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martes, 12 de julio de 2016

réplica política

I

En un futuro no muy lejano, una mente retorcida con ínfulas de cambio social realizó lo impensable, lo prohibido. Años de estudio en universidades norteamericanas y europeas, múltiples proyectos financiados con fondos estatales y cátedras en distinguidas universidades del globo le otorgaron el conocimiento y el dinero necesario para el experimento de su vida... de nuestras vidas.

David Arnés siempre fue distinto, se interesaba por el mundo exterior más que sus compañeros, fue activo políticamente en sus tiempos de estudiante sin que ello menoscabara su desempeño académico. Algunos creían que eso era sospechoso, aduciendo supuestas artimañas del joven David para pasar sus cursos, pero la verdad es que su cabeza simplemente era capaz de eso y mucho más. Así el estudiante fue pasando sus cursos pero también participando en el centro de alumnos de su escuela y, eventualmente, en la federación de su universidad, militando por la izquierda. Sus orígenes no eran precisamente humildes, pues su familia tenía un par de propiedades y una situación bastante deseable, sin embargo David siempre fue consciente de sus privilegios y si los utilizó fue para el bien común.

Fueron pasando los años y David se convirtió en un reputado experto en ingeniería genética. Obviamente, seguía pendiente de la situación política de Chile, por lo cual participó en diversas marchas realizadas en la ciudad de Santiago. Allí conoció a Gabriel Boric, un joven al cual comenzó a admirar por su entereza y altura de miras ideológica. Se hicieron amigos y en muchas ocasiones Boric fue a cenar a casa de David, en tertulias con otros personajes del mundo científico y político. Una noche de conversaciones álgidas y licores fuertes se quedaron ambos conversando en el sillón, frente a la estufa toyotomi.

-Gabriel, debería haber más como tú -se atrevió a decirle el doctor Arnés.
-Gracias, David. Me podrías clonar -respondió Boric, apurando su copa de vino.

Las risas no se hicieron esperar, aunque por dentro David Arnés no se reía tanto, más bien comenzó a sopesar las posibilidades. Al despedir a los últimos invitados se puso a buscar y halló lo necesario: un cabello de Gabriel Boric.

II

Instituto de Estudios Genéticos de la Universidad Nacional
Transcripción del registro oral del polémico discurso del premio de Ciencias 2022, don David Arnés Pizarro, en su premiación:

Buenas tardes a todos y todas. Me siento bendecido por el conocimiento, este premio es un reconocimiento a mi ardua labor como investigador que sólo busca lo mejor para su país. Quizás sorprendí y molesté a muchos cuando cloné al perro Julio en Valparaíso (un animal muy querido por los habitantes del Cerro Alegre y Concepción) pero el tiempo me ha dado la razón. Muchos se molestaron también cuando cloné a Cosita, el perro de Paulina Nin, señalando que me había vendido a la farándula. A aquellos yo les digo: qué lance la primera piedra quién no ha trabajado en algo reprochable para poder continuar con su labor (o simplemente para comer). La señora Nin me pagó cuantiosamente por el trabajo y gracias a ello pude desarrollar el experimento que hoy pienso presentarles: años de trabajo en las sombras verán la luz esta noche. 

Para nadie es un secreto que tengo intereses políticos de justicia social e igualdad de género, por lo cual uno de mis referentes (y amigos) más importantes es el recientemente elegido senador Gabriel Boric. Intereses comunes nos han unido durante años en una amistad que hoy pienso homenajear presentándoles a ustedes los últimos resultados de mi trabajo: he clonado a Gabriel Boric. He hecho 14 versiones de él, 7 masculinas y 7 femeninas, para que haya uno de ellos en cada una de las regiones de nuestro país. Mi objetivo es que en cada territorio se genere un trabajo político que permita transformar a Chile en una nueva experiencia izquierdista latinoamericana.


[El discurso se vio interrumpido en este punto a causa de desmanes provocados por el público asistente a la ceremonia]


Continuará

lunes, 4 de mayo de 2015

El Ferrocarril, por Lucinao Benetón Leivalef

La industrializada nación mapuche tiene supremacía económica sobre el otrora esplendoroso reyno de Chile. Vencidos por su primitivismo tecnológico, gran parte de los chilenos son empleados como mano de obra migrante en el proyecto de construir un tren que irá desde Antofagasta hasta Chiloé. La idea, proveniente de empresarios industriales de la federación indígena, genera cambios insospechados entre las masas de desplazados al sur del continente, en las postrimerías de un siglo XIX alternativo. Mediante una galería de pintorescos personajes como John Panguilef, Rosalía Catricheo, William Wheelwright III, Natascha Clastres y Felipe Ríos se nos narra polifónicamente la historia oculta del comienzo, desarrollo y declive del proyecto ingenieril más ambicioso jamás perpetrado por el pueblo mapuche.

"Primer tomo de la bella trilogía del Inkarrí cósmico, que plantea la reposición del Tahuantinsuyo a escala planetaria. Esta parte es la única que transcurre en sudamerica, de allí su importancia" (Neoduardo Galeanox-15, Revista Y¡? de Artes, Letras y #%/\*)

"Gracias a este libro entré en el género del tecno-rock-trova-sintética con una propuesta conceptual respetuosa de los pueblos originarios de Tierra-1" (Bíktor Jarra, músico uraniano)

domingo, 3 de mayo de 2015

Crónicas de Chuchunco, por L. B. Leyva

Una aventura fantástica en un escenario postpostindustrial. El abandono de Chuchunco, ciudad minera cuyo esplendor económico y cultural ha terminado estrepitosamente, obliga a sus antiguos habitantes -tanto seres humanos como criaturas fantásticas- a valerse por sí mismos en la hipermegalópolis Ikitas. En esta gran ciudad, capital global de un planeta tierra diezmado a causa de su economía salvaje, los chuchunqueños propondrán un tipo de resistencia simbólica de nuevo cuño, que hará temblar los cimientos discursivos del orden social imperante.


"L. B. Leyva ha creado el Cyber-Ultra-Hiper-Punk de corte primitivista con toques de Space Opera en sus orígenes pulp. Crónicas de Chuchunco es el evento literario del siglo XXII" (Wi11i4m Fau1kn3r III, The Moon Times)

"Un cruce entre Las Uvas de la Ira y Ghost in the Shell" (Ne0 1gn4c10 V4L3nt3, el Mercurio de Mercurio)

"Lo leí, no tiene lógica alguna. Sin embargo, es entrete"
(Multivac, amo y señor de estos parajes cósmicos)

lunes, 20 de abril de 2015

¡Buenos días Vecino! Una etnografía absurda de la humanidad

De casualité, buscando trabajos viejos para reciclar y terminar un encargo académico-mercenario, me pillé con esta obra del año 2010, escrita por el capitán Kurtz Anunaki [con un par de plagios entre medio]. Sin más preámbulos, hela aquí:



sábado, 31 de enero de 2015

2055: una odisea corporal (III parte)

Despiertas. Estás apoyada en un portón, magullada y adolorida tanto física como mentalmente. Tus ropajes están llenos de sangre seca, los recuerdos de la violencia se agolpan en tu mente, estás inimaginablemente cansada. La ira te inunda y juras venganza, mientras tanto caminas, exploras el lugar donde te dejaron esos cerdos. Sobre el portón dice: "San Joaquín. Comuna de los inviables". Al principio no entiendes, pero pronto tus dudas se disipan, ves a los tullidos caminando y/o arrastrándose por las infectas calles del vecindario, niños a los cuales faltan brazos o piernas corren hacia ti para pedirte dinero. Te libras de ellos y cojeando entras a un restorán, "El pollo zapallo". Allí está lleno de viejos paralíticos ebrios y drogados, no te prestan la más mínima atención hipnotizados por la pantalla plana de 80 pulgadas ubicada sobre el bar. Las noticias son escalofriantes: se demostró científicamente la inutilidad de los campos de re-educación. Los internos serán exterminados a las 0:00 hrs., es decir, esta misma noche. 

Piensas, tu familia o lo que queda de ella está allí, tienes que hacer algo. Te hierve la sangre, deseas destruir a los que mandan en esta ciudad de porquería. En medio de tu desesperación vuela una muleta y la pantalla estalla en peligrosos y cortantes pedazos. El loco que la lanzó no entiende nada, fuiste tú la que lanzó el fierro ortopédico, eres tú la que está levantando -a su manera- a todos los tullidos. Eres tú de nuevo, has recuperado tus poderes mentales, te eriges en líder de un grupo de renegados, de un ejército de discapacitados, como los llama el gobierno.



* * *

En la sede de gobierno están preocupados, nadie entiende cómo los inválidos han podido llegar tan lejos, ya se acercan a la moneda, están a sólo dos cuadras, los tanques no pueden con ellos, por cada muerto aparecen diez nuevos monstruos, son imparables. Y tú estás detrás de todo, tú les das la fuerza, tu rabia ilimitada les da la energía para llegar hasta la entrada, donde los espera el capitán que ya conoces.


-Vamos a entrar -dices, con calma, como si el destino del Estado-Nación no dependiera de ello.

-No lo creo -responde el capitán-. Ya nos has dado muchos problemas, es hora de acabar contigo.
-O contigo -dices desafiante, haciéndote a un lado para dejar pasar a tu ejército, que a muletazo y bastonazo limpio acaba rápidamente con el capitán que tanto daño te hiciera el día de hoy, el día de tu nacimiento. 

No habías pensado en ello, en todo lo que ha pasado tan rápido, en lo que has tenido que vivir, pues de haber nacido y sido criada en un ambiente menos hostil podrías haberte convertido en un dios o una diosa, en alguien lleno de bondad, un aporte positivo a la humanidad. No fue así, te lamentas, sin embargo las cosas cambiarán, lo quieran los demás o no. 
En ese momento el Capitán-General en su bunker subterráneo, inundado por el temor de tu llegada, da la orden definitiva. Se lanza una bomba nuclear que acabará con toda la vida en dos kilómetros a la redonda. La ves caer, viene hacia ustedes, gritas.


¡BUM!

Despiertas. No sabes cómo, en el último momento, tu mente volvió a viajar. Te rodea el metal anti-nuclear, estás en el bunker del Capitán-General, pero ¿dónde está él? Miras a un espejo y te das cuenta: ahora eres él.



[continuará]

lunes, 26 de enero de 2015

Revelación de Silver Surfer (Estela Plateada para los picantes [Surfista de Plata para los más picantes])

Hace años que trabajo para mi jefazo Galactus. La paga no es mala, para qué andamos con cosas, sin contar el beneficio personal que saco de negociar con las naciones de los planetas alimenticios de mi amo. Pero las cosas no son cómo las pintan las historietas infantiles que la mayoría de ustedes disfruta. Me explico:

Casi todo el personal en Tierra cree que Galactus, el devorador de mundos, destruye totalmente los planetas de los cuales usufructa, pero no es tan así, no señores. Sucede que diversos planetas albergan nutrientes distintos, y a veces el antojo es sólo de minerales, organismos vegetales o, incluso, vida consciente. En este último caso es cuando las cosas se ponen más interesantes, porque el amo no es una bestia sin corazón que devora mundos a lo loco, oh no, nada de eso. Don Galactus es un gentleman interplanetario y negocia con calma los pasos a seguir para conseguir una comida decente en este absurdo cósmico. Ahí es cuando entro yo, su representante legal y maestro de los pactos alimenticios: si el míster necesita su buena cuota de vida consciente para nutrir su cuerpo energético -digamos, uno o dos continentes atiborrados de personas- yo me reúno con los líderes políticos del mundo en cuestión, para acordar los términos del negocio. En general otorgamos algunos adelantos tecnológicos a las aventajadas naciones a cambio de un continente subdesarrollado, que es uno de los platillos favoritos de mi amo. A veces, hay planetas muy desarrollados en los cuales no existe ni la pobreza ni el hambre, en esos casos la negociación es más compleja y debemos hacer competir a las naciones por nuestros adelantos, las cuales se enfrascan en guerras fratricidas que casi siempre tienen como consecuencia el fin de ese planeta a manos de una hecatombe nuclear, lo que está muy bien porque al jefe le encantan los platos asados o ahumados.

Cuando las necesidades nutricias de Galactus apelan a la vida vegetal o a lo mineral, también negociamos con los líderes, por ejemplo: toda la madera de su planeta a cambio de las ecuaciones necesarias para los viajes estelares. Así, míster G se alimenta de madera mientras cientos de naves surcan el sistema en busca de nuevas aventuras, qué inocentes. Luego mi jefe, con el humor que lo caracteriza, clava las ingenuas naves en su anticucho cósmico y disfruta de algunos aperitivos antes de nuestra siguiente parada.

En fin, creí menester aclarar estas cosas, puesto que se nos achaca ser unos salvajes depravados hambrientos de mundos pletóricos de vida. Quizás somos hambrientos, pero somos decentes.

Una selfie del jefazo (cada día más guapo)

lunes, 12 de enero de 2015

2055: una odisea corporal (II parte)

Sales rápidamente de la habitación, caminas por un pasillo blanquecino mientras a tus espaldas aumentan los gritos y las correrías de quienes hallaron el cuerpo destrozado del médico que insultó a tu madre. Antes de salir del edificio ingresas a la base de datos desde un computador abandonado a causa del alboroto, encuentras allí la dirección de tu madre: José Arrieta #10.300. Costó pero encontraste el lugar, ubicado en la parte alta de la ciudad, sitio preferido por quienes ostentan estilos de vida alternativos. En la entrada una cinta de seguridad policial te pone en guardia, algo sucedió aquí, la puerta está desmarcada y astillada. Gritas y no aparece nadie, un par de vecinos se asoman tímidamente desde sus ventanas, no te dicen nada, se esconden tras las cortinas. Entras y te das cuenta que el lugar está destrozado. Un niño aparece bajo los escombros de lo que fuera un invernadero, te saluda alegremente:

-¡Hola tía! Estaba mirando nomás.
-¿Qué pasó aquí? -preguntas, llena de dudas y temiendo lo peor.
-¿Cómo, no cachó el operativo? -responde el niño, con un gesto de curiosidad y desconfianza en sus ojos.
-¿Qué operativo? No sé nada, sólo venía a ver el lugar del cual proviene... provenía mi madre. -Ahora sí que tus pensamientos son funestos, esto no puede ser nada bueno.
-Ah, vinieron los pacos po, apalearon a todo el mundo y se los llevaron detenidos, de ahí hicieron pebre el lugar, dijeron que era un antro de perversión.
-¿Y nadie hizo nada?
-Sipos, claro que hicimos, aplaudimos la limpieza que hicieron. Ahora el barrio se libró de esos jipis cochinos... eso dice mi mamá por lo menos.

Con profunda tristeza exploras el lugar, hasta que por descuido tropiezas con un madero y te tuerces el tobillo, quedando coja. El dolor físico es algo nuevo para ti, lo experimentas con asombro. Estas levantándote cuando llega la fuerza pública, cuyo superior te mira con odio y se aproxima amenazante a ti. Te levanta de un tirón, te empuja, nota tu cojera y te encierra en la camioneta. Has sido tomada por otro miembro de la comunidad y tus gritos no surten efecto alguno en el accionar primitivo de la policía.

-Se había escondido la perla, ahora va a ver lo que es bueno -se jacta el superior-. Está rica igual la jipona, ¿y si hacemos una paradita antes de llevarla a donde pertenece?

Los demás oficiales celebran la iniciativa de su superior, saben que les tocará una parte del "botín". El superior abre la puerta trasera de la camioneta e ingresa a la cárcel-móvil. Con rostro sereno te mira y procede a darte una bofetada que te tira al suelo.

-¿A dónde me llevan? -preguntas atragantada en tu propia sangre, el golpe te ha roto el labio inferior.
-Usted tranquila, mamita. La devolvemos a su comuna, llena de tullidos y horriblidades como usted. Pero antes nos va a hacer un favorcito...
-¿Qué favorcito? ¿Dónde está mi familia, dónde están los demás?
-¿Los jipis esos eran su familia? Fueron llevados a distintos campos de re-educación. Ya debería saber que la independencia ideológica está penada por la ley. Debemos acoplarnos a las formas de vida promovidas por el Capitán-General.
-¿Capitán-General?
-¡Sshhh! ¿Naciste ayer? En ese caso, le vamos a enseñar un par de cositas sobre el ser mujer -dice el capitán con gesto malicioso. Luego procede a desnudarte con violencia, palparte, aferrarte, penetrarte: violarte.

Nunca imaginaste dolor semejante. En vano tratas de despegar de tu cuerpo, tal cómo habías hecho al salir del tanque, tal vez poseer a algún oficial, apoderarte de su fuerza bruta y matarlos a todos. Por una razón desconocida ya no tienes la capacidad de hacerlo y debes aguantar en este cuerpo mujeril las horribles vejaciones a las que se te somete por algo de dos horas, luego de lo cual pierdes el conocimiento.

[continuará]

viernes, 9 de enero de 2015

2055: una odisea corporal (I Parte)

Despiertas. Estás dentro de una especie de tanque vital, nadando en caldos primarios que irrigan vida a tu organismo. No recuerdas cómo llegaste aquí, aunque en realidad te das cuenta que no importa. El espacio es reducido, pero lo exploras lentamente. Al girar te das cuenta que un cable une tu estómago con el tanque. Lo tomas en tus manos y comienzas a visualizar lo que está fuera de tu territorio: el mundo exterior. Al principio es difícil, hay mucha luz y esta te daña los ojos, poco acostumbrados a la luminosidad artificial del lugar en que te encuentras. Lentamente las formas se van definiendo, el firmamento es blanco, hay otros seres a tu alrededor, acostados, quejándose, durmiendo, observando una pantalla estruendosa y resplandeciente. Sin soltar el cable piensas en irte de allí y creas un efecto en el contenedor, que comienza a moverse. Descubres piernas, brazos, te levantas de la cama, te afirmas de los objetos que encuentras en tu camino y avanzas, cruzas un umbral, luego otro y ya estás fuera del edificio. Hace un día claro de cielo grisáceo como el piso que tus nuevos pies van aplanando ¿pero son tus pies? Sigues dentro del tanque y lo habías olvidado, al parecer te hiciste con el control del mismo. En la calle te inunda una extraña diversidad de colores, presente en las vestimentas y construcciones, así como en pantallas centelleantes. Como si eso no fuera suficiente para aturdirte, los chirriantes sonidos de la calle te desorientan al punto de atravesar descuidadamente una avenida y ser arrollado, sueltas el cable y vuelves a la seguridad del tanque, que se bambolea peligrosamente y te hace girar, golpeándote varias partes del cuerpo con su contorno, para finalmente perder el conocimiento.

Despiertas. Estás dentro de una especie de tanque vital, nadando en sintéticos caldos primarios que irrigan vida a tu organismo. Algo atontado dejas pasar los minutos mientras figuras borrosas se mueven de un lugar a otro en el exterior. De pronto recuerdas, buscas el cable y no lo encuentras, estás encerrado sin más remedio, comienzas a gritar. Las figuras se acercan a ti y reconoces las siluetas de seres como los que conociste en tu vida anterior. Sus voces son claras, aunque no las entiendes:


-¡Cómo llora, doctor! Pobre chiquillo. Ni siquiera estar listo para nacer y ya encontrarse solo en el mundo.

-Tampoco le esperaba un futuro muy prometedor, le recuerdo que la madre era drogadicta.
-Tengo entendido que vivía en una comunidad ecológica...
-Sólo formaba parte de un grupo de vagos, hijos de familias ricas con ínfulas de diversidad y ambientalismo. Una tropa de maniacos sexuales y toxicómanos, entregados a orgías diarias bajo los efectos del opio y psilocibes.
-Aún así, pobre guagua...
-Su loca madre tiene la culpa, intentó escapar y pagó el precio. Por la guagua no te preocupes, el Estado se encargará de su educación. Será un individuo útil para el desarrollo de nuestra sociedad.

Mientras las voces suben y bajan su frecuencia no dejas de gritar y lloriquear, te afirmas del vítreo contenedor que te alberga y éste explota en el acto, dirigiendo todas sus partes quebradas al pecho del hombre. La mujer que lo acompañaba, que ahora ves con claridad, grita desesperada, se acerca para tocarte, preocupada de tu bienestar, pero al palpar tu piel tu cuerpo se desvanece y te confundes, pues ahora estás mirando la camilla y buscando con tus manos algo que no está allí. Nuevamente controlas un cuerpo, y parte de la mente de su antigua dueña ha quedado contigo: ahora el lenguaje es tuyo. Logras comprender la conversación que hubo sobre ti y ello te permite decidir tu próxima acción: irás a la comunidad de la cual tu madre provenía.


[continuará]

viernes, 22 de agosto de 2014

Trabajo de campo en Punkeke I

-¿Ya llegó el etnólogo?
-Sí, comandante.
-Tráiganlo inmediatamente.

Dos soldados escoltaron al joven profesional a la oficina del comandante Bowi. El lugar era lúgubre, con cinco lánguidas pantallas que transmitían tanto el trabajo en la refinería como en los primeros sembradíos de palta. Hasta ahora las plantaciones sólo se estaban instalando en la región de Akratarka, aunque el plan era extenderse por todo el continente en menos de un año. Por eso el trabajo de Croox era importante, debía convencer a los lanapunk renegados de reinstalarse en Eizazie en poco tiempo. Y en Akratarka había al menos dos comunidades nativas, su trabajo debía comenzar de inmediato.

-Bienvenido a Punkeke, Hanzi Croox.
-Comandante Bowi, es un honor haber sido seleccionado para esta…
-Sí, pasemos un poco de las formalidades, por favor. Usted sabe para qué fue contratado y lo mejor sería que empiece cuanto antes. Mañana a primera hora se le facilitará un aerodeslizador para que se acerque a las comunidades. Creo que no es necesario recalcarle la importancia de su labor.
-Pero no sé manejar…
-No se preocupe, lo acompañará Maixiam, una joven lanapunk que trabaja con nosotros en la refinería. A pesar de ser aborigen es bastante decente, lo ayudará con el idioma y cualquier dificultad que tenga con los nativos de Akratarka.
-Gracias señor, haré todo lo que esté a mi alcance.
-Espero que esté a la altura de las circunstancias. Tengo entendido que se graduó con honores de la Universidad de Antares.
-Sí, bueno…
-No se hable más. Tiene un mes estándar para efectuar el convencimiento y el traslado de los lanapunk de la región, cuento con usted.
-Gracias señor.

Hanzi fue escoltado por los dos guardias hacia su habitación en la base, un cubículo con olor a desinfectante, una cama y un velador con una bola de luz sobre él. Se echó sobre la cama y sacó su pantalla de texto para leer un rato antes de dormir. Estaba releyendo la etnografía de los lanapunk escrita por el Doctor Fabius Cocq hace 250 años: “Alegría y Rebelión: los lanapunk de Punkeke”. En ella se describe una sociedad ecologista e igualitaria, muy distinta a las descripciones de los informes que le facilitaron los milicos. Dejaron la cagada, piensa Hanzi, mientras se desabotona la camisa para acostarse. No durmió muy bien, tuvo un sueño algo alborotado en el cual subía un médano infinito. A medida que avanzaba veía como los demás escaladores se iban rindiendo, llenándose el camino de cadáveres que eran prontamente cubiertos por la arena. No era una carrera, sin embargo lo estaba dando todo por llegar a la cima, donde lo esperaba una tranquila seguridad. La cumbre ya estaba cerca, con un brillo abrumador. Sólo quedaban dos escaladores, él y una criatura de varias patas que, aunque nebulosa, tenía un hocico con colmillos de los cuales chorreaba sangre fresca. El bicho se detuvo y lo miró directamente a los ojos, entonces se acercó a él en un instante y le mordió el pecho, del cual borbotó sangre y estrellas. Hanzi despertó sobresaltado, prendió la bola de luz y miró su reloj, aún quedaban 3 horas para la partida, aunque ya era mejor prepararse.

Luego de vestirse y arreglar su bolso se dirigió a la sala común para desayunar. Tomó una de las bandejas y fue a sentarse a una de las mesas que estaba vacía, pues no tenía ganas de intercambiar palabras con nadie. Iba en la mitad de su bebida proteínica cuando una figura espigada se sentó frente a él. Era alta, casi esquelética, con un pelo rojo levantado en puntas.

-Hola, ¿tú eres el famoso etnógrafo que viene a engrupirse a los lanapunk? ¿No te da vergüenza venderte así al Cardumen?
-Hanzi Croox, etnólogo, ¿con quién tengo el gusto? –respondió él, intentando disimular su rabia, con dificultad. Como si necesitara que le recordaran lo despreciable de su trabajo.
-Maixiam, empleada de clase 3 en la refinería –respondió ella, con un gesto burlón-. Supongo que no soy quién para reprocharte nada, soy una yanaukuanay.
-Y mi nueva asistente, por lo que me dijeron.
-Pues sí, pero no creas que eso te dará algún tipo de ventaja con los akratarkianos, me odian.
-¿Cómo paras tu pelo? –preguntó Hanzi, tratando de bajarle el perfil a la conversación, aunque sinceramente interesado en la fisionomía lanapunk. Las ocho puntas rojas eran por lo menos el doble de largas que su cabeza, sin embargo se veían bastante firmes.
-A pura voluntad –dijo ella, sonriendo-. No es una moda, ¿sabes? Nacemos así.
-Lo sé, sólo intentaba…
-Relájate compañero –dijo, interrumpiendo las lánguidas palabras de Hanzi, palmeando su espalda con una fuerza desmedida que lo hizo tambalear y derramar un poco de su bebida-. Lo mejor es que termines pronto tu desayuno, nos conviene partir antes de que se asome el primer sol, es largo el camino hacia Tootoot. Te espero en la nave, puerta 3265, ¡Xao!

Ya llevaban una hora de navegación cuando el primer sol del sistema en el cual se encontraba Punkeke asomó por el este. Maixiam conducía concentrada mientras Hanzi revisaba sus notas, en parte sacadas del libro de Cocq, en parte de los informes militares suministrados por el comandante Bowi. La alegre economía ecológica de los lanapunk sufrió una transformación profunda desde que llegaron las milicias del Cardumen, hace tan sólo 20 años. Al menos en Akratarka poco queda de las aldeas autosustentables con sus casas arborescentes. Ahora las residencias lanapunk de los territorios “independientes” se ubican en malogrados bosques y complejas redes de túneles subterráneos. En las ciudades-colonia no es así, más bien proliferan los edificios de hierro y madera, aunque también se hacen algunas techumbres con hojas de la recientemente introducida mega-palta modificada genéticamente.

-Yo nací por aquí –dijo Maixiam.
-¿En Zona 21-K? –Acababa de ver el letrero con la cifra pasar velozmente a su lado.
-Sí y no. Antes de ser plantación se llamaba Pejijep, era un bosque atravesado por un río. Vivíamos sobre tremendos baoboas, teníamos escalas, puentes y hasta sistemas de ascensión  y descenso mediante poleas para quien lo necesitara.

Ahora es plantación atravesada por un regadío, pensó Hanzi con amargura. -¿Qué tan lejos nos encontramos de Tootoot? –dijo para cambiar de tema. No estaba realmente interesado en la vida de Maixiam. Intentaría generar una cierta comunicación entre las comunidades y los intereses del Cardumen, pero evitaría cualquier cercanía sentimental con los nativos. Regla número 1 de la etnografía planetaria, pensó, no establezcas vínculos sólidos con nadie, de lo contrario perderás objetividad. Claro, como si la objetividad fuera algo más que servir a los intereses del poder.

-Estoy revisando mi pad. Calcula unos 400 kilómetros todavía, pero vamos bien, podríamos detenernos para comer algo antes de continuar –respondió Maixiam, sin mostrar indicios de haberse ofendido por el desinterés de Hanzi. Antes de la ocupación militar, la cultura homogeneizante del Cardumen no había logrado penetrar en la libertaria mentalidad de los lanapunk. Los pads fueron introducidos luego de la invasión, devastando la inteligencia y el poder crítico de las generaciones más jóvenes, aunque también desplegando un potencial creativo a través de la apropiación que algunos lanapunk hicieron de los productos foráneos ofrecidos a través de las curiosas pantallas. Esto es más bien un pobre consuelo, pensó Hanzi. La cultura originaria de Punkeke fue prácticamente desmontada, obligando a los sobrevivientes de la masacre a asimilar las formas de vida promovidas por el Cardumen. El pad, introducido en el cerebro de todos los individuos del Cardumen mediante una cirugía obligatoria, se ocupa de infoxicar a los usuarios de la Red, con noticias de guerra, terrorismo, crímenes y, sobre todo, de la farándula transplanetaria. La información accesible varía de planeta en planeta, los poderes del Cardumen se encargan de dosificarla cuidadosamente y de bloquear ciertas redes, para debilitar el poder organizativo de los nativos.

continuará

miércoles, 6 de agosto de 2014

Extracto del Diario de Hanzi Croox

Los lanapunk vivían en paz. No eran muy activos, una que otra artesanía, una que otra revolución, pero nada muy concreto. Al contrario de lo que piensa el vulgo, no eran rancios, más bien se trataba de una cultura mística y naturista, de políticas anarkoveganas y de creencias budistorockeras. Las formas de los lanapunk son ambiguas, humanoides, sí, pero de todas formas y géneros. Desarrollaban sus vidas en aldeas ecológicas autosustentables. Entre apocalípticos e integrados se logró establecer un precario equilibrio que, tras 4000 años de paz, demostró no ser tan precario. Pero todo eso cambió cuando llegó el comandante Bowi con su ejército de chacales, transformando la superficie del planeta, haciéndolo productivo para integrarlo a la Red de Mundos (también conocida como el Cardumen). Miles de naves surcaron los cielos de Punkeke, con ellas destrucción, lanzamiento de bombas, despojo de aldeas, violaciones y los tristemente típicos excesos de la guerra. ¿Pero puede llamarse guerra a esta masacre? Los apaleados sobrevivientes lograron resistir en medio del desastre, de la peste, comiendo basura, inyectándose drogas, mientras los soldados de Bowi, con sus pelucas victorianas, engrillaban al que pillaban y lo introducían dentro de la máquina, haciéndolos parte del engranaje invasor, creándoles necesidades insólitas, formas de vida inimaginadas, integrándolos a las colonias como la clase más baja: sirvientes y proletarios, mano de obra prácticamente esclava.

Quienes lograron escapar del descalabro invasor crearon comunidades subterráneas donde el alcohol y las drogas discurrían como los ríos de desechos que los circundaban. Así, su cultura derivó en una variante autodestructiva, callejera, pestilente, descascarada y malograda. Pero aun quedaban huellas de las viejas creencias y la semilla revolucionaria se plantó en el corazón de la resistencia en los tiempos en que llegué a Punkeke. Yo estuve ahí en tiempos del desorden, lo vi todo con mis seis ojos, hace muchos años atrás. Fui enviado por el Ministerio de Asuntos Aliendígenas, dependiente del gobierno central del Cardumen, para negociar con los pocos nativos que se resistían a la implementación del proyecto 37Z. Éste consistía en la reubicación de los sobrevivientes no asimilados en el satélite más grande de Punkeke, Eizaziedonde se estaba preparando una comunidad artificial -aunque debería llamarse más bien campo de concentración- capaz de satisfacer sus necesidades básicas, al menos por un tiempo. Todo esto era necesario para transformar el planeta en una mega plantación de paltas, cosa de satisfacer las insaciables necesidades de la Red en esas lindes de la galaxia.

La de Punkeke fue mi primera experiencia de trabajo luego de titularme de la Universidad de Antares. Si bien fui reconocido como uno de los mejores estudiantes que la escuela de Etnología-Cósmica había cobijado, yo me sentí siempre un engaño. Nunca se me hizo difícil aprender lo que aquellas infectas pantallas de texto me obligaron a memorizar, pero rara vez sentí una motivación real para hacerlo. Creo que estudié esta carrera a causa de mis gustos eclécticos, no por un activismo político ni algo por el estilo. Si bien no estaba de acuerdo con las atrocidades que el Cardumen llevaba a cabo para seguir expandiéndose por el universo, nunca había hecho nada para ir en contra de lo que entonces pensaba como el devenir natural de nuestra especie. Hasta que llegué a Punkeke.

Continuará

martes, 9 de abril de 2013

“La Épica de Lucius Jipsterel” (anónimo)

Una obra de aventuras en la época de los microheroismos. El joven Lucius ha de luchar contra el capitalismo salvaje manifestado a través de su falta de recursos para adquirir alimentos y calefacción, por no mencionar la preocupante ausencia de libros y vinilos, cuya progresión numérica se estancó el día que asumió más responsabilidades adultas. En su viaje por ignotos territorios de la constreñida urbe funcional que lo alberga y mareas informáticas del ciberespacio encontrará enemigos acérrimos, tales como la terrible adicción a las redes sociales, una tautología de la soledad, o el enfrentamiento al despliegue pornográfico exacerbado en cada dispositivo visual de los alrededores, virtuales y reales.

"Anónimo se nutre de la literatura postapocalíptica anterior para desperdigar las migajas de la racionalidad occidental en un contexto fantasmal y sórdido" -Ramakrishna Soto, The Nueva Delhi Times.

"Fácilmente uno de los mejores libros del año" -Ne0 1gn4c10 V4L3nt3, el Mercurio de Mercurio.

"Anónimo ha sido llamado el más grande de los grandes, desde la Epopeya de Gilgamesh hasta el Cantar del Mio Cid, pasando por toda la obra de Shakespeare -que como los lectores saben, nunca fue-, sus obras han deleitado a grandes y chicos en todo los países de Tierra Vieja" -The New Earth Library.

lunes, 27 de agosto de 2012

supersónipunks

Pienso en el ignorado drama
que ha de haber sido
(o será)
jugar a la pelota para los supersónicos.

Una simple pichanga y cuántos accidentes,
cuántas caídas al vacío:
cuerpos juveniles 
despeñándose
sobre los asalariados
del primer nivel terrestre.

Cuántos seres humanos destrozados
(por no mencionar 
a las máquinas descatalogadas)
camino al trabajo, alcanzados
por un pelotazo o la pérdida
del humano equilibrio.

Cuántas esferas incandescentes
bajando desde el firmamento,
reventando contra el
agrietado pavimento.

Allí se pudren masa encefálica,
despojos de pelotas,
tuercas de robots desechados.
Basura que nadie recogerá.

No hay empleados mecánicos 
para servir a los del primer nivel;
sólo compañeros de trabajo.

Y ellos, los asalariados,
se ocupan de vivir nomás
en medio del hambre y el crimen,
mientras las viejas cuentan historias
sobre el pasto,
los animales, 
los nombres y las canciones.

Mitos sobre los dioses de arriba
y su bondad
y su olvido.