable llevando su maletín en la parrilla, mientras que yo me llevé la mochila en una micro (no tengo bicicleta). Faisán desaprobó al principio mi uso de la micro, por contaminante y alienado, pero no alegó mucho más después de que me ofrecí a llevar su mochila. Pienso en todas nuestras diferencias y en si vivir juntos será una buena idea... el tiempo lo dirá, la decisión está tomada.

Llegamos al parque, caminamos como distraídos un rato, y mientras no pasaba nadie por nuestro sector escogido subimos al árbol y dejamos asegurada -firme y oculta- la primera mochila. Entonces nos dirigimos a la pieza que yo arrendaba hasta hoy en la tarde, en Ñuñoa. Era un cuartucho nada más, al cual había llegado hace tres años desde Valparaíso, para estudiar un magíster de literatura en la Universidad de Chile. Los estudios me desmotivaron rápidamente: las palmaditas en la espalda y el mecanismo bisagra (agacharse frente al poder), así como el bajo nivel intelectual de alumnos y profesores me aburrieron casi nada más al llegar, por lo que descuidé mis obligaciones, alargando mi estadía más de lo esperado. Ya no tengo intenciones de terminar los estudios, a pesar de la beca que me "obliga" a hacerlo (sino debería pagar una multa monstruosa, pero escaparé de la sociedad y sus números, nunca me encontrarán). Por ello, sólo metí en la mochila mis libros y libretas, un tablero de ajedrez y mi notebook, dejando cuadernos y apuntes académicos tirados en la pieza. Caminamos con Faisán hacia el parque y subimos mi mochila, ya estamos casi listos. Ahora nos pondremos a ordenar, así que mañana volveré a este diario.


14 de febrero
No le conté a Faisán que, finalmente, no cerré mi blog. No estoy seguro de que lo entendería (ni yo lo entiendo realmente), supongo que me interesa dejar algún tipo de registro público por si algo sale mal. Precisamente, la primera noche fue un infierno, los loros no nos dejaron dormir. Al llegar notamos que tenían parte del árbol colonizado, así que en la mañana decidimos echarlos, aunque no logramos ponernos de acuerdo en la forma de hacerlo. Faisán apelaba a un método no-violento, pero yo, que habiendo vivido en la comuna conozco algo de la naturaleza de esas criaturas malévolas, era de la idea de matarlos. Finalmente, él espantó a un grupo con gritos y aleteo de libros, aprovechando el momento en que se alejaran para tomar sus nidos y depositarlos en un árbol vecino. Mi técnica fue más simple y rápida. Bajé del árbol para recoger un buen montón de piedras, volví a subir, saqué mi honda de la mochila y comencé a darles duro a los pajarracos. Rompí cabezas, lastimé cuellos y estómagos, quebré un par de alas y, buena cosa, boté todos los nidos que quedaban en nuestro árbol y también en los vecinos. Faisán se escandalizó un poco, pero le expliqué que un radio de protección era aconsejable en este caso. Tomé su silencio como señal de aprobación, aunque en realidad era complicación, pues mi amigo estaba que se cagaba. Como no pudimos decidirnos por un lugar para convertir en "baño", acordamos hacer detrás de cualquier arbusto y luego botar nuestras deposiciones en los basureros que el parque tiene destinados para ello (para los perros, sí, ¿pero quién podría notar la diferencia?).

La noche de hoy brindamos con un exquisito vino añejado que me robé de la pensión, y comenzamos a planear nuestra primera gran obra de arte en el parque.

1 comentario:

Nomade dijo...

14 de Febrero, nos cambiamos ayer. He estado pensando y no sé porque hicimos esto, fuimos a buscar las cosas de marciano ayer, y yo pensaba en su futuro académico, consideraba que quizás para él era mejor la vida en una casa, mas concentrado, enfocado en sus estudios porque en todo caso se le da bien, a diferencia de mi que me peleo con las fotocopias y termino quemándolas, creo que nunca le conté eso. Yo que soy un ermitaño consumado puedo llevar esta vida, pero a Marciano le hará falta una mujer o algo así, no tiene mi entrenamiento involuntario de asceta metropolitano.

Como sea, creo que es muy creativo y tiene una mente aguda, no como la mía que aunque creativa es mas bien como un caracol, no sé si perezosa, quizás mas misteriosa, algo así.

Sin embargo, marciano tiende a enojarse aveces, por ejemplo le vi tirandóle piedras a unos loros, porque según él no dejaban de hacer ruido. Pensé en decirle que se armonizara con los sonidos del ambiente, pero temí que me llegase un piedrazo. Igual alcancé a salvar a unos cuantos loros de la lapidación Marciana. Bueno será, lo dejaré, supongo que los loros ya cacharán el mote.