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martes, 12 de julio de 2016

réplica política

I

En un futuro no muy lejano, una mente retorcida con ínfulas de cambio social realizó lo impensable, lo prohibido. Años de estudio en universidades norteamericanas y europeas, múltiples proyectos financiados con fondos estatales y cátedras en distinguidas universidades del globo le otorgaron el conocimiento y el dinero necesario para el experimento de su vida... de nuestras vidas.

David Arnés siempre fue distinto, se interesaba por el mundo exterior más que sus compañeros, fue activo políticamente en sus tiempos de estudiante sin que ello menoscabara su desempeño académico. Algunos creían que eso era sospechoso, aduciendo supuestas artimañas del joven David para pasar sus cursos, pero la verdad es que su cabeza simplemente era capaz de eso y mucho más. Así el estudiante fue pasando sus cursos pero también participando en el centro de alumnos de su escuela y, eventualmente, en la federación de su universidad, militando por la izquierda. Sus orígenes no eran precisamente humildes, pues su familia tenía un par de propiedades y una situación bastante deseable, sin embargo David siempre fue consciente de sus privilegios y si los utilizó fue para el bien común.

Fueron pasando los años y David se convirtió en un reputado experto en ingeniería genética. Obviamente, seguía pendiente de la situación política de Chile, por lo cual participó en diversas marchas realizadas en la ciudad de Santiago. Allí conoció a Gabriel Boric, un joven al cual comenzó a admirar por su entereza y altura de miras ideológica. Se hicieron amigos y en muchas ocasiones Boric fue a cenar a casa de David, en tertulias con otros personajes del mundo científico y político. Una noche de conversaciones álgidas y licores fuertes se quedaron ambos conversando en el sillón, frente a la estufa toyotomi.

-Gabriel, debería haber más como tú -se atrevió a decirle el doctor Arnés.
-Gracias, David. Me podrías clonar -respondió Boric, apurando su copa de vino.

Las risas no se hicieron esperar, aunque por dentro David Arnés no se reía tanto, más bien comenzó a sopesar las posibilidades. Al despedir a los últimos invitados se puso a buscar y halló lo necesario: un cabello de Gabriel Boric.

II

Instituto de Estudios Genéticos de la Universidad Nacional
Transcripción del registro oral del polémico discurso del premio de Ciencias 2022, don David Arnés Pizarro, en su premiación:

Buenas tardes a todos y todas. Me siento bendecido por el conocimiento, este premio es un reconocimiento a mi ardua labor como investigador que sólo busca lo mejor para su país. Quizás sorprendí y molesté a muchos cuando cloné al perro Julio en Valparaíso (un animal muy querido por los habitantes del Cerro Alegre y Concepción) pero el tiempo me ha dado la razón. Muchos se molestaron también cuando cloné a Cosita, el perro de Paulina Nin, señalando que me había vendido a la farándula. A aquellos yo les digo: qué lance la primera piedra quién no ha trabajado en algo reprochable para poder continuar con su labor (o simplemente para comer). La señora Nin me pagó cuantiosamente por el trabajo y gracias a ello pude desarrollar el experimento que hoy pienso presentarles: años de trabajo en las sombras verán la luz esta noche. 

Para nadie es un secreto que tengo intereses políticos de justicia social e igualdad de género, por lo cual uno de mis referentes (y amigos) más importantes es el recientemente elegido senador Gabriel Boric. Intereses comunes nos han unido durante años en una amistad que hoy pienso homenajear presentándoles a ustedes los últimos resultados de mi trabajo: he clonado a Gabriel Boric. He hecho 14 versiones de él, 7 masculinas y 7 femeninas, para que haya uno de ellos en cada una de las regiones de nuestro país. Mi objetivo es que en cada territorio se genere un trabajo político que permita transformar a Chile en una nueva experiencia izquierdista latinoamericana.


[El discurso se vio interrumpido en este punto a causa de desmanes provocados por el público asistente a la ceremonia]


Continuará

viernes, 30 de octubre de 2015

sobredosis de melissa

Esta es la historia del feo durmiente. Como ya lo indica el título, su drama se debe a que tomó mucha melissa. Se excedió a causa de querer descansar en paz, quedarse dormido sin problemas, sin esos saltos espasmódicos, sin la constante preocupación por su pulso, sin los temblores nerviosos que lo aquejaban hace semanas.

Por eso se tomó todas las pastillas que venían en el paquete, ese que venden en la Knop con 60 cápsulas (en realidad eran hartas oye, se fue en la mansa volá). Y esa noche no le costó dormir, lo que lo habría hecho feliz si se hubiese despertado al otro día y recordado la facilidad para caer en los dominios de Morfeo. Pero sigue cayendo, cayendo y cayendo en el abismo, pasando de un sueño a otro sin despertar, a pesar del miedo, la alegría e, incluso, la excitación generada por algunos de los ellos. De hecho, uno de los primeros fue de miedo, con un bicharraco parecido al Babadook. Ello lo hizo saltar, despertando a su polola, que dormía junto a él. Esta lo trató de hacer reaccionar y no lo logró, pero como luego se calmó no le dio mayor importancia, aduciendo la situación al "sueño culiao pesao de este güeón". 

Librado del Babadook, el feo durmiente se internó en un parque iluminado donde halló unos gorilas y unos monitos que lo hicieron reír con sus volteretas. Vestían ropas humanas y paseaban perros, incluso había esculturas de monos en las fuentes. ¡Estoy en el planeta de los simios! gritó él, despertando de nuevo a su polola, que esta vez se molestó y lo zamarreó y bien zamarreado, aunque nuevamente sin resultado. Enojada fue a buscar agua para tirarle en la cara, pero mientras lo hacía el joven pasó a otro sueño, en el cual Jessica Rabbit se desnudaba para él, provocándole una erección sumamente intensa que no pasó desapercibida a su polola cuando volvió con el vaso. Aprovechando la oportunidad de venganza por una noche de mal dormir, tiró el agua sobre su miembro, lo que para su sorpresa no lo despertó, sino que lo trasladó a un nuevo sueño en el cual flotaba en medio del océano pacífico, sin tierra a la vista.

La joven finalmente se preocupó y decidió llamar a una ambulancia, pero como no se sabía el número llamó a los pacos, para que la derivaran. Con la empatía y sutileza que los caracteriza, no entendieron la gravedad del asunto, recomendándole que dejará al cabro dormir la mona mejor, ya mañana despertaría con un dolor de cabeza que lo haría pagar por sus pecados. Nadie fue a buscarlo entonces y llegó el nuevo día, con su luz radiante y el canto de los pájaros saliendo de sus escondites, pero sin el despertar del muchacho.

Nunca despertó, sin embargo vale la pena mencionar cómo terminó siendo conocido en todo el país por el nombre de "Feo durmiente". Sucede que luego de un día entero sin reaccionar la joven llamó a la familia del chico para que la ayudara. Los padres del durmiente lo llevaron rápidamente al hospital, donde le fueron administrados múltiples exámenes que confirmaron la sospecha de todos: estaba muerto cerebralmente. La ley les prohibió desconectarlo del respirador artificial hasta que, luego de tres años de lucha en tribunales, se le otorgó el permiso de desconexión a la familia. Para sorpresa de todos ello no tuvo efecto alguno en la vida y sueños del muchacho. Nunca necesitó del soporte vital y el descalabro del presupuesto familiar fue vano. La noticia se extendió rápidamente por diarios de corte popular y redes sociales, con el hashtag #elfeodurmiente. Cabe destacar que antes de dormir el joven no era feo, pero tres años más tarde su semblante era calavérico, por decir lo menos. La familia estaba pensando en qué demonios hacer con el muchacho cuando apareció en la puerta de su casa una ejecutiva, representante del espectáculo de fenómenos itinerante que acompaña al circo de Las Tachuelas Humanas, que les hizo una jugosa oferta por el cuerpo dormido del joven.


Mientras tanto los sueños no cejaban y se sucedían interminablemente en una espiral infinita de dolor y alegría. Sin saberlo, los sueños tenían que ver con lo que sucedía en el mundo exterior y sus luces de neón, el griterío de los niños y el rugir de los animales en cautiverio como él. Las pesadillas comenzaron a tener preponderancia, causando estremecimientos constantes en el joven. Toda la situación causaba profunda tristeza a la Tony Canaria, payasa retraída que, influenciada por una película infantil, decidió besar al feo durmiente. Lo hizo en la noche, en secreto, en medio de la oscuridad y el sordo ronquido de los animales en sus jaulas. El joven no despertó, pero sí acusó recibo del beso con una erección. La payasa no se amilanó, sino que lo desvistió, se desvistió y recostó junto al feo, hallando un lóbrego placer en la cercanía de sus dos cuerpos solitarios y ajenos a la sociedad. Cada noche desde entonces lo hizo de igual manera, pasando un par de horas en el silencio y el calor de la compañía corporal, en la fantástica soledad solidaria. Antes del amanecer volvía a su pieza, se tomaba una pastilla de melissa y dormía hasta el mediodía, feliz de compartir el desamparo, mientras él, también por unas cuantas horas, era capaz de descansar realmente, sin temblores, sin miedos, solo en el silencio.

jueves, 24 de septiembre de 2015

NO LOGO

La enemistad se venía fraguando desde hacía tiempo. Cuando llegué a aquel lugar me di cuenta enseguida de las miradas cómplices de algunos, los murmullos, las risas disimuladas. Al principio pensé que la tensión tenía que ver conmigo, por ser tan distinto a todos los demás, así que decidí no ponerle atención al asunto. Luego, mi permanencia en el lugar fue perfeccionando mi capacidad de observación. Con el tiempo noté ciertas recurrencias, ciertos grupos cerrados entre los asistentes de la mañana y de la tarde. Incluso cierto cromatismo predominaba dependiendo del o la sujeta y su grupo de aliados, siempre con un elemento fluorescente como parte clave de la vestimenta: gafas, muñequeras e incluso, recurso supremo, calzado de última generación. Precisamente, a pesar del parecido general, todos se afanaban en defender las más nimias diferencias, en un intento de personalizar sus experiencias. 

Yo era un bicho raro, sin adscripción, e iba diariamente a lo mío, más por desafío personal que por formar parte de la cofradía allí presente. Mientras tanto, el aire se podía cortar con un cuchillo y yo no me daba cuenta de ello. Todo esto lo puedo contar ahora, años después, porque he reconstruido la historia mediante mis recuerdos y la literatura periodística de ese entonces, interesada en desentrañar el misterio detrás del desmesurado acto acaecido en el recinto.

Esa mañana comenzó como cualquier otra: me levanté, lavé la cara, preparé un plato hondo de cereales y mientras esperaba que mi digestión diera el vamos me vestí con la tenida apropiada para mis propósitos. Salí del departamento y fui recibido en la ruidosa avenida por un cálido sol primaveral, lo que me llenó de la energía necesaria. Llegué al lugar y rápidamente comencé mi ronda diaria. El sol me había energizado pero también atontado, y por error dejé una pesa sin utilizar en una zona poco recomendable. Yo ya estaba tres máquinas más allá cuando escucho un grito agudo, capaz de transmitir plenamente la aflicción de quien lo profería. Como andaba sin lentes no vi bien, pero noté que un grupo de personas se agrupaba en torno a la máquina que yo había utilizado hace un rato. Me acerqué para ver qué sucedía. Un hombre bajo pero con una gran musculatura y apretada polera de un azul fluorescente imprecaba a otro, alto y también musculoso, con gafas oscuras -a pesar de encontrarse bajo techo y con luz artificial- y vestido de rojo fluorescente.

-¡¿Qué hiciste, imbécil?!
-Nada hueón, para qué dejai ahí la hueá vo'
-Yo no dejé nada, ¡mira cómo está la Pili!

Y vaya, la Pili estaba mal, tirada en el piso y gimiendo mientras se acariciaba el pie. La pesa olvidada había caído en su extremidad mientras trataba de montar otra pieza en la máquina. Vi que se sacó las zapatillas y, horror, tenía los dedos quebrados. Al momento de la revelación se sintió un suspiro ahogado de estupefacción entre los presentes. Desde ese momento ya nadie entendió razones, el joven de rojo se lanzó sobre el de azul, rodaron por el piso y empujaron a otro hombre, bajo y musculoso también, que cayó sobre una chica vestida de azul eléctrico. Otros jóvenes, hombres y mujeres, se metieron en la pelea, defendiendo a sus amigos. Y en ese momento lo entendí todo, podía observar que la acción era puesta en marcha por dos grupos en pugna, ¿cómo no lo había visto antes? Ahora parece tan claro... No me quise quedar para ver el final de la pelea, además yo era el anónimo culpable de la disputa. Me fui a mi departamento veloz, un poco preocupado por lo sucedido, aunque con el pasar de las horas fui restándole importancia y a la noche ya me parecía una anécdota irrisoria.

Mi relajo tuvo un serio revés cuando con mi pareja vimos las noticias de medianoche, en las cuales se informó de la carnicería perpetrada en un céntrico establecimiento de la ciudad. La reportera no podía esconder su desconcierto por los hechos que narraba. Seis personas murieron a causa de las rencillas entre bandas rivales y otras 13 quedaron sumamente heridas. Sí, ese fue el día de la famosa matanza del gimnasio, el enfrentamiento mortal entre quienes usaban nike y aquellos que usaban adidas. Antes de ese día no me había dado cuenta de la importancia que las marcas tenían entre los otros usuarios del gimnasio, pues siempre lo consideré un marcador de clase y estilo que francamente no me interesaba. El fenómeno mediático que acompañó al suceso propició la aparición de defensores y detractores de la ropa de marca, generando una de las polémicas culturales más candentes del año 2015.

Nunca más abrieron el gimnasio, por ahí leí que detuvieron a sus dueños. Ahora ya no existe. A pesar de que en ese lugar todo el mundo me desagradaba la culpa me carcome. Me cuesta dormir, tengo ataques de pánico. Pero más que culpa tengo rabia de que me pasen estas cosas. Con lo que me costaba de por sí ir al gimnasio y paf, lo cierran. Lo tomé como una señal de que el ejercicio no es para mí y aquí estoy, en mi casa, lejos de las marcas, libre de verdad en este encierro, viendo tele y metido en internet todo el día: Navegar é preciso; viver não é preciso.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

qué sería de mí sin los remedios...

Llevaba seis meses sin trabajo, con el estrés diario de pagar las deudas y conseguir alimento para mi hijo, de 2 años. De repente mi cabeza hizo crac y me llevaron a la psiquiatra. Esta me dijo que para mejorarme debía consumir ciertos medicamentos apropiados para mi estado actual. Lamentablemente, ya me endeudé yendo a su consulta, pensar en adquirir los medicamentos son palabras mayores, así que me puse las pilas y encontré trabajo. Pasó un mes y recibí mi primer sueldo, que no era mucho pero estaba bueno para ir tirando, con mayor tranquilidad, aunque la receta médica se había vencido. En todo caso ya me sentía mejor, tenía trabajo y mi vida emocional estaba en armonía, pero de todas formas volví a la consulta y todo mal, al parecer estoy negando mi enfermedad, he bloqueado mi malestar, de repente voy a explotar y mi cabeza va a hacer paf, que es mucho más grave que crac. Entonces me dio otra receta y fui a la farmacia, rapidito, asustado de que me venga el paf justo ahora que todo pinta tan bien. Allí me dieron el mentado medicamento que tanta falta me hace, en palabras de la doctora. Fueron pasando los días y me puse un poco lerdo, primero boté algunos vasos, luego pasé de largo tres semáforos en rojo, arriesgando a mi familia, que quedó muy asustada y preocupada por mí. No se preocupen, que me estoy medicando, todo va a estar bien, eso dijo la doctora. La semana siguiente me quedé dormido y no llegué al trabajo hasta las doce del día, entonces mi jefe amenazó con echarme si aquello se repitiera. Pasaron un par de meses y noté que estaba gordo, había subido 15 kilos en muy poco tiempo, cómo es que nadie me avisó. También algo sucedía con mis estados de ánimo, sin explicación estaba iracundo, reaccionando exageradamente ante cualquier broma de mi mujer e hijo, llegando incluso a la violencia física. A los tres meses ya estaba solo, mi familia me abandonó y además perdí mi empleo, pero mi nuevo peso me parece saludable (siempre me acusaron de flacura crónica, ahora soy un gordo normal) y todavía me quedan pastillas, así que por lo menos de la cabeza estoy bien, eso sí, gracias doctora.

sábado, 23 de mayo de 2015

El sueño de los niños

El niño estaba solo. Frente a él, un camino largo y sinuoso, una carretera borrosa a causa del calor, un horizonte indefinido. Empezó a caminar, un pie tras el otro, una sed tremenda. La carretera no lo llevaba a ninguna parte, tampoco tenía a dónde ir. La angustia comienza a apoderarse de él, bañado en sudor se pone a correr. Despierta. Era sólo un sueño, su hermana duerme en la cama de abajo, se escucha su calma respiración. Sus padres deben estar en su pieza, así que va hacia allá: no están. La cama está hecha, nadie durmió aquí, vuelve la angustia. 

–¿Papá? ¿Mamá? –pregunta a la oscuridad, no se le ocurrió prender alguna luz, la iluminación proveniente de la grúa del edificio de enfrente es suficiente, las siluetas de los muebles bastan para delimitar la ausencia. Comienza entonces una búsqueda desesperada, no estaban debajo de la cama ni en el clóset, tampoco en el baño, menos en el otro baño (que usan de bodega). Va al living: nada tampoco, debajo de la mesa, detrás del sillón, sólo pelusas y silencio. Perdiendo un poco su sentido de la realidad va a la cocina, abre todos los cajones y nada, abre el refrigerador y no hay más que comida (qué espeluznante pudo haber sido hallarlos ahí). Y es en ese momento en que, envuelto en la más absurda angustia, levanta el citófono y grita: ¡MAMAAAAAÁ!

Luego de su ardua pero infructuosa búsqueda, decidió despertar a su hermana y hacerla partícipe de sus miedos, del nuevo sino que ambos han de enfrentar juntos. 

–Mariela, despierta. –La hermana abre los ojos con sorpresa, la simple y diáfana expresión de sorpresa de cuando un hermano despierta a otro sin razón aparente en medio de la noche, sin siquiera sospechar la nueva vida que se avecinaba en el horizonte. Hernán puso a su hermana al tanto de los acontecimientos con una sólida frase: 

–Los papás nos abandonaron. –Ella abrió los ojos como platos, aunque no lloró. Probablemente no es capaz de darse cuenta de la magnitud de nuestro drama, pensó él–. Vamos a tener que ir a los pacos a dar aviso de que nos dejaron botados. Por suerte la comisaría queda cerca, como a dos cuadras nomás. Vamos mañana en la mañana. Seguramente tendremos que irnos a vivir donde la abuela. –Le decía Hernán para consolarla, dándoselas de líder ahora que estaban solos. Dependía de él mantener la tranquilidad–. Veamos tele mejor, mañana se va a arreglar todo.

Prendió el televisor de 14 pulgadas y al tiro apareció la cara de Droopy con su característica felicidad. Por suerte estaban colgados al cable, sino cómo habrían aguantado la larga espera hasta el amanecer, momento en que recién podrían hacer algo al respecto de su precaria nueva situación. Y tan bien que había comenzado el día, como cualquier otro en realidad, colegio en la mañana y luego, una tarde de tele y juegos. Un día viernes común y corriente, gritándole a los maestros que trabajaban en el edificio de enfrente las groserías que la Gina les soplaba.

–¡Pelao’ guata de sandía!, ¡No tenís poto!, ¡valís callampa! –gritaban muertos de risa Hernán y Mariela, mientras la nana disfrutaba de lo que en verdad era una cruzada personal para molestar al Johnny, su pololo. Se conocieron así, a grito limpio, piropos para acá, puteadas para allá, un odio que pronto derivó en atracción. Ese viernes habían estado pinchando a la entrada del edificio en construcción (que desde hace cuatro meses estaba monopolizando más y más la vista desde la terraza del departamento donde vivían los hermanos), mientras Hernán y Mariela jugaban pac-man 3D en los flippers que se instalaron en uno de los locales comerciales al lado de la obra.

Luego pasaron a la carnicería, por estricta orden de la mamá de los niños. 

–Hay poca plata, así que vas a tener que jugártela, Gina –le dijo a la nana. 
–Claro, aprovéchense de mi sex appeal –respondió ésta. No podía ser de otro modo, era una mujer grande y curvilínea, no tenía la cintura pequeña pero sus amplias caderas y busto le otorgaban un extraño poder sobre los hombres del barrio. Ir a la feria con ella era un espectáculo, nunca faltaba el casero baboso que le regalara la compra de frutas o verduras. La familia se aprovechaba de esto, haciendo rendir mucho mejor el presupuesto mensual. 

Pero todas estas cosas quedarían atrás, rastros de una vida pasada. Mariela se quedó dormida, Hernán no pegaría un ojo esa noche, su cabeza iba de un lugar a otro: nuevos hogares, nuevos colegios, nuevos barrios. No le gustaba el de su abuela, lo encontraba raro, una vez un niño amenazó con pegarle a pito de nada. Prefería quedarse acá, estaban al lado de la plaza, abajo había una librería y varios restoranes, el colegio estaba cerca. Era un buen lugar, ¿por qué todo tenía que ser tan injusto?

Lloraba en silencio, resignado al cambio, cuando sintió las llaves en la puerta. Se levantó rápidamente y se paró bajo el marco de la puerta de su pieza, frente a él el pasillo y la puerta de entrada. Sus padres ingresaron al departamento muertos de risa, cuchicheando abrazados y, claramente, pasados a trago. Prendieron la luz del living y se quedaron quietos, extrañados al ver a su hijo mayor despierto a las tres de la mañana.

–¿Hernán, qué haces levantado? –le preguntaron, algo divertidos de verlo ahí.
–Me desperté y no había nadie, pensé que nos habían abandonado, hasta grité por el citófono.
–¿En serio? Me pareció escuchar algo –mintió su madre, mientras se acercaba a él, mientras lo abrazaba y tranquilizaba–. Estábamos abajo, en el Café del Parque. Salimos un rato nomás.
–¿Pero cómo nos dejan solos a esta hora, no ven que es peligroso?
–¿Por qué habrá salido tan fatalista este cabro chico? –dijo el papá a la mamá, riéndose. Finalmente todos se acostaron en una apacible tranquilidad, las cosas seguirían igual. Esa noche el padre también soñó con una carretera solitaria, luego con sus deudas y después con el nuevo edificio del frente, que cubrió para siempre los atardeceres.

lunes, 9 de marzo de 2015

Arte y Vida 7

28 de febrero
Hoy fue nuestro gran día. Entre el jueves y viernes arreglamos todo, Dana nos ayudó a conseguir algunos de los materiales necesarios, ¡se ha pasado! Desde que nos conocimos no ha dejado de venir al parque en las tardes, hemos conversado harto y nos ha empujado a efectuar nuestra primera gran obra de importancia: una performance en el anfiteatro del parque Juan XXIII. Lo alistamos todo para esta tarde, a las 19 hrs., momento en que cambió la historia del arte en Chile.

Resulta que en los dos días precedentes nos dedicamos a repartir panfletos invitando a una obra de teatro fantastma en el parque: "Mefistófeles el Miserable". Dana se encargó de promocionar el evento en las redes sociales. No creímos que nos darían tanta bola, pero daba igual, aunque fueran pocos los asistentes, presenciarían un evento de trascendencia capital. Cuando ya estaban todos ubicados en sus asientos de piedra (las abuelitas llevaron cojines, por suerte) comenzamos: Faisán salió a escena desnudo, sólo con una caja en la cabeza y una banda presidencial cruzando su pecho. Luego, Dana que nos ayudaba como tramoya lo roció desde arriba con pintura, roja, blanca y azul. Faisán gritaba como un condenado, declarando la muerte de Dios, su resurrección y su muerte otra vez, por todos los días hasta que el universo se contrajera. Entonces aparecí yo, con cabeza y alas de pájaro y me estrellé contra el escenario. Con las alas rotas, comencé a declamar:

Se acabó la esclavitud, somos libres, nadie tiene que pensar nunca más. Vengan, entren a mi red social [mientras tanto Faisán lanzaba mouses y pendrives de cartón al público], prediquen sus opiniones, ofrezcan sus verdades prístinas, miren, miren y miren las imágenes, ellas son sus nuevos padres, ellas son sus nuevos dioses [Entones Faisán gritó, mientras hacía girar su cabeza de caja, que en cada cara tenía dibujado un meme famoso:] Mírenme, soy un meme, soy la luz, soy la crítica social, soy el intelecto actual, soy el discurso de las mayorías, soy el ingenio y el amor, soy mamá y papá [Dana, convenientemente parapetada tras un biombo con forma de F, se dedicó a lanzar consignas tales como: ¡Me gusta!, ¡Toque!, ¡Tuit!, ¡Post!, ¡Compartir, compartir, compartir!, mientras yo, aún disfrazado de pájaro, me bañé con un balde de pintura azul y comencé a bailar desenfrenadamente, convulsivamente. Faisán continuaba:] Soy la libertad de expresión, soy el microfundamentalismo, soy el fascismo de la era digital, soy el rey y la reina del desfalco, soy yo, yo, YOOOOOOOOOOOOO.

A esas alturas el público ya estaba escandalizado. Muchos se habían retirado con sus hijos, asustados, otros nos miraban divertidos. De pronto una voz gritó: "¡Están locos, quémenlos!". Nos empezaron a lanzar latas de cerveza, chorreando el escenario y al poco público que quedaba. No nos importó demasiado, ya habíamos terminado, la gente tendría de qué hablar mañana. Más gritos sucedieron al primero: "¡Háganlos cagar, allá está el árbol!" En ese momento temí, porque reconocí la voz, era Vero. Poco después de la interrupción de les cerdepunks llegaron los pacos. Con Faisán y Dana corrimos al árbol, sólo para descubrir que estaba quemándose junto a todas nuestras posesiones. ¡NOOOOOO! gritó Faisán, al hallar su piedra, negra entre los restos de lo que fueran nuestras cosas. Nunca lo había visto tan rabioso, buscó con la mirada a algún cerdepunk y con una puntería asombrosa lo golpeó con la piedra -el cadáver de su querida mascota- en la cabeza, desmayando al niño-niña en el acto. Asustado por lo que hizo, nos impulsó a correr, lo que hicimos sin parar hasta encontrarnos en la plaza Ñuñoa. Allí tomamos agua, nos lavamos la cara y recuperamos el aliento ¿qué haríamos ahora? Dana ofreció su casa para que pasáramos la noche, así que acá estamos ahora, excitados y asustados por lo sucedido.

1 de marzo
Dormimos en el departamento de Dana. En las noticias mencionaron nuestra performance y la cagada que quedó después. Hubo entrevistas a visitantes del parque, unos celebraban y otros reprobaban la acción, algunos incluso dijeron conocernos, aunque luego se arrepintieron porque los pacos y los ratis nos andaban buscando para interrogarnos, así que se los llevaron a declarar. Nos enteramos de que le cerdepunk golpeado con la piedra estaba hospitalizado en el Calvo Mackenna, ¡era un pendeje de 13 años! Faisán se paseaba de un lado a otro de la habitación, arrepentido de su accionar, sumamente preocupado por el destino de ese ser despreciable. Lo tranquilizamos diciéndole que sin duda merecía el golpe, al fin y al cabo destruyeron nuestro hogar. "No creo que pase a mayores, dijeron que era tec cerrrado, lo tienen en observación nomás, luego lo quieren internar en el psiquiátrico eso sí", dijo Dana, que estaba más pendiente que nosotros de las noticias. 

Nos alegró que en la sección cultural del noticiario artistas como Papas Fritas y Diamela Eltit celebraron nuestra osadía. Intelectuales como Gastón Soublette declararon nuestra poética como un acontecer de aire fresco y agua clara en la árida escena cultural chilensis. Estábamos siendo ovacionados y admirados por artistas que respetamos, pero también estábamos siendo buscados por la policía ¿qué nos deparará el mañana?

jueves, 26 de febrero de 2015

Arte y Vida 6

23 de febrero
Mi compadre Faisán decidió tener una mascota, por lo que adoptó una piedra que encontró en su Cerrillos natal, cuando fue a visitar a sus padres. "No hay que alimentarla, vacunarla ni limpiar sus suciedades: es la mejor mascota. Sin embargo, me gusta acariciarla", me dijo. No sé si estará medio loco o el arte y la performance ya corren de modo irreversible en sus venas. Es simpática la piedra en todo caso, a veces me quedo con ella en el árbol y en realidad es buena oyente, eso no se puede negar.

Luego del chasco con les cerdepunks me aboqué totalmente a la creación espontánea con Faisán (salimos de repente en las noches a rayar muros cercanos con frases tales como: "Creer para ver"; "No haremos el amor, Elmer lo hará"; "¿Quién necesita huiros si tiene alas para volar?"; o mi favorita "el trabajo dignifica, pero el echarse es trascendencia segura"). Nuestras marcas ya se están repartiendo por la ciudad, eso me alegra, pero no deja de preocuparme la promisoria obra maestra ¿qué será, qué será? ¡inspiración, ven a nosotros!

25 de febrero
Hoy conocí a una chica en el parque. Se hace llamar Dana, porque es fanática de los X-Files. Me cayó bien -yo también preferí siempre a Scully en desmedro del impetuoso y exaltado Mulder-. Apareció de repente, me retó cuando estaba haciendo una inscripción en un árbol del primer sector del parque, luego nos pusimos a conversar y me contó que era bióloga molecular y trabajaba dando clases en la universidad de chile. Eso me llamó la atención debido a su juventud ¿habrá tenido que luchar contra los apernados perros rabiosos que pueblan todas las universidades de este país? 

Le expliqué a Dana un poco de qué iba el asunto de marcar los árboles (no sé en realidad qué dije, porque todavía está por verse la finalidad de eso) y no la convencí demasiado. Sin embargo nos reímos un rato y quedamos de vernos en el futuro. Me pidió el feisvuk para contactarnos. Se sorprendió cuando le dije que no tengo, pero le di el blog y prometió visitarlo. Igual me da vergüenza que lea mis estrafalarias tribulaciones, e incluso me da más vergüenza que lea que me da vergüenza, pero lo hecho hecho está, ya tiene mi dirección. No me creyó que viviera en el parque, eso me divirtió, a veces cuesta imaginar que la gente tome opciones de vida como esta, supongo. Nos despedimos con un beso en la mejilla. La vi alejarse mientras sostenía su número telefónico en mi mano. 

He vuelto a enamorarme en menos de una semana, le dije a Faisán, que algo había visto desde la privilegiada perspectiva de nuestra casa en el árbol. Me dijo que lo tomara con calma -¡como todo para él!-, pero se alegraba de que conociera y planeara juntarme con una chica más normal y no con esas pestes (sic) de les cerdepunks. No sabía que le caían tan mal, comenzó a narrarme un montón de situaciones en que se había encontrado con elles, cual más incómoda y asquerosa. Ahora entiendo lo enojoso que fue para él que realizaran su performance en el parque. Los recuerdos activaron viejos odios, así que para calmarlo saqué las dos cervezas artesanales que tenía guardadas para sorprenderlo, y entre brindis de amistad le prometí que esta semana haríamos algo único en algún punto clave de la capital, cosa de ganar un espacio olvidado y comenzar a granjearnos un nombre entre la chusma.

martes, 24 de febrero de 2015

Arte y Vida 5

17 de febrero
El día de ayer no fue productivo. Intenté declamar algunos poemas en la esquina de Andrés Bello con La Concepción, en el puente, pero me fue bastante mal. Sin duda Faisán tiene un don que yo no poseo, bien por él, mal por mí. Pensar en eso me amargó un poco la tarde, sumándose la sensación a mi malestar de la mañana anterior, al recordar ese turbador sueño. No puedo creer que mi mente esté haciendo esto. Se suponía que huir del destino social familiarmente predeterminado me liberaría, pero no hago más que atribularme con mi nueva realidad y las extrañas emociones que la acompañan. Mi cuerpo es un amasijo de deseos y contradicciones.

Salí a comprar algunos alimentos porque Faisán me alegó no ponerme con algo a pesar de tener beca. Le dije que no hueviara, que guardaramos esa plata para la obra, pero como no me fue bien en el semáforo le tuve que terminar haciendo caso. Lo que me preocupa es que sólo me queda un mes de beca, puesto que será cancelada apenas noten que abandoné mis estudios... ¿o debería terminarlos? en realidad me queda sólo entregar mi tesis, que ya está bien avanzada, pero no sé qué me ocurre, no me motiva el tema. En fin, le daré una vuelta al asunto, quizás me precipité un poco al pensar en abandonar, al fin y al cabo por algo llegué a donde estoy ahora, no puede haber sido todo una farsa académica ¿o sí?


A la vuelta de mi compra me crucé con Vero y un par de sus amigues, que venían medios acalorados parece (y hediondos a poto, eso me consta). Echamos la talla un rato y entonces les cerdepunks me invitaron a su casa okupa, en el paradero 5 de Vicuña Mackenna. Me interesó conocer cómo viven y cachar un poco más su mote, así que iré pasado mañana. 


19 de febrero

Fui a la casa de les cerdepunks. La verdad es que viven en un ambiente bastante denso, ya que en la casa aceptan a cualquier gato loco con ínfulas de libertario y no todos son tan evolucionados parece, hay claros problemas de convivencia. Les cerdepunks me parecen los más ordenaditos, aunque eso de dormir todos juntos (se trata de un colectivo de 6 personas) en las misma cama me parece un poco excesivo. La privacidad es nuestra enemiga, hay que abrir la vida, dijo Vero, pero no me convenció tanto. Yo encuentro buena la soledad, por eso me entiendo tan bien con Faisán. De todas formas el resto salió un rato a efectuar no sé qué actividad, dejándonos solos con Vero en el patio de la casa okupa. Nos fumamos un prensado que sacó debajo de una maceta con una esquelética y reseca planta de menta. Entre risas y compañerismo, Vero acarició mi cabeza y me besó. Respondí a su beso y terminamos en la pieza, aunque al apoyarnos en la cama toqué un condón usado que estaba oculto entre las frazadas. Dominando mi asco le dije que mejor me iba porque iban a cerrar el metro y quería aprovechar de intentar ganar un par de pesos en el trayecto. Vero quedó de ir a verme al parque un día de estos, la verdad es que yo no tengo apuro.

20 de febrero

Quizás fui muy severo rechazando a Vero, pero su forma de vida es demasiado antihigiénica. Pienso que les cerdepunks deben estar llenos de enfermedades de transmisión sexual y su supuesta libertad para este mundo postcapitalista ya no me parece tan atractiva. Por suerte con Faisán comenzamos un período de creación que me distrae de pensar en lo sucedido. Estamos tallando algunos símbolos producto de nuestro ingenio en los arboles del parque. Ya hemos escuchado algunos comentarios de visitantes maravillados con ellos e intentando descifrarlos. Ya llegará el momento de revelar su significado, mientras tanto debemos seguir marcando todos los árboles de la comuna. No nació con este sentido, pero tal vez esto pueda convertirse en la primera fase de nuestra gran obra.

22 de febrero

Son las siete de la mañana. Desperté a eso de las 3 y en una inspiración sin precedentes prendí el notebook y avancé en mi tesis como nunca antes. Creo que podría llegar a terminarla antes de la fecha de muerte estipulada por la beca. Voy a tener que ir esta semana a la universidad para coordinar eso. Temo volver a cruzarme con esos desgraciados, pero Faisán me convenció: debo terminar lo que empecé para poder entregarme en plenitud a esta nueva etapa. Necesito encontrar dos profesores que guíen mi tesis, pero ¿quienes estarán tan locos como para aceptar?

martes, 17 de febrero de 2015

Arte y Vida 4

15 de febrero
Mientras Faisán fue en su bicicleta a recorrer las ferias de la capital en busca de algún libro para luego revender a incautos compradores, yo me concentré en nuestro proyecto. Echado sobre el árbol, con una hamaca hábilmente instalada, pensé y anoté algunas de las cuestiones que serían clave para llevar a cabo el plan artístico. Nuestra idea es remover al espectador y por ello tenemos ciertos objetivos en la construcción de la obra:
  • Debe tener impacto, sorprender e incomodar.
  • Debe ser inclusiva y accesible.
  • No debe ser pretenciosa.
  • Debe ser entendible para todo público, con capas de sentido tal vez.
Queremos remecer el status quo del arte criollo, queremos ser los vagabundos de la escena chilena, los locos del tarot urbano más rompe-esquemas que se hayan visto por estas lindes tercermundistas. El problema es que aún no tenemos mínima idea de qué cresta hacer.

Mientras cavilaba sobre estas cosas, un grito sumamente agudo me despertó del ensueño. Algo sucedía abajo, así que descendí para ver de qué se trataba. Cinco figuras punketas, que en principio pensé eran mujeres, estaban abriendo un lienzo enorme por todo el parque. Estaba lleno de textos y dibujos que me parecieron absurdos, aunque luego entendí un poco de qué iba todo gracias a nuevos gritos, amplificados mediante el megáfono que una de las chicas sostenía:

"Somos les Cerdepunks. Venimos a destruir el binarismo, a acabar con heteropatriarcado capitalista. Esta es nuestra carta de presentación: el rigor de la ciencia, la cartografía suprema del deseo. Este mapa del parque, de tamaño del parque, es una mínima parte de nuestras pretensiones, queremos remecerlo todo, queremos destruir la vida tal y como la conocemos. Y deseamos, oh, cómo deseamos, vivir en manadas, cantarle a la luna, correr desnudes por las praderas urbanas, amarnos en libertad, romper las ataduras de la cultura, matar a dios de una vez por todas..."

Si bien me gustó la idea borgeana del mapa total, no pude evitar sentirme algo incómodo con su propuesta, no sé porqué. Bajé del árbol y me acerqué a la chica del megáfono y noté que en realidad era un chico ¿o no? Me presenté como Marciano, y él/ella como Vero. Le felicité por su osadía, contándole que yo también esperaba remecer las conciencias, aunque francamente no había pensado mucho en el tema sexual, mucho menos el vivir en manadas (tengo ciertas manifestaciones misántropas que creo no me lo permitirían, ¡necesito de mi espacio propio!). Vero me contestó que la barrera sexual es la que más entorpece las pretensiones de una comunicación total, que si quiero evolucionar debería intentarlo sin miedo. Entonces llegaron los guardias del parque con sus macanas, espantando a les Cerdepunks, que desaparecieron al instante. Subí al árbol, algo melancólico de no haber podido despedirme de Vero. Me quedé pensando en sus ojos y no pude avanzar más en nuestro proyecto hasta que llegó Faisán, cansado y con la cena de esta noche: almendras, nueces y un par de maruchans. No me parece muy saludable, pero a falta de pan la sopa china es buena. Le conté lo ocurrido y se enojó porque les Cerdepunks nos habían ganado el parque con su intervención. De nada sirvió argumentarle que no se trataba de una competencia, la rabia cerró su garganta y no hablamos más. Yo me siento extraño en este silencio, pues la ira y la competencia sin duda son elementos del heteropatriarcado capitalista... algo de razón tienen estos sujetos queer ¿Vero, te volveré a ver?

16 de febrero
Estoy consternado, tuve un sueño húmedo con Faisán. No puedo escribir más por hoy, flaquean mis fuerzas.

lunes, 16 de febrero de 2015

Arte y Vida 3

13 de febrero
Hoy nos instalamos en el Juan XXIII. Llevamos pocas cosas, una mochila de campamento chica cada uno, sacos de dormir, varios libros, calzoncillos y algunas ollas, sartenes, tazas de metal, e incluso un par de copas para dárnoslas de elegantes en momentos de celebración. Para pasar piola hicimos dos viajes, de una mochila cada uno. Fui a la caseta de Faisán y la desmantelamos, todo cupo perfecto en una mochila, excepto sus textos y dibujos, que colocó en un maletín. Tampoco nos llevamos el puf, pero de seguro será la alegría de algún mendigo o vagabunda que se haga con él. Faisán se fue en su bicicleta desarmable llevando su maletín en la parrilla, mientras que yo me llevé la mochila en una micro (no tengo bicicleta). Faisán desaprobó al principio mi uso de la micro, por contaminante y alienado, pero no alegó mucho más después de que me ofrecí a llevar su mochila. Pienso en todas nuestras diferencias y en si vivir juntos será una buena idea... el tiempo lo dirá, la decisión está tomada.

Llegamos al parque, caminamos como distraídos un rato, y mientras no pasaba nadie por nuestro sector escogido subimos al árbol y dejamos asegurada -firme y oculta- la primera mochila. Entonces nos dirigimos a la pieza que yo arrendaba hasta hoy en la tarde, en Ñuñoa. Era un cuartucho nada más, al cual había llegado hace tres años desde Valparaíso, para estudiar un magíster de literatura en la Universidad de Chile. Los estudios me desmotivaron rápidamente: las palmaditas en la espalda y el mecanismo bisagra (agacharse frente al poder), así como el bajo nivel intelectual de alumnos y profesores me aburrieron casi nada más al llegar, por lo que descuidé mis obligaciones, alargando mi estadía más de lo esperado. Ya no tengo intenciones de terminar los estudios, a pesar de la beca que me "obliga" a hacerlo (sino debería pagar una multa monstruosa, pero escaparé de la sociedad y sus números, nunca me encontrarán). Por ello, sólo metí en la mochila mis libros y libretas, un tablero de ajedrez y mi notebook, dejando cuadernos y apuntes académicos tirados en la pieza. Caminamos con Faisán hacia el parque y subimos mi mochila, ya estamos casi listos. Ahora nos pondremos a ordenar, así que mañana volveré a este diario.


14 de febrero
No le conté a Faisán que, finalmente, no cerré mi blog. No estoy seguro de que lo entendería (ni yo lo entiendo realmente), supongo que me interesa dejar algún tipo de registro público por si algo sale mal. Precisamente, la primera noche fue un infierno, los loros no nos dejaron dormir. Al llegar notamos que tenían parte del árbol colonizado, así que en la mañana decidimos echarlos, aunque no logramos ponernos de acuerdo en la forma de hacerlo. Faisán apelaba a un método no-violento, pero yo, que habiendo vivido en la comuna conozco algo de la naturaleza de esas criaturas malévolas, era de la idea de matarlos. Finalmente, él espantó a un grupo con gritos y aleteo de libros, aprovechando el momento en que se alejaran para tomar sus nidos y depositarlos en un árbol vecino. Mi técnica fue más simple y rápida. Bajé del árbol para recoger un buen montón de piedras, volví a subir, saqué mi honda de la mochila y comencé a darles duro a los pajarracos. Rompí cabezas, lastimé cuellos y estómagos, quebré un par de alas y, buena cosa, boté todos los nidos que quedaban en nuestro árbol y también en los vecinos. Faisán se escandalizó un poco, pero le expliqué que un radio de protección era aconsejable en este caso. Tomé su silencio como señal de aprobación, aunque en realidad era complicación, pues mi amigo estaba que se cagaba. Como no pudimos decidirnos por un lugar para convertir en "baño", acordamos hacer detrás de cualquier arbusto y luego botar nuestras deposiciones en los basureros que el parque tiene destinados para ello (para los perros, sí, ¿pero quién podría notar la diferencia?).

La noche de hoy brindamos con un exquisito vino añejado que me robé de la pensión, y comenzamos a planear nuestra primera gran obra de arte en el parque.

sábado, 14 de febrero de 2015

Arte y Vida 2

9 de febrero
Me llamó Faisán. Quiere que nos reunamos para mostrarme que las cosas no son como las imagino ¿y cómo sabe él lo que yo imagino, habrá leído mi blog acaso? En fin, quedamos para mañana martes a la entrada del Bellas Artes.

10 de febrero
Nos juntamos con Faisán, estuvimos en el forestal, conocí su casa. Es una caseta de guardia abandonada en un borde del río. No niego que el lugar es acogedor, con los dibujos y versos pegados en todas las paredes, con el par de chales sobre un puf (supongo que eso hará de cama), pero no es lo que imagino para mi amigo. Veo, además, que ahora tiene notebook, así que no tendrá problemas en los cybercafés, me alegro. Dijo que probablemente el otro día me llevé una impresión equivocada, y puede que tenga razón, lo veo bien en este lugar, irradia una energía distinta y, lo más importante, sus textos son excelentes, lo que me genera un poco de envidia. Mi cabeza comienza a divisar algunas ideas.

12 de febrero

Volvimos a vernos con Faisán, esta vez en la plaza ñuñoa. Tenía que pasarme unos libros que me debía (había olvidado mencionar que mi amigo "mueve" libros, es un dealer de la cultura). Luego de la transacción lo invité a fumar un guarisnaque, y buscando un lugar piola recordé un parque por el que solía pasear en mi infancia. Así, pusimos marcha hacia el Juan XXIII (parque de cuatro cuadras bien lindo y cerrado en las noches, lo que no será de menor importancia para lo que viene...), conversando sobre tal autor, tal corriente y una que otra impresión sobre las últimas novelas leídas. Ya intoxicados con los humos de la amistad, compartimos textos y proyectos, reconociéndole en un impulso de honestidad que los suyos eran superiores. Creo que te ha venido bien la independencia, veo mucha inspiración y mucho potencial, creo que seguiré tus pasos y cerraré mi blog (con todo lo que ello implica), le dije. Seguimos paseando por el parque, conociéndolo, observando sus escondrijos, entonces le propuse a Faisán: ¿y si nos venimos a vivir acá? Mira ese árbol, arriba es tan frondoso que nadie se daría cuenta si instalamos una pequeña casa en él. Además, piensa en la seguridad, en el forestal no hay rejas y los pelados andan agresivos con la gente que vive de un modo alternativo. Le di este y otros argumentos, hasta que aceptó. Estoy lleno de ilusiones ahora, si todo sale bien pronto comenzará una nueva etapa de creación desaforada.

viernes, 6 de febrero de 2015

Arte y Vida 1

3 de enero 2015
Mi amigo Faisán cerró su blog. Dice que se aburrió de la virtualidad, quiere crear y difundirse de un modo más concreto, intentando ganar plata en el proceso. Tiene sentido.

17 de enero 2015
Han pasado dos semanas y lo extraño mucho, me reía tanto con sus disparates. Además, era uno de los tres pelagatos que leían mi propio blog, tan botado por estos días. Tal vez debería seguir sus pasos y abrirme a la posibilidad de transformar el arte en vida, cerrar mi blog y perseguir mis sueños.

6 de febrero 2015
Hoy vi a Faisán a lo lejos. Estaba en la esquina de Eliodoro Yáñez con Providencia, sentado mirando pasar los autos y escribiendo algunas cosas en una libreta. Me acerqué para saludarlo, pero apenas el semáforo dio roja se levantó y paró frente a los automóviles detenidos. Comenzó a gritar versos furiosos, pequeños relatos fantásticos que no estaban nada mal, pero que muy pocos pudimos oír a causa del tránsito, los bocinazos y el tráfago general de la ciudad en su hora punta. Poco antes de la luz verde, Faisán se quitó el roído sombrero de copa y pasó junto a las ventanas de los autos pidiendo una colaboración por su trabajo creativo y honesto. Los conductores lo ignoraron sin importarles el ofrecimiento que mi amigo hiciera de un cidí con sus últimas declamaciones. En el intermedio (que ocurría en cada luz verde para los autos) me acerqué a Faisán para saber cómo le iba. Me contó que estaba viviendo en el parque forestal, que estaba vetado de casi todos los cybercafés de la zona a causa de sus griteríos cuando grababa sus discos, pero que pese a todo se sentía pleno. Confundido, le deseé lo mejor, le compré un par de cidís y me fui, pensando en que quizás no cierre mi blog después de todo.

sábado, 31 de enero de 2015

2055: una odisea corporal (III parte)

Despiertas. Estás apoyada en un portón, magullada y adolorida tanto física como mentalmente. Tus ropajes están llenos de sangre seca, los recuerdos de la violencia se agolpan en tu mente, estás inimaginablemente cansada. La ira te inunda y juras venganza, mientras tanto caminas, exploras el lugar donde te dejaron esos cerdos. Sobre el portón dice: "San Joaquín. Comuna de los inviables". Al principio no entiendes, pero pronto tus dudas se disipan, ves a los tullidos caminando y/o arrastrándose por las infectas calles del vecindario, niños a los cuales faltan brazos o piernas corren hacia ti para pedirte dinero. Te libras de ellos y cojeando entras a un restorán, "El pollo zapallo". Allí está lleno de viejos paralíticos ebrios y drogados, no te prestan la más mínima atención hipnotizados por la pantalla plana de 80 pulgadas ubicada sobre el bar. Las noticias son escalofriantes: se demostró científicamente la inutilidad de los campos de re-educación. Los internos serán exterminados a las 0:00 hrs., es decir, esta misma noche. 

Piensas, tu familia o lo que queda de ella está allí, tienes que hacer algo. Te hierve la sangre, deseas destruir a los que mandan en esta ciudad de porquería. En medio de tu desesperación vuela una muleta y la pantalla estalla en peligrosos y cortantes pedazos. El loco que la lanzó no entiende nada, fuiste tú la que lanzó el fierro ortopédico, eres tú la que está levantando -a su manera- a todos los tullidos. Eres tú de nuevo, has recuperado tus poderes mentales, te eriges en líder de un grupo de renegados, de un ejército de discapacitados, como los llama el gobierno.



* * *

En la sede de gobierno están preocupados, nadie entiende cómo los inválidos han podido llegar tan lejos, ya se acercan a la moneda, están a sólo dos cuadras, los tanques no pueden con ellos, por cada muerto aparecen diez nuevos monstruos, son imparables. Y tú estás detrás de todo, tú les das la fuerza, tu rabia ilimitada les da la energía para llegar hasta la entrada, donde los espera el capitán que ya conoces.


-Vamos a entrar -dices, con calma, como si el destino del Estado-Nación no dependiera de ello.

-No lo creo -responde el capitán-. Ya nos has dado muchos problemas, es hora de acabar contigo.
-O contigo -dices desafiante, haciéndote a un lado para dejar pasar a tu ejército, que a muletazo y bastonazo limpio acaba rápidamente con el capitán que tanto daño te hiciera el día de hoy, el día de tu nacimiento. 

No habías pensado en ello, en todo lo que ha pasado tan rápido, en lo que has tenido que vivir, pues de haber nacido y sido criada en un ambiente menos hostil podrías haberte convertido en un dios o una diosa, en alguien lleno de bondad, un aporte positivo a la humanidad. No fue así, te lamentas, sin embargo las cosas cambiarán, lo quieran los demás o no. 
En ese momento el Capitán-General en su bunker subterráneo, inundado por el temor de tu llegada, da la orden definitiva. Se lanza una bomba nuclear que acabará con toda la vida en dos kilómetros a la redonda. La ves caer, viene hacia ustedes, gritas.


¡BUM!

Despiertas. No sabes cómo, en el último momento, tu mente volvió a viajar. Te rodea el metal anti-nuclear, estás en el bunker del Capitán-General, pero ¿dónde está él? Miras a un espejo y te das cuenta: ahora eres él.



[continuará]

lunes, 26 de enero de 2015

Revelación de Silver Surfer (Estela Plateada para los picantes [Surfista de Plata para los más picantes])

Hace años que trabajo para mi jefazo Galactus. La paga no es mala, para qué andamos con cosas, sin contar el beneficio personal que saco de negociar con las naciones de los planetas alimenticios de mi amo. Pero las cosas no son cómo las pintan las historietas infantiles que la mayoría de ustedes disfruta. Me explico:

Casi todo el personal en Tierra cree que Galactus, el devorador de mundos, destruye totalmente los planetas de los cuales usufructa, pero no es tan así, no señores. Sucede que diversos planetas albergan nutrientes distintos, y a veces el antojo es sólo de minerales, organismos vegetales o, incluso, vida consciente. En este último caso es cuando las cosas se ponen más interesantes, porque el amo no es una bestia sin corazón que devora mundos a lo loco, oh no, nada de eso. Don Galactus es un gentleman interplanetario y negocia con calma los pasos a seguir para conseguir una comida decente en este absurdo cósmico. Ahí es cuando entro yo, su representante legal y maestro de los pactos alimenticios: si el míster necesita su buena cuota de vida consciente para nutrir su cuerpo energético -digamos, uno o dos continentes atiborrados de personas- yo me reúno con los líderes políticos del mundo en cuestión, para acordar los términos del negocio. En general otorgamos algunos adelantos tecnológicos a las aventajadas naciones a cambio de un continente subdesarrollado, que es uno de los platillos favoritos de mi amo. A veces, hay planetas muy desarrollados en los cuales no existe ni la pobreza ni el hambre, en esos casos la negociación es más compleja y debemos hacer competir a las naciones por nuestros adelantos, las cuales se enfrascan en guerras fratricidas que casi siempre tienen como consecuencia el fin de ese planeta a manos de una hecatombe nuclear, lo que está muy bien porque al jefe le encantan los platos asados o ahumados.

Cuando las necesidades nutricias de Galactus apelan a la vida vegetal o a lo mineral, también negociamos con los líderes, por ejemplo: toda la madera de su planeta a cambio de las ecuaciones necesarias para los viajes estelares. Así, míster G se alimenta de madera mientras cientos de naves surcan el sistema en busca de nuevas aventuras, qué inocentes. Luego mi jefe, con el humor que lo caracteriza, clava las ingenuas naves en su anticucho cósmico y disfruta de algunos aperitivos antes de nuestra siguiente parada.

En fin, creí menester aclarar estas cosas, puesto que se nos achaca ser unos salvajes depravados hambrientos de mundos pletóricos de vida. Quizás somos hambrientos, pero somos decentes.

Una selfie del jefazo (cada día más guapo)

lunes, 12 de enero de 2015

2055: una odisea corporal (II parte)

Sales rápidamente de la habitación, caminas por un pasillo blanquecino mientras a tus espaldas aumentan los gritos y las correrías de quienes hallaron el cuerpo destrozado del médico que insultó a tu madre. Antes de salir del edificio ingresas a la base de datos desde un computador abandonado a causa del alboroto, encuentras allí la dirección de tu madre: José Arrieta #10.300. Costó pero encontraste el lugar, ubicado en la parte alta de la ciudad, sitio preferido por quienes ostentan estilos de vida alternativos. En la entrada una cinta de seguridad policial te pone en guardia, algo sucedió aquí, la puerta está desmarcada y astillada. Gritas y no aparece nadie, un par de vecinos se asoman tímidamente desde sus ventanas, no te dicen nada, se esconden tras las cortinas. Entras y te das cuenta que el lugar está destrozado. Un niño aparece bajo los escombros de lo que fuera un invernadero, te saluda alegremente:

-¡Hola tía! Estaba mirando nomás.
-¿Qué pasó aquí? -preguntas, llena de dudas y temiendo lo peor.
-¿Cómo, no cachó el operativo? -responde el niño, con un gesto de curiosidad y desconfianza en sus ojos.
-¿Qué operativo? No sé nada, sólo venía a ver el lugar del cual proviene... provenía mi madre. -Ahora sí que tus pensamientos son funestos, esto no puede ser nada bueno.
-Ah, vinieron los pacos po, apalearon a todo el mundo y se los llevaron detenidos, de ahí hicieron pebre el lugar, dijeron que era un antro de perversión.
-¿Y nadie hizo nada?
-Sipos, claro que hicimos, aplaudimos la limpieza que hicieron. Ahora el barrio se libró de esos jipis cochinos... eso dice mi mamá por lo menos.

Con profunda tristeza exploras el lugar, hasta que por descuido tropiezas con un madero y te tuerces el tobillo, quedando coja. El dolor físico es algo nuevo para ti, lo experimentas con asombro. Estas levantándote cuando llega la fuerza pública, cuyo superior te mira con odio y se aproxima amenazante a ti. Te levanta de un tirón, te empuja, nota tu cojera y te encierra en la camioneta. Has sido tomada por otro miembro de la comunidad y tus gritos no surten efecto alguno en el accionar primitivo de la policía.

-Se había escondido la perla, ahora va a ver lo que es bueno -se jacta el superior-. Está rica igual la jipona, ¿y si hacemos una paradita antes de llevarla a donde pertenece?

Los demás oficiales celebran la iniciativa de su superior, saben que les tocará una parte del "botín". El superior abre la puerta trasera de la camioneta e ingresa a la cárcel-móvil. Con rostro sereno te mira y procede a darte una bofetada que te tira al suelo.

-¿A dónde me llevan? -preguntas atragantada en tu propia sangre, el golpe te ha roto el labio inferior.
-Usted tranquila, mamita. La devolvemos a su comuna, llena de tullidos y horriblidades como usted. Pero antes nos va a hacer un favorcito...
-¿Qué favorcito? ¿Dónde está mi familia, dónde están los demás?
-¿Los jipis esos eran su familia? Fueron llevados a distintos campos de re-educación. Ya debería saber que la independencia ideológica está penada por la ley. Debemos acoplarnos a las formas de vida promovidas por el Capitán-General.
-¿Capitán-General?
-¡Sshhh! ¿Naciste ayer? En ese caso, le vamos a enseñar un par de cositas sobre el ser mujer -dice el capitán con gesto malicioso. Luego procede a desnudarte con violencia, palparte, aferrarte, penetrarte: violarte.

Nunca imaginaste dolor semejante. En vano tratas de despegar de tu cuerpo, tal cómo habías hecho al salir del tanque, tal vez poseer a algún oficial, apoderarte de su fuerza bruta y matarlos a todos. Por una razón desconocida ya no tienes la capacidad de hacerlo y debes aguantar en este cuerpo mujeril las horribles vejaciones a las que se te somete por algo de dos horas, luego de lo cual pierdes el conocimiento.

[continuará]

viernes, 9 de enero de 2015

2055: una odisea corporal (I Parte)

Despiertas. Estás dentro de una especie de tanque vital, nadando en caldos primarios que irrigan vida a tu organismo. No recuerdas cómo llegaste aquí, aunque en realidad te das cuenta que no importa. El espacio es reducido, pero lo exploras lentamente. Al girar te das cuenta que un cable une tu estómago con el tanque. Lo tomas en tus manos y comienzas a visualizar lo que está fuera de tu territorio: el mundo exterior. Al principio es difícil, hay mucha luz y esta te daña los ojos, poco acostumbrados a la luminosidad artificial del lugar en que te encuentras. Lentamente las formas se van definiendo, el firmamento es blanco, hay otros seres a tu alrededor, acostados, quejándose, durmiendo, observando una pantalla estruendosa y resplandeciente. Sin soltar el cable piensas en irte de allí y creas un efecto en el contenedor, que comienza a moverse. Descubres piernas, brazos, te levantas de la cama, te afirmas de los objetos que encuentras en tu camino y avanzas, cruzas un umbral, luego otro y ya estás fuera del edificio. Hace un día claro de cielo grisáceo como el piso que tus nuevos pies van aplanando ¿pero son tus pies? Sigues dentro del tanque y lo habías olvidado, al parecer te hiciste con el control del mismo. En la calle te inunda una extraña diversidad de colores, presente en las vestimentas y construcciones, así como en pantallas centelleantes. Como si eso no fuera suficiente para aturdirte, los chirriantes sonidos de la calle te desorientan al punto de atravesar descuidadamente una avenida y ser arrollado, sueltas el cable y vuelves a la seguridad del tanque, que se bambolea peligrosamente y te hace girar, golpeándote varias partes del cuerpo con su contorno, para finalmente perder el conocimiento.

Despiertas. Estás dentro de una especie de tanque vital, nadando en sintéticos caldos primarios que irrigan vida a tu organismo. Algo atontado dejas pasar los minutos mientras figuras borrosas se mueven de un lugar a otro en el exterior. De pronto recuerdas, buscas el cable y no lo encuentras, estás encerrado sin más remedio, comienzas a gritar. Las figuras se acercan a ti y reconoces las siluetas de seres como los que conociste en tu vida anterior. Sus voces son claras, aunque no las entiendes:


-¡Cómo llora, doctor! Pobre chiquillo. Ni siquiera estar listo para nacer y ya encontrarse solo en el mundo.

-Tampoco le esperaba un futuro muy prometedor, le recuerdo que la madre era drogadicta.
-Tengo entendido que vivía en una comunidad ecológica...
-Sólo formaba parte de un grupo de vagos, hijos de familias ricas con ínfulas de diversidad y ambientalismo. Una tropa de maniacos sexuales y toxicómanos, entregados a orgías diarias bajo los efectos del opio y psilocibes.
-Aún así, pobre guagua...
-Su loca madre tiene la culpa, intentó escapar y pagó el precio. Por la guagua no te preocupes, el Estado se encargará de su educación. Será un individuo útil para el desarrollo de nuestra sociedad.

Mientras las voces suben y bajan su frecuencia no dejas de gritar y lloriquear, te afirmas del vítreo contenedor que te alberga y éste explota en el acto, dirigiendo todas sus partes quebradas al pecho del hombre. La mujer que lo acompañaba, que ahora ves con claridad, grita desesperada, se acerca para tocarte, preocupada de tu bienestar, pero al palpar tu piel tu cuerpo se desvanece y te confundes, pues ahora estás mirando la camilla y buscando con tus manos algo que no está allí. Nuevamente controlas un cuerpo, y parte de la mente de su antigua dueña ha quedado contigo: ahora el lenguaje es tuyo. Logras comprender la conversación que hubo sobre ti y ello te permite decidir tu próxima acción: irás a la comunidad de la cual tu madre provenía.


[continuará]

lunes, 13 de octubre de 2014

desventuras con el pis

A veces cuando va al baño a orinar, le embarga una cierta sensación de irrealidad. Mientras el pichi fluye desde su cuerpo hasta el inodoro, con su característico glugluglú, piensa en que tal vez todo es una ilusión, y quizás es un hombre o una mujer postrado/a en una cama, en coma o algo así, con pañales, soñando que va al baño, interrumpiendo una vida que no es real, mientras su entrepierna se inunda a causa de la micción.

Así, una simple transacción de fluidos activó una latente crisis existencial en el o la usuaria del W.C., desmayándose en el acto, golpeándose la cabeza con la loza del inodoro y generando un daño neurológico irreversible que le postraría de por vida, condenando a la o el usufructuario del baño a una vida de pañales y sueños absurdos, como ese de una o un joven con una vida normal, que mientras va al baño piensa en las diversas posibilidades de la realidad y la ilusión.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Don Chuma investigador privado, capítulo 1 (proyecto de novela gráfica)

ESCENA 1 (PRÓLOGO)

Dentro de una fábrica de Pin Cola está la oficina de Pepe Cortisona, el capo de la droga en Pelotillehue. La bebida no es más que un lavado de dinero. El rostro de Pepe en las sombras exige explicaciones. Frente a su escritorio hay dos empleados.

-¿Quién es el culpable de esto?
-Condorito y Huevo Duro, señor. Usted ya sabe…
-¡Cállate! Me refiero a quién se echó a la guatona culiá
-Usted sabe jefe, fue un accidente. Yo no quise... -Dice el segundo.
-¡Pues este también es un accidente entonces!

Por detrás alguien dispara una pistola con silenciador a quien hablaba, que cae a los pies del pistolero. Nos enteramos es Cabellos de Ángel, y el dueño de la pistola es Comegatos. El compañero del difunto Cabellos, Garganta, sólo emite un Glup!

ESCENA 2

Don Chuma camina por bellavista y se para en una esquina a encender un cigarro. La cámara sube y arriba hay un cartel que dice “Don Chuma Investigador Privado”, créditos, música, etc.
Dobla una esquina y llega a la fachada de su domicilio, un edificio algo viejo en Dardignac, junto a  una peluquería de caballeros.

-Buen día Don Eladio –dice Chuma.
-Hola Chuma, ¿me trajiste el encargo?
-Toma –dice mientras le pasa una navaja que se abre amenazadoramente, pero resulta ser una peineta-. Las tonteras que te entretienen.
-En algo hay que entretenerse pues –dice Don Eladio.
-Nos vemos a la tarde, tengo una reunión.
-Los vimoslos –se despide Don Eladio.

Al llegar a la entrada del departamento, una mujer está esperándolo. Don Chuma se saca el sombrero y presenta galantemente. La mujer lo mira de abajo a arriba, está vestida de luto, con un pañuelo tapándole la boca, sólo pueden verse sus ojos achinados.

-¿Podemos pasar?
-Claro, claro, disculpe –dice Chuma mientras apura las llaves del bolsillo a la cerradura.
El living es grande, Chuma lo utiliza como oficina, tiene un escritorio y algunos cuadros en la pared, de curso de colegio, grupo de amigos y equipo de fútbol.
-Veo que aún conservas estos cachivaches –dice la mujer mirando el cuadro del grupo de amigos.
-¿Yayita? –Chuma se sorprende, no había reconocido sus ojos, algo se han agrietado en estos años-. ¡Vaya visita! ¿Te puedo ofrecer algo de tomar?
-Un té nomás, o mejor un café, pa’ tirrar pa’rriba.
-Supe lo de tu madre, lo siento mucho, te acompaño en el dolor.
-Sí, ahí quedamos con el viejo. Precisamente vine por algo relacionado con eso.
-Dime nomás.
-Ya debes saber que la investigación se cerró sin encontrar a los culpables, lo ficharon como un asalto a domicilio y muerte por enfrentamiento a los ladrones.
-Ahá…
-Yo sé quién fue… fue Condorito.

Cara de sorpresa de Chuma, fin de la escena.

ESCENA 3

Chuma se mete a un edificio caracol y baja. Llega a un local cuyos vidrios polarizados destacan el título en neón rojo: CALI2. Entra y una negra tetona con bikini le pregunta qué se va a servir.

-Toma 20 lucas, voy a pasar al privado a ver a la Kena.
-Ok.
El detective atraviesa una cortina roja con burdeo y entra a una de las cuatro puertas disponibles. Allí se encuentra cara a cara con Kena, que lo mira sorprendida.
-¡Chuma! Tantos años sin verte, viste que somos como el vino, tamos cada vez más wenos –dice picarona.
-Necesito información, Ungenio…
-No conozco al tal Ungenio, mi nombre es Kena, pero te ayudaré, dulce extraño –dice Kena con una sonrisa. Se acerca a Chuma, quedan frente a frente, separados por escasos 10 centímetros. Chuma suda nervioso, hay a la vez rabia y deseo en su mirar- ¿En qué lo ayudo entonces, Don Chuma?
-Busco a Condorito.
-¿Bien y tú? Tanto tiempo sin verse y ni siquiera eres capaz de preguntar cómo está una. Igual de roteque que siempre, típico chileno, machista cavernícola, the chilean way for trogloditas.
-Perdona Ungenio, es que pasó algo grave. Supiste que se echaron a doña Treme.
-¿Y dices que tal vez fue Condorito? Me extraña Chuma, tú eras su amigo y deberías saber mejor que nadie…
-¡No he dicho que haya sido él! Aunque Yayita así lo piensa.
-¡Esa perra!
-De nada sirve enojarse, todo es agua bajo el puente… Ahora dime ¿sabes dónde está Condorito?
-No tengo idea, lo último que supe de él era que andaba de dealer en la población Pelotillehue. Se vino a menos este weón.
-¿Y cómo andamos por casa?
-No te respondo ni una weá más –espetó Kena, enojada.
-Ya, perdona, si me voy de todas formas. ¿Me avisarás si te enteras de cualquier cosa?
-Te va a costar un beso, guapo.
-Si logro desenredar este caso, un beso no será nada.
-Te lo cobraré…

ESCENA 4


Noche en la ciudad, la cámara desciende hacia callejones por los cuales camina una mujer que lleva un abrigo largo y tacos muy altos. De pronto llega a su destino, un antro de mala muerte: Bar El Tufo. Allí busca una mesa en un rincón poco iluminado y se sienta a esperar, fumando. Alguien se acerca y se sienta frente a ella.

- Permiso, hola.
- Hola plumífero, ¿cómo cresta es que seguís vivo? –Dice Kena.
- Siempre he sabido cómo vivir –Responde Condorito, vestido con un polerón grande que esconde su rostro en las sombras.
- Siempre has sido un vividor, diría yo.
-Simpática, movámonos de aquí mejor-. Salen a caminar por la costanera junto al río. Luego se sientan en una banca frente a los botes iluminados y alguna que otra rata a sus pies.
- ¿Cómo está Coné? –Dice Condorito.
- Encerrado en casa de la bruja, no he podido acercarme, aunque le pasé tu carta, hice la movía con una auxiliar de la escuela.
-Perfecto…
-¿Quién se echó a la vieja, Condorito?
- ¿Crees que fui yo?
- No sé…
- Me hubiese gustado, la verdad, pero hay líneas que un yerno no puede cruzar… Me la hizo el Pepe.
-¿Me estai weviando?
-No, y tenís que ayudarme en la venganza.
-Ay no, no quiero.
-Tenís que ayudarme, me lo debes [la besa].

Incluir al final del primer capítulo:

ANEXO 1: FOTO DEL GRUPO DE AMIGOS
ANEXO 2: DOCUMENTO JUDICIAL DIVORCIO CONDORITO Y YAYITA, PS CON ORDEN DE OTORGAR TUICIÓN DE CONÉ Y YUYITO.
ANEXO 3: CARTA DE CONDORITO A CONÉ.

[Continuará...]