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miércoles, 25 de marzo de 2015

maldita química

Hoy desperté abatido, dudando de mi existencia en esta realidad tan charcha. La rabia invadía mi corazón cual Katie Kaboom.


Con dificultad me desenredé de las sábanas, tragué mi huevo a la copa y bebí un té francamente insalubre. Luchando por no sucumbir ante la desesperación, agarré mis zapatillas y partí al gimnasio, al cual no iba hace casi una semana. Luego de una rutina de ejercicios de hora y media me abrí como después de meses esperando dentro de una crisálida de tedio y desesperanza. Así es, yo que tanto pontifiqué sobre la mente, yo que apenas me podía mi cabeza y arrastraba mis pies por los fangosos caminos del intelecto, comencé a exudar endorfinas. Y acá estoy ahora, trabajando de lo más bien, con un futuro prometedor por delante y una mente relajada y lista para escribir, escribir, escribir lo que tengo que escribir.

No todo era tan mental, no todo era tan terrible, sólo faltaba moverse. ¿La gente sabrá de esto? Mi premio esta noche será continuar con mi lectura de Ana Karenina y alguno que otro cómic. Esto es vida señores y señoras.


viernes, 13 de marzo de 2015

Secretos de una investigación

En un afán por dar a conocer aspectos generalmente omitidos, ignorados o, incluso, ocultados del trabajo investigativo, nos proponemos compartir con la alegre multitud que nos sigue (3 gatos locos) los secretos del desarrollo de una tesis:

Estación de Trabajo 

Caos Teórico-Metodológico

Ejercicios de Meditación efectuados por el tesista

esta historia continuará
(al menos hasta entregar el borrador final)

lunes, 19 de enero de 2015

aforismo inútil (infringiendo copyright)

Escribir la tesis en verano es igual a un académico en calzoncillos.

(Un académico en calzoncillos no suena muy académico, pero está bueno eso, es como decía un amigo: hay que leer a Borges en el baño, cagando, para desacralizarlo. En fin, es en calzoncillos y no desnudo para evitar llenar de sudor las superficies que albergarán mi peludo trasero).

martes, 9 de septiembre de 2014

atracción al vacío

No hay forma de evitarlas, se ha vuelto una práctica cotidiana deshacerse de ellas. Con regularidad llegan estas visitantes a apoderarse de él, que siempre se vio tan solo, que se consideró vacío. Pero ahora ellas, insistentes, vienen con la pretensión de instalarse en su centro. Alrededor de su ser ha crecido un frondoso bosque que favorece las inmiscusiones y la instalación de las forasteras permanentes. Una invasión diaria en un espacio inerme del cuerpo, un lugar receptivo por excelencia - ¿Tendrán algo de responsabilidad mis vestimentas, mis ropajes? 

No hay caso, las pelusas en mi ombligo se han vuelto cosa de todos los días. Y aprendí a quererlas, las tomo delicadamente con mis dedos, soplo y las invito a volar. Mientras flotan por la habitación reflexiono en torno a mi centro, percibiendo que no es tal. Nos asemejamos, las cosas, los cuerpos y las filosofías llegan, me atraviesan y luego siguen su camino. Me iré como llegué, vacío, pero mientras tanto conservaré este precario equilibrio entre asentarse y sostenerse en el aire, como ellas.

miércoles, 19 de marzo de 2014

ternuras cotidianas


-Sabís que siempre que veo ese monito, que está al lado de Persépolis, me acuerdo de ti.

-[risas] ¿por qué?

-Porque es como tú.

-[silencio]