viernes, 6 de febrero de 2015

Arte y Vida 1

3 de enero 2015
Mi amigo Faisán cerró su blog. Dice que se aburrió de la virtualidad, quiere crear y difundirse de un modo más concreto, intentando ganar plata en el proceso. Tiene sentido.

17 de enero 2015
Han pasado dos semanas y lo extraño mucho, me reía tanto con sus disparates. Además, era uno de los tres pelagatos que leían mi propio blog, tan botado por estos días. Tal vez debería seguir sus pasos y abrirme a la posibilidad de transformar el arte en vida, cerrar mi blog y perseguir mis sueños.

6 de febrero 2015
Hoy vi a Faisán a lo lejos. Estaba en la esquina de Eliodoro Yáñez con Providencia, sentado mirando pasar los autos y escribiendo algunas cosas en una libreta. Me acerqué para saludarlo, pero apenas el semáforo dio roja se levantó y paró frente a los automóviles detenidos. Comenzó a gritar versos furiosos, pequeños relatos fantásticos que no estaban nada mal, pero que muy pocos pudimos oír a causa del tránsito, los bocinazos y el tráfago general de la ciudad en su hora punta. Poco antes de la luz verde, Faisán se quitó el roído sombrero de copa y pasó junto a las ventanas de los autos pidiendo una colaboración por su trabajo creativo y honesto. Los conductores lo ignoraron sin importarles el ofrecimiento que mi amigo hiciera de un cidí con sus últimas declamaciones. En el intermedio (que ocurría en cada luz verde para los autos) me acerqué a Faisán para saber cómo le iba. Me contó que estaba viviendo en el parque forestal, que estaba vetado de casi todos los cybercafés de la zona a causa de sus griteríos cuando grababa sus discos, pero que pese a todo se sentía pleno. Confundido, le deseé lo mejor, le compré un par de cidís y me fui, pensando en que quizás no cierre mi blog después de todo.

1 comentario:

Nomade dijo...

6 de Febrero, anoto en mi diario algunas ideas y conceptos que me parecen significativos para escribir, mientras espero que el semáforo se ponga en rojo. De repente me siento observado, una mirada un tanto inquisidora. Giro mi cabeza y ¡Si no es mi amigo Pluciano!.
No alcancé a saludarle cuando el semáforo se pone en verde, así que me voy al trabajo. Esta vez y justo cuando me veía Pluciano nadie me dió dinero, quizás piense que me va mal, nada mas lejos de la realidad, lo único que pasó es que en ese momento el publico estaba difícil.

Luego Pluciano se acerca a mi y me compra un cd. Le hará bien escucharlo pienso.

Le digo para que no se preocupe que vivo en el parque forestal, sin embargo se va pensativo. Quizás debí decirle que vivía en una bonita casa cerca del parque y no en el parque mismo, me pasa por no explicarme bien. Además le comenté que me vetaron de los cyber-cafes por que aveces gritaba mis historias, debido a que eran muy emocionantes. Lo bueno es que me compré un notebook y así podré hacerlo en mi casa. ¡Rayos también olvidé comentarle eso!.