miércoles, 3 de febrero de 2016

Libros versus Pilículas: Er Shainin

Cumpliendo con mi propósito de leer clásicos y neo-clásicos, me puse las pilas con "El Resplandor", novela de 1977 escrita por Stephen King. Aunque eso ya todos lo sabemos, pues es parte de la cultura pop, aunque más por la adaptación cinematográfica de Stanley Kubric.


El libro llegó a mí de chiripa, pues llevé a la feria del trueke un ajedrez inca-español que tenía hace tiempo arrumbado en un cajón que le interesó a harta gente. Entre ellos, un chico me ofreció cambiárselo por un libro (él se dedica a venderlos en la costanera de Valdivia), lo que acepté de inmediato. Me llevó a su auto, cual traficante, para mostrarme tres sendas cajas llenas de libros mal-llamados "alternativos". Vi El Resplandor y me dije: es momento de saldar esta deuda pendiente conmigo mismo, cumplir con mi código de honor que me obliga a leer todo lo que considero interesante o supuestamente lo es porque se habla mucho de ello. Así que hicimos el cambio y lo empecé al otro día, devorándolo en una semana.

La novela se lee rápido, muy rápido, pues es acción pura, hechos encadenados uno tras otro, convirtiéndola en una lectura ágil, emocionante y trepidante. No hay ningún cuestionamiento a la forma novela ni juegos del lenguaje, por eso es fácil de leer. Y ojo que no digo esto para desmerecerla, soy de la opinión que hay que leer de todo (o casi todo, porque a la literatura juvenil de hoy en día no le encuentro brillo alguno) y este libro francamente vale la pena. No soy fan del terror (aunque he intentado escribirlo), pero la lectura de la novela me hizo pensar en adentrarme en ese mundo, cuestión que sólo había hecho con Frankenstein, Entrevista con el Vampiro y uno que otro cuento de Poe o de la antología de Caillois. 

Reconozco que El resplandor me erizó los pelos en algunos momentos, con situaciones como el ataque de los animales-arbusto en la zona de juegos o el viaje de Hallorann contra el tiempo... incluso con el reloj y su manifestación de "la muerte roja", lo más cercano a la sangrienta escena de la película de Kubric. Me molestó eso sí que en la novela traduzcan el título como "resplandor" siendo que en el libro el poder de Danny y Hallorann es llamado el "esplendor", o sea, ¡decídanse!

Y el poder no exige poner cara de "laji", pero el cine ya se sabe...
En fin, lo que nos convoca es señalar algunas de las diferencias entre el libro y la película de Kubric, que todos hemos visto, me imagino (y si no hágalo, que lo/la van a juzgar en la calle y en las reuniones sociales de entendidos de los flims). La más notoria es sin duda el protagonismo de Danny Torrance, ese cabrito tan ensimismado que habla con su dedo en la película y que en el libro es un chico inteligente bastante observador de la depresión de su madre y el alcoholismo de su padre. Tony, su amiguito dedo no es tal en la novela, sino mas bien una presencia borrosa capaz de mostrarle situaciones peliagudas e incluso del futuro en momento de trance  (y Tony es clave al final, no se crea que no). 

Claro, convertir a Tony en un dedo fue una solución bastante económica, fílmicamente hablando.

Por otro lado, Jack Torrance es un hombre mucho más atormentado y alcohólico que en la película, lo que lo hace bastante más interesante, puesto que no se vuelve loco sin más, sino que se ve progresivamente poseído por el espíritu del hotel Overlook, el verdadero malo de la novela y cuyo propósito es hacerse con Danny, detentador de un gran poder latente. En todo caso -y dentro de mi ñoñismo recalcitrante- me molestó que en la película Jack utilizara un hacha para atacar a su familia, siendo que en el libro se trata de un mazo de roqué (una especie de croquet que se jugaba en el hotel en tiempos más mafiosos).

Acá Biffno captó algo del Jack novelesco.
Por su parte Hallorann, el negro buena onda que también posee el esplendor, tiene un papel más importante en la novela, tanto en el entendimiento de Danny con sus poderes como en la batalla final contra el hotel Overlook. En todo caso, a pesar de que sueno criticón, me parece que la película de Kubric es notable y captura realmente el espíritu de la novela, a pesar de las licencias que se tomó para lograrlo (y que son muy entendibles cuando se piensa que no podemos entrar en la cabeza de los personajes como en un libro). Tampoco podía pedirle al cabro chico que hizo de Danny actuar las situaciones límite que se viven en la novela, por lo que incluso el tema del dedito-mágico tiene sentido desde una perspectiva cinematográfica.

En definitiva, un excelente diálogo entre novela y película. Si Stephen King quedó insatisfecho (y quedó insatisfecho) es porque es un mañoso ridículo, puesto que la miniserie de 1997 realizada por él de modo mucho más fiel al libro es un bodrio de primera. Y es que simplemente una película nunca va a ser igual a un libro, lo interesante es cómo se las arreglará para transmitir su espíritu, su "aura", diría Benjamin (diría un académico siútico). Pero para terminar con un aura menos cuática va este tema de Lennon cuya letra inspiró un poco a King con su coro "Well we all shine on!" (la otra inspiración fue "La máscara de la muerte roja" de Poe).

jueves, 31 de diciembre de 2015

propósitos para el 2016

-Leerme todos estos libros que están a medias
-Escribir mi primera novela
-Ganarme una beca para irme de este nido de ratas
-Tomar clases de dibujo
-Encontrar un deporte que me agrade y practicarlo
-[Espacio por llenar con nuevas ideas]

lunes, 28 de diciembre de 2015

hoy, en tragedias de la vida pública: los urinales

Los urinales me provocan un terror mítico. Buscando fotos para acompañar este texto (que ni siquiera está escrito mientras explico esto) descubrí que me refiero a los urinales y no a los orinales, pues estos últimos hacen referencia a los artefactos que en nuestro país conocemos como "pelelas", "bacinicas" o las hospitalarias "chatas".


En múltiples variedades y formas, como usted, como yo.


El orinal es individual, singular, personalizado, amable. En cambio el malévolo urinal es público, múltiple, plural, lo que trae diversos problemas, tales como la proliferación de las más aborrecibles infecciones, gérmenes maliciosos y bacterias insidiosas, por no mencionar los aromas más infectos y emponzoñados que toque oler en un día normal. Así es, cuando menos se la espera, el ansia por miccionar nos domina y debemos utilizar un baño corrompido por usuarios previos, sumido en una impureza de la cual no nos podrá salvar ni el más aguerrido pato purific.

Muy gallarda postura pero te espera una triste y progresiva desintegración.
Ahora, lectores y lectoras, imaginen vuestro externo genital (lectoras, les pido algo más de imaginación aquí) ingresando en una caverna desconocida, sarrosa, desteñida y desvencijada, con la finalidad de expulsar vuestra orina, una transacción que podría ser tan simple e higiénica, pero se ve entorpecida por un diseño ignominioso, una arquitectura infame que sumerge al pene en un abismo, en un vórtice de suciedad, sucumbiendo a la inmundicia, a una polución colectiva de la cual todos somos cómplices.

Permiso, voy al bañ... oh no, ¡the horror!
Y por si todo esto no fuera poco, luego de darlo todo, de aguantar el asco más absoluto, viene el cuestionamiento moral de tirar o no la cadena. Dependiendo del tipo de sistema, algunos privilegiados flexibles larguiruchos como yo podemos tirarla con nuestro pie, flexionando nuestra pierna a alturas y posiciones ridículas. Pero a veces ello no es suficiente y luego de despedirnos de nuestros desperdicios nos lavamos las manos con brío, friccionando enérgicamente e, incluso, evitando el secador automático, otra cuna de malevolencia bacterial, solo para encontrarnos frente a frente ante una manilla que nos cierra el paso, un pomo que ha sido manoseado por dedos y palmas que, al contrario de maniáticos como uno, no se han lavado las manos. Y el drama continúa, pues en la mayoría de los casos el diseño de las manillas imposibilita el uso de nuestros pies para llevar a cabo la maniobra de apertura. Desesperado busco un trozo de papel higiénico que me auxilie a modo de guante, pero la búsqueda es infructuosa, por lo general éste ha sido robado o, simplemente, nunca existió. Luego de minutos de inquietud, el ingreso de otro usuario otorga la oportunidad de salir sin tocar manillas ni puertas, alcanzando así la ansiada libertad, aunque el miedo a la enfermedad persiste hasta llegar a casa y darse un baño benefactor.

Con amigos que lo entienden a uno, que no lo juzgan.

lunes, 21 de diciembre de 2015

dónde está la calmeichon

La ansiedad me genera ansiedad. Intelectualmente tengo clara la pilícula, y ni siquiera estoy estresado, pero las sensaciones corpóreas de la ansiedad se siguen avalanzando sobre mi pecho. Creo que la ansiedad me da ansiedad, el temor de experimentarla me pone ansioso, así como la mala actitud de pensar es-será eterna. Círculo extraño, difuso. Dónde venderán nervo-calm, dónde hallar a un maestro-a budista que me enseñe a soltar. Tengo miedo de morir, de caer, de no poder respirar con calma otra vez.
Entonces me digo que me faltan sueños, me falta creer y crecer. Me cansé del estancamiento, quiero liberarme, cantar, dibujar, contar historias. Enamorarme diariamente, sorprenderme, callar, entregar, llorar, reír. Queda tanto por hacer, me quiero sacudir el polvo, desnudarme, abandonar mis viejos ropajes. Emborracharme de visiones, ser en el mundo otra vez, creer en mí. Puedo ser más que este malestar, ya lo soy... no se me tiene que olvidar.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Nadie se quiere

Lo que no quiere decir que todos se odien, pero puchas que se tiran mierda. Por ejemplo el otro día fui a registrar unas jornadas sobre patrimonio y tuve que grabar la discusión de pequeños grupos en torno a medidas y propuestas sobre patrimonio rural (ultra fome, pero en fin). Cuando estaba haciendo la pega de transcribir (no se la deseo a nadie) en cada grupo apareció de repente una crítica a quien moderó el encuentro, señalando que no lo sabía hacer bien, que no dejaba a hablar a la gente, que no tenía experiencia, que forzaba las respuestas, etc.

Lo divertido (y triste) es que la moderadora, antes de los trabajos grupales, en un pequeño break, me comentó lo pencas que le parecían los invitados, lo poco colaborativos a pesar de que se les paga, lo negativos respecto a las políticas públicas, lo monopolizantes que eran algunos para hablar, etc.

Y me parece que así es la gente en general, como por estas comarcas no somos buenos para decir de frente cosas que no nos parecen o causan molestia optamos por el cuchicheo penca, pelador, maletero. Una lata, pero ¿qué se puede hacer más que tratar de no ser así uno mismo?

lunes, 7 de diciembre de 2015

adiós juana maría

Es difícil pero debo despedirme. Qué tontera darle tantas vueltas, cuestionarse lo evidente.

Tuvimos buenos momentos, sí, alegrías, risas, críticas y pensares de alto vuelo que ya no volverán, al menos en su forma clásica, pendeja tal vez, pero funcional por varios años, hasta ahora.

En el último tiempo te dejé de disfrutar y, aunque me costó aceptarlo, todo parece evidenciar que nos debemos separar. Espero lograr por mi cuenta todo lo que me ayudaste a alcanzar, seguir creciendo a pesar de no tenerte dentro mío.

Te saludaré de lejos y no hablaré mal de ti, porque el problema en esta relación siempre fui yo. Mi hipersensibilidad pasó la cuenta y ya no disfruto los estremecimientos que me provocas. Y claro que tengo miedo de enfrentarme solo a este mundo vacuo y absurdo, pero debo hacerlo, es mi destino.

Adiós querida Juana María.




Actualización 13-12-15: Volví a caer en tu flagelo. Y a pesar que tienes momentos de lucidez y diversión, los tremores a los que me induces son de lo pior. Un grado de adicción hacia ti habrá, sin duda, para seguir tropezándome en la misma piedra. Tu lado sativo es muy saltón, supongo que podría esperar a que te pongas más indica, que es tu faceta harto más tranqui y nunca me ha fallado. Sí, eso haré, por mientras piola, sin ti, tranquilito, sin ansiedad, no, sí, no.

lunes, 16 de noviembre de 2015

flaca reflexión


domingo, 15 de noviembre de 2015

visita al centro de salud

Siempre que voy al consultorio u hospital quedo con la sensación de irme más enfermo de lo que llegué. Afortunadamente, dentro de todo, nunca he tenido algo grave, pero compartir un tiempo y un espacio con profundas toses e infectos olores francamente lleva a creerse irremediablemente contaminado. La atención, además, hace pensar que toda la situación no es más que un castigo, una experiencia suprema de malestar. Tal vez los muros descascarados, la tele en un programa detestable y a todo volumen, los asientos plásticos quebrados y el hedor a enfermedad no sean más que una estrategia arquitectónico-experiencial para, al momento de volver a casa, realmente sentirse mejor. Es así, sin lugar a dudas, pues el hospital o consultorio lo hace fácil desde una perspectiva comparativa. 

Por eso le tememos a los edificios de salud, son la extensión moderna de nuestro terror mítico a la muerte, a la podredumbre y a la degradación. No queremos ser como esas paredes o esos asientos, queremos estar sanos, plenos. Queremos huir de ese lugar que refleja tan bien el estado de indefensión en el cual nos encontramos o nos perdemos.

Mi compañero de asiento y yo.

martes, 10 de noviembre de 2015

Todo es como algo

Últimamente todo es como algo. Por ejemplo, conversamos de la música glam y se da el siguiente diálogo:

-La pinta de los Twisted Sisters oye.
-Sí, son como minas.
-Esa era la idea, como cuestionar el status quo, incomodar.
-Qué genial. Y el video es como en un colegio, en una volada como escolar.
-Sí, y como que se pitean al profesor, lo dejan como chaleco de mono.
-Como que se vengaron de la repre, como que hubo una rebelión.
-Como que se fueron como en volada.
-Como que como como y como como que como.
-Como.

¿Ven? Como que no se puede hablar bien ya. Es como un drama actual del lenguaje, menguando y como que simplificándose, sin que la gente se dé cuenta, como que lo hace de reflejo nomás. Como que se desbarató la solidez de cualquier afirmación, como que quizás tiene que ver con nuestra identidad chilena, como de no mojarse el potito con nada, ni como chicha ni como limonada.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

peña-cable-ando*

Pongo en tus manos abiertas
mi tocarra de castor
Castillo de los fuleros
candado del jalador

Tío Emilio 
Retamales
Tío Emilio Retamaaales
Simplemente
doy las gracias por Touluse

Con el elfo
con el elfo pela paaaapas
Humos sobran
por el queso y por el club**

Mármol de tanta cobranza
naciste en piedra de troll
Tu tuto madura y canta
erís como un gargolón

Coro de nuevo y así


*Herejía
**El té Club po

domingo, 1 de noviembre de 2015

Reflexión dominguera


viernes, 30 de octubre de 2015

sobredosis de melissa

Esta es la historia del feo durmiente. Como ya lo indica el título, su drama se debe a que tomó mucha melissa. Se excedió a causa de querer descansar en paz, quedarse dormido sin problemas, sin esos saltos espasmódicos, sin la constante preocupación por su pulso, sin los temblores nerviosos que lo aquejaban hace semanas.

Por eso se tomó todas las pastillas que venían en el paquete, ese que venden en la Knop con 60 cápsulas (en realidad eran hartas oye, se fue en la mansa volá). Y esa noche no le costó dormir, lo que lo habría hecho feliz si se hubiese despertado al otro día y recordado la facilidad para caer en los dominios de Morfeo. Pero sigue cayendo, cayendo y cayendo en el abismo, pasando de un sueño a otro sin despertar, a pesar del miedo, la alegría e, incluso, la excitación generada por algunos de los ellos. De hecho, uno de los primeros fue de miedo, con un bicharraco parecido al Babadook. Ello lo hizo saltar, despertando a su polola, que dormía junto a él. Esta lo trató de hacer reaccionar y no lo logró, pero como luego se calmó no le dio mayor importancia, aduciendo la situación al "sueño culiao pesao de este güeón". 

Librado del Babadook, el feo durmiente se internó en un parque iluminado donde halló unos gorilas y unos monitos que lo hicieron reír con sus volteretas. Vestían ropas humanas y paseaban perros, incluso había esculturas de monos en las fuentes. ¡Estoy en el planeta de los simios! gritó él, despertando de nuevo a su polola, que esta vez se molestó y lo zamarreó y bien zamarreado, aunque nuevamente sin resultado. Enojada fue a buscar agua para tirarle en la cara, pero mientras lo hacía el joven pasó a otro sueño, en el cual Jessica Rabbit se desnudaba para él, provocándole una erección sumamente intensa que no pasó desapercibida a su polola cuando volvió con el vaso. Aprovechando la oportunidad de venganza por una noche de mal dormir, tiró el agua sobre su miembro, lo que para su sorpresa no lo despertó, sino que lo trasladó a un nuevo sueño en el cual flotaba en medio del océano pacífico, sin tierra a la vista.

La joven finalmente se preocupó y decidió llamar a una ambulancia, pero como no se sabía el número llamó a los pacos, para que la derivaran. Con la empatía y sutileza que los caracteriza, no entendieron la gravedad del asunto, recomendándole que dejará al cabro dormir la mona mejor, ya mañana despertaría con un dolor de cabeza que lo haría pagar por sus pecados. Nadie fue a buscarlo entonces y llegó el nuevo día, con su luz radiante y el canto de los pájaros saliendo de sus escondites, pero sin el despertar del muchacho.

Nunca despertó, sin embargo vale la pena mencionar cómo terminó siendo conocido en todo el país por el nombre de "Feo durmiente". Sucede que luego de un día entero sin reaccionar la joven llamó a la familia del chico para que la ayudara. Los padres del durmiente lo llevaron rápidamente al hospital, donde le fueron administrados múltiples exámenes que confirmaron la sospecha de todos: estaba muerto cerebralmente. La ley les prohibió desconectarlo del respirador artificial hasta que, luego de tres años de lucha en tribunales, se le otorgó el permiso de desconexión a la familia. Para sorpresa de todos ello no tuvo efecto alguno en la vida y sueños del muchacho. Nunca necesitó del soporte vital y el descalabro del presupuesto familiar fue vano. La noticia se extendió rápidamente por diarios de corte popular y redes sociales, con el hashtag #elfeodurmiente. Cabe destacar que antes de dormir el joven no era feo, pero tres años más tarde su semblante era calavérico, por decir lo menos. La familia estaba pensando en qué demonios hacer con el muchacho cuando apareció en la puerta de su casa una ejecutiva, representante del espectáculo de fenómenos itinerante que acompaña al circo de Las Tachuelas Humanas, que les hizo una jugosa oferta por el cuerpo dormido del joven.


Mientras tanto los sueños no cejaban y se sucedían interminablemente en una espiral infinita de dolor y alegría. Sin saberlo, los sueños tenían que ver con lo que sucedía en el mundo exterior y sus luces de neón, el griterío de los niños y el rugir de los animales en cautiverio como él. Las pesadillas comenzaron a tener preponderancia, causando estremecimientos constantes en el joven. Toda la situación causaba profunda tristeza a la Tony Canaria, payasa retraída que, influenciada por una película infantil, decidió besar al feo durmiente. Lo hizo en la noche, en secreto, en medio de la oscuridad y el sordo ronquido de los animales en sus jaulas. El joven no despertó, pero sí acusó recibo del beso con una erección. La payasa no se amilanó, sino que lo desvistió, se desvistió y recostó junto al feo, hallando un lóbrego placer en la cercanía de sus dos cuerpos solitarios y ajenos a la sociedad. Cada noche desde entonces lo hizo de igual manera, pasando un par de horas en el silencio y el calor de la compañía corporal, en la fantástica soledad solidaria. Antes del amanecer volvía a su pieza, se tomaba una pastilla de melissa y dormía hasta el mediodía, feliz de compartir el desamparo, mientras él, también por unas cuantas horas, era capaz de descansar realmente, sin temblores, sin miedos, solo en el silencio.

miércoles, 14 de octubre de 2015

somos legión

Hoy grabé y observé un grupo focal en una reunión que más tarde debo transcribir. Participaron directores de las escuelas vinculadas a medicina y una de las mujeres presentes me preguntó: 

-¿Quién eres tú?
-Me llamo Luciano, soy antropólogo.
-¡Já! Sabía, se te nota.
-...

Primero pensé: maldición, otra vez el prejuicio acerca de nuestra disciplina, me debí haber afeitado, me debí haber puesto un chaleco menos grande. De pronto miro a mi amiga Fran, que guiaba la entrevista grupal, y me doy cuenta que tenía un hoyo en el chaleco. Ello derivó mis pensamientos hacia: ¿chucha, de verdad somos un gremio de espantapájaros o todo esto es una gran broma?

Quizás somos legión. Y quizás la vida social es una broma infinita.

martes, 13 de octubre de 2015

La Farsa Continúa

De hace años ocupo como marcapáginas el flyer de un concierto de Fulano, que además es la portada de un DVD:


Me parece tan wena, con el payaso presidente gritando a todo trapo, el cóndor y el huemul estresados y dirigiendo la carroza transantiaguina y el chancho con gripe porcina. La farsa chilensis capitalina, gran imagen, triste y ácida. 

Por mucho tiempo pensé que mi vida era una farsa también. Me iba bien en la u, encontraba fácil salir del paso, estiraba muchos chicles y tenía uno que otro éxito por aquí y por allá. Pero cuando te ignoran, cuando trapean el piso contigo, cuando cachai que la gente se comporta como una masa informe enardecida de no sé qué -porque tiene cero capacidad reflexiva y crítica-, piensas que quizás no eres tú el farsante, sino el contexto.

Uno creería que con las nuevas herramientas digitales la gente se pondría más busquilla pero no, la tontera se extiende como un virus, la imbecilidad se abre paso bajo nuevas formas y el prejuicio, la superioridad moral desde las apariencias y las ideologías de bolsillo se erigen como petulantes estandartes en este baile de máscaras que llamamos vida chilena.

Obvio que escribo desde la rabia y el rencor, pero eso no le quita verdad a mis palabras, es cosa de mirar alrededor, haga el ejercicio, fíjese en sus opiniones basadas en nada, note sus tambaleantes convicciones en virtud de la revolución de moda. En la vida académica y laboral la tónica del ninguneo es moneda corriente. La mediocridad institucionalizada se ha hecho con el territorio y por eso ahora, más que nunca antes, me viro. Quizás me demore (de hecho me he demorado, si hace años quiero partir de este basurero), pero me voy sí o sí. No sé, quiero un poco de transparencia, aunque sea amarga y solitaria.

Citaré a mis querido Dubi y Du en el minuto 1:05:


¡Chaooooo, chao pendejos hueoneeees!

lunes, 12 de octubre de 2015

¿es de ñoño?

Sería estiloso comenzar este texto planteando la pregunta de si soy o no soy ñoño, pero creo que en realidad no es esa exactamente la duda. Mi ñoñez es evidente, de acuerdo al personal que me rodea y a mi interiorización de sus comentarios acerca de mi gustos. También tiene que ver con una reivindicación de la palabra aparecida desde hace no tanto tiempo. Para hacer más didáctico el asunto comencemos con un video. Se trata de una escena de Parks and Recreation, una serie que les recomiendo absolutamente y en la cual sucede el siguiente diálogo:


Lo traduzco pa' los monolingües:

Ben: Realmente la estai rompiendo, eres como una ninja mezclada con una jedi o algo así
Tom: Y tu eres como un nerd mezclado con un menso (dork) o algo así...
Ben: ¡Tom, Star Wars no es tan ñoño (nerdy)!
Leslie: No, Star Wars no es tan ñoño (con voz de gila)
Ben: Todos la han visto.
Leslie: Todos la han visto, todos... (sigue con voz gila)

Mi lectura de lo ñoño tiene que ver con la forma en que traduje los conceptos relativos a la ñoñez. Ahora se ocupa harto la palabra ñoño de buena manera pero, tal como nerd, antes se trataba de un insulto (cuando era chico a los mateos del curso les decían nerds y/o ñoños, aunque este último concepto también se ocupaba cuando había alguien poco autosuficiente, hije de papá/mamá). Por lo que he cachado en gringolandia ahora diferencian entre geeks, nerd y dorks, haciendo distinciones tan burdas como la siguiente:

Geek: Inteligente pero no extraño
Nerd: Inteligente y extraño
Dork: Inteligente en áreas inútiles, extraño pero orgulloso de serlo

Súper penca definición, porque los términos son más permeables que eso, se solapan. Al menos esa impresión me ha dado siempre en la historia de mis relaciones con aquellas palabras. Todas tienen que ver con inteligencia y buena o mala vida social. En el diálogo de Parks and Rec traduje dork como menso porque Tom lo utiliza con ánimo ofensivo, como lelo, cretino. Acá un diagrama más claro sacado de otra página gringa:



Acá se pone jodido el asunto porque incluyen otro concepto: dweeb. Pero obviando aquello queda en evidencia que lo ñoño en general (y lo geek y nerd en particular) tienen que ver no sólo con inteligencia, sino con la vida social y, tatatatán, la obsesión. Yo, de acuerdo al diagrama de Venn soy más bien geek, pero aquel concepto no se utiliza por estos lados. Y precisamente, porque acá no existe lo geek, y lo que interesa en general es destacar la obsesión, en nuestro territorio lingüístico se ha recuperado lo ñoño. 

Este concepto esta abierto a la verbalización y permite "ñoñear" cuando es necesario, lo que apela al fanatismo y la pegadez con diversos temas en múltiples soportes: libros, series, películas, música e, incluso, un largo etcétera de cosas que se pueden ñoñear, desde confeccionar barcos en botellas hasta ver todos los capítulos de Steven Universe en una semana.

Sin embargo, desde hace un tiempo lo ñoño ha ingresado en la cultura popular, porque cosas que antes eran ñoñas y/o se asociaban a ámbitos de especialización, ahora son pan de cada día (como las películas de superhéroes basadas en cómics, de las cuales no soy fan en realidad pero que constituyen el mejor ejemplo chatarrín pop). Lo ñoño ya no es sinónimo de ineptitud social como en sus orígenes, ahora todos disfrutan una cuota de ñoñez de vez en cuando. Al menos mis amigos y conocidos. Qué diablos, hasta mis papás son pegados con las series y se desvelan con la reproducción automática de netflix (el peor invento desde seriepepito*).

Aunque no discuto que hay un reforzamiento de lo ñoño cuando se tienen pretensiones de un saber enciclopédico absurdo, como en mi caso (por eso wikipedia es mi amiga), sí me molesta a veces que me traten como ñoño (en un ánimo burlesco) sólo por disfrutar cierto tipo de productos culturales no tan pop como novelas de ciencia ficción, por ejemplo. Porque claro, si fuera serie, si fuera película, claro que sabrían, claro que disfrutarían también. En fin, me encanta el conocimiento que otros puedan considerar inútil, las obras de esa autora, las películas de tal otro, las ilustraciones de fulano, las pinturas de mengana y así. Y si por eso me van a tratar de ñoño mejor abrazo el concepto y me apropio de él. Entonces, en lugar de preguntarme si soy realmente ñoño me preguntaré si lo que estoy haciendo en determinado momento es ñoño. No ser ñoño, sino que ñoñear, un devenir ñoño (Deleuze estaría orgulloso).

*Series pepito tiene todas las series pero en español coño. Prefiero mil veces visionar en el idioma original . Y sí, esa maña es de ñoño.