martes, 22 de julio de 2014

biografía social de un vampiro, capítulo 0 y 1/2

Pucara camina por las pestilentes calles de Valparaíso. Tiene más de tres mil quinientos años, pero asemeja a un joven de treinta. Moreno, de estatura media, cabello negro y poco vello, pasa desapercibido en los países latinoamericanos, aunque ha tenido uno que otro entuerto en sus viajes por Europa, sobre todo desde el siglo XX. Sus sentidos son más efectivos que los humanos, por lo que el hedor a orines de la ciudad lo marea un poco. Sin embargo, camina decidido en pos de su objetivo, encontrarse con la extraña criatura que lo convocó mediante una breve misiva:

Pucara, descifré las señales repartidas en algunos documentos, dando así con vuestra dirección. Le escribo, respetuosamente, para concertar una reunión con usted, puesto que estoy interesado sobremanera en los pormenores de su vida, larga y enmarañada aunque, a su vez, frugal y misteriosa. Lamentablemente, por razones de incapacidad física, no puedo abandonar mi residencia, ubicada en Valparaíso, específicamente en el Cerro Concepción. Mi mayor deseo es conocer los entretelones de vuestra vida, a fin de escribir una biografía basada en ella. Soy un firme creyente en la libertad de la vida y el fin del anonimato entre las especies no humanas. Mi caso es como el suyo, un silencio mítico me enclaustra en una vida de agasajos, pero también de aburrimiento, por lo que deseo aportar, a través de su historia, con el despertar y la apertura de la sociedad humana, a fin de poder desplazarnos por ella sin problemas, sin temor. Al final de la carta adjunto mi dirección, en caso de que su respuesta sea afirmativa y se decida a visitarme. Agradecería infinitamente su colaboración en este proyecto. 

Se despide, cariñosa y respetuosamente, 


La caligrafía de la carta era extraña, un poco errática y desordenada, además, el sobre tenía un ligero olor a amoniaco. De todas formas, Pucara decidió ir al encuentro del misterioso emisor, pues hace tiempo tenía ganas de repasar su vida, y qué mejor forma de hacerlo que a través de una entrevista que podía (y debía) derivar en un libro. Hacer masivo el conocimiento de la existencia de los de su especie no era cosa menor, pero al parecer la sociedad latinoamericana ya estaba lista para ello. El fanatismo de algunos jóvenes (ahora viejos) llamados góticos o dark en el siglo pasado abrió las puertas a la posibilidad. Aunque será inesperado que los primeros vampiros no sean europeos, como tanto tiempo se pensó gracias a esa literatura fruncida y edulcorada proveniente de aquellas latitudes o de sus colonias. Rumania, Alemania, Francia, Nueva Orleans… no son más que supercherías, piensa Pucara. Los vampiros nacieron en América, en Latinoamérica para ser exactos, y él fue uno de los primeros. Tiempos silenciosamente violentos lo vieron brotar desde las fuentes sacrificiales de Chavín de Huántar, y tiempos violentos lo verán emerger desde el bullicio masivo del siglo XXI. Poco ha crecido la humanidad espiritualmente. Entendible, quizás, a causa de su esencia mortal. Corto es el tiempo que tienen para crecer y aprender.

Concepción 191, timbre 4, esa es la dirección. Pucara ya está allí, pero en la carta decía que debía esperar hasta las once de la noche, por razones que luego le explicaría su anfitrión. Se instala al frente del edificio, sentado en las escaleras de una puerta de principios del siglo XX, bastante deteriorada. Qué ciudad más malavenida, piensa el vampiro, aunque ha visto tantas ciudades surgir y caer que no debería sorprenderle. Sin embargo, siempre es triste el deterioro de lo material y lo cultural, cavila, como normalmente hace cuando está aburrido. Ya es tarde y el hambre comienza a corroer sus secas venas. Tal vez sea hora de un tentempié.


[continuará]

lunes, 21 de julio de 2014

la lógica del borrador

Habimos gente incapaz de terminar la mayoría de nuestras ideas. Vamos a medio camino y aparecen otras, entonces nos desviamos, damos vueltas de carnero, caemos parados o de poto, y empieza un nuevo proyecto, dejando inconcluso el anterior. Quizás (probablemente) es una mala costumbre provocada porque nunca solté el lápiz mina, o si ocupé tinta el cuaderno se llenó de tachaduras, na' de corrector guataesapo. Y acá, en digital, todo es un borrar cortar pegar agregar. 

Nunca terminé mis cómics, nunca los entinté, nunca cerró historia alguna. Mis cuentos para qué decir, los pocos que escribí o que me atreví a escribir ahí quedaron, empolvándose en cuadernos abandonados. Y eso es lo que tiene el blog: sirve para esta interminable fiebre de ideas inconclusas. La soledad del blog, donde apenas tres amigxs leen las ocurrencias de un sujeto que se declara incapaz de crear un producto completo.

Este mismo texto, que era una idea decente según yo, ahora cae y recae. Pensé que tenía algo que decir y quizás ese fue mi error. Uno siempre dice, aunque sea mediante fragmentos. Algo bueno debe tener seguir la lógica del borrador permanente, una cierta libertad. Pero no se vaya a confundir con libertinaje, diría mi abuelita. 


jueves, 17 de julio de 2014

hallazgos selváticos

del cuaderno de literatura indígena, año 2012



miércoles, 9 de julio de 2014

La Torre Oscura I: El Pistolero

Primera novela del ciclo de La Torre Oscura, la magnus opus de Stephen King. Trata sobre Roland, último pistolero -proveniente de una especie de orden feudal- y la persecución que emprende contra El Hombre de Negro, personaje espectral que tiene que ver con el pasado de ambos. En ese camino nos enteramos de algunos aspectos de la personalidad de Roland a través de su relación con personajes que va pillándose en un camino algo desértico, del medio oeste, con un oasis por ahí, una estación abandonada por allá y uno que otro ser mágico benigno o maligno. Paralelamente a la acción, Roland se sumerge en reflexivas revisiones de su pasado, enterándonos gracias a ello de su historia personal y el orden social bajo el cual vivía.

Todos estos son primeros vistazos a un universo extraño, con influencias tanto de El Señor de los Anillos como de las películas de Clint Eastwood (el mismo King lo dice en su introducción a la nueva edición del año 2003, algo aumentada por alrededor de 30 páginas, la que me agencié para leer), con algunos toques de ciencia ficción, dicen, en las siguientes novelas.

2014 [1982]
Editorial de Bolsillo
Buenos Aires
Western metafísico -aunque se me hizo tedioso tanto desierto- con algo de suspenso. El libro es entrete, una especie de El Topo en novela, pero al igual que en la película de Jodo, quedan miles de preguntas sin respuesta. En este caso no se trata de un tema de interpretación libre, sino de que la saga de La Torre Oscura está compuesta por otros siete libros. Eso es lo malo de El Pistolero, que no se vale por sí mismo. Leer la novela es pasar un buen rato, no lo niego, pero todo queda demasiado inconcluso, y me parece que es necesario leer el(los) siguiente(s) libro(s) para que la historia adquiera sentido. No queda otra que conseguirse la continuación: La Llegada de los Tres. Se me hace que es mejor leer este libro con sus hermanos, ya que individualmente es algo ingrato. Pero la tragedia no termina allí; leí por ahí que algunos personajes y circunstancias se cruzan con los de otras novelas de King. Yo no soy conocedor de su obra, este es el primer libro que leo de él (y claro que he visto un montón de películas basadas en sus historias, pero no es lo mismo), así que no disfrutaré tanto esas intertextualidades que de seguro son para el regocijo de los entendidos.

No queda otra que conseguirse el siguiente libro. Antes vendían hartos en FeriaMix, aunque siempre del III en adelante me parece. Nunca estaba el I, por eso cuando lo pillé en la feria del libro de la San Sebastián no me quedó otra que adquirirlo. Ya no existe FeriaMix y no hay ferias de libro hasta no sé cuándo (si nunca hay casi en Valdivia), así que sinceramente creo que no hay pa' cuándo encontrar el segundo.

lunes, 7 de julio de 2014

amor en los tiempos del feisvuk

El niño que me gusta aceptó mi invitación de amistad en feisvuk. Qué emoción. Ahí está, conectado, ¿le hablo o no le hablo? Ay qué nervios. Ya van 2 días de amistad, vi todas sus fotos, pero no le puse like a ninguna, no quiero que piense soy una psicópata. Pucha, no me habla, tal vez yo debería iniciar una conversación, pero qué le digo. Uf, llevo 4 días de amistad y aún nada, aunque ahí está su lucecita verde siempre presente. La mía también, o sea, él me ve conectada todo el día ¿pensará que no tengo nada más que hacer? Mejor me salgo de esto, no vaya a pasarse el rollo de que soy una vaga y no hago nada de mi vida más que estar en feisvuk. Ahora me salí, pero vuelvo cada diez minutos, de incógnito, invisible, con el chat cortado, y no sé si él está ahí. Pero volver a prender mi luz es la muerte de las posibilidades, no creo que se interese por una enviciada a la red social. Necesito ocupaciones para gustarle, sí, pondré un par de videos combativos conscientes, uno que otro mensaje lúcido de vez en cuando, llamaré su atención, provocaré su interés. Los días pasan y no recibo ningún like, creo que no le gusto. Fue lindo mientras duró, pero mejor desengañarse, total, no podría estar con alguien que no fuese capaz de aceptarme como soy. Si le gusto tiene que ser con todas mis virtudes y defectos, y si le molesta que me la pase en el chat, cosa de él, total tan lindo no es tampoco. En realidad no sé por qué me gusta, sólo sube fotos de gatos y videos de grupos musicales pasados a mtv. Más encima le gusta García Márquez y El Túnel, apuesto que nunca leyó nada aparte de lo obligado por el colegio. Y esa cantidad desmesurada de selfies, qué egocéntrico, qué latoso. No como yo, que busco un equilibrio en mi muro, soy una esteta del feisvuk. No como yo, que escucho música singular, leo cosas importantes, comparto entrevistas y documentales de interés ciudadano. Cabro de miéchica, vendido al sistema, no como yo, yo, YO.

martes, 17 de junio de 2014

regreso a intelectualis





Aquí la primera parte: simetricósmica depresión intelectual

sábado, 14 de junio de 2014

Estrechez de Corazón, una lectura alejada del canon

[Recuperando una antigua sección de mi antiguo blog, Investigaciones Truchas, me lanzo nuevamente a inventar teorías conspirativas, explicativas y absurdas, inviables, impensables, absolutamente refutables, pero divertidas y, ojalá, desafiantes, aperturantes...]

El disco Corazones fue el más exitoso comercialmente de Los Prisioneros, a la vez que el más diferente, temática y sonoramente. Dicen las malas lenguas (la mayoría de las lenguas que se baten en torno al tema) que gran parte de las letras del disco están basadas en el tormentoso amor de Jorge González con la mujer de su ex-amigo Claudio Narea. Recapitulemos un poco lo que se conoce vox populi.

Los Prisioneros estaban en una ola ascendente de éxito hasta que decidieron apoyar la campaña del NO el año 87 (en que además salió su tercer disco, La Cultura de la Basura). Ampliamente censurados a lo largo del país, imposibilitando la realización de la gira programada para promocionar el nuevo álbum, comienza una temporada un poco escabrosa para la banda, pues se cae el casete y Narea se entera de las andanzas de su otrora mejor amigo. Dice Claudio Narea en su biografía Mi Vida como Prisionero:

Descubrí en un cajón de nuestro dormitorio, en febrero de 1989, unas cartas con la inconfundible letra de Jorge. Nunca tuve sospechas de que ellos anduvieran juntos. No puedo precisar la fecha en que empezó todo, pero puedo suponer que llevaban solo un par de meses.
¡Auch!

Así, Narea queda loco y finalmente decide salirse de la banda. Luego, Claudia Carvajal, su esposa, abandona a González aduciendo que todo había sido un error y vuelven a estar juntos. Meses después aparece el disco Corazones, más electrónico y bailable que los anteriores y, sobre todo, menos político. De hecho, cero político, extremadamente personal, una especie de diario de vida de Jorge González, quizás su primer disco solista.

Veamos algunas letras del disco:

No te pares frente a mí / con esa mirada tan hiriente / puedo entender estrechez de mente / soportar la falta de experiencia / pero no voy a aguantar / estrechez de corazón [...] No destruyas porque si / no quieras borrar cada momento / la felicidad no tienes porqué incinerarla / junto al sufrimiento. / No te pido nada mas / que valores este amor / que lo guardes en un libro / y lo atesores cerca de tu corazón (Estrechez de Corazón).

Amarte es mi estupidez, es mi suicidio / yo debo haber estado bastante loco. / Amarte es el peor error, inevitable, / si al menos yo estuviera hecho de piedra [...] Todo es tan tonto, todo es tan triste, / amarte es dar cabezazos en la pared. / Todo es tan tonto, todo es tan triste, / amarte es un cielo disfrazado de infierno (Por Amarte).


¡Es que te amo, cachai! 
Luego de leer con atención estas letras he llegado a la novedosa conclusión de que no están dedicadas a la esposa de Narea, como todo el mundo piensa, sino al propio Claudio. Otra cita de la biografía del guitarrista puede otorgar luces sobre mi teoría:

Después de tres semanas de volver con Claudia, Jorge apareció en la puerta de mi casa, se veía tranquilo. Golpeó la puerta y por una ventana me hizo señas para que la abriera. Me dijo que aceptaba que nosotros nos quedásemos juntos, pero me dijo: “Quiero pedirles algo”. “¿Qué quieres?”, le contesté. Me dijo: “Yo acepto que ustedes se queden juntos, pero quiero pedirles que nos acostemos los tres. No me contesten todavía, piénsenlo y después me contestan”. Quedé perplejo. Al poco rato volvió a la carga con lo mismo: “Bueno, ¿y qué han pensado?”. Le contesté que no. Al oír mi respuesta negativa se puso furioso, me gritó como si yo lo hubiera ofendido gravemente, lanzándome un montón de garabatos y desapareció dando un portazo.

¿Ven? Cotejar las letras de algunas canciones del disco con el testimonio de Narea resulta revelador y la teoría ya no parece algo tan descabellado. Acá hay otra cita del mismo libro:

Otra conversación de hotel, fue una noche que estábamos solos y me dijo: 'Tú sabes que con Miguel somos amigos'. Yo asentí con la cabeza pensando que me iba a decir algo respecto de Miguel. Luego agregó: 'Pero tú sabes que contigo es distinto'.

Nada de esto es demasiado raro ni escandaloso si atendemos al testimonio de Tahía Gómez, amiga de González y una de las Cleopatras (ese cuarteto de mujeres al cual González escribió la canción Corazones Rojos), quien señala, refiriéndose a Jorge en esos tiempos de experimentación y apertura frente al feminismo, a fines de los ochenta: 

Había en él un deseo de libertad, de exploración y de liberación total.

Deseo confirmado por Enrique Symns en su libro El Señor de los Venenos, como sutilmente lo señala esta nota de La Cuarta.

¿Ven? ¿Ven? Esto tiene cada vez más sentido. Y explica mejor el rechazo de Narea al grupo (aunque pa qué tan conservador el loco, y traumado, por lo que se ve en la nueva edición de su libro), así como el posterior silencio y misterio que envolvió el término de la banda de rock más bacanosa que nos ha dado chilito. Y ni que hubiese sido pa' tanto.

¡Y dale con el Narea, weón oh! 

jueves, 12 de junio de 2014

descubrimiento

[Esta historia ha sido traducida desde el lenguaje del futuro]

-Muchas gracias por este reconocimiento. Sin duda, viene bien luego de una vida dedicada a la investigación arqueológica en estas tierras que antes cobijaron a una cultura tan extraña. Sin embargo, aún queda mucho por hacer, muchos misterios por develar, el trabajo no está ni mucho menos terminado. Espero que esto sirva para motivar a los jóvenes y, sobre todo, a las autoridades, sobre la importancia del estudio de nuestros tiempos pretéritos, pues aquellos que tienen claridad sobre su pasado también la tendrán sobre el futuro. Gracias.

Los aplausos llenaron la sala un par de minutos. Luego vinieron las correspondientes palmaditas en las espaldas y el lobby científico-político común en ocasiones como ésta. La ceremonia de premiación “McNeef” en reconocimiento a  la investigación, organizada por la Universidad Astral y el Centro Científico de Desarrollo de las Artes y la Historia, se lleva a cabo cada cinco años. Este año, 2328, la profesora Grandjean se llevó el máximo galardón, por su descubrimiento que implicó un innegable aporte en diversas ramas de la ciencia.

-Doctora, lo que hizo fue realmente notable –exclamó el connotado biólogo Xarles Jara-. ¡Quién diría que aquí existió una civilización! Me gustaría que me explicara un poco mejor la manera en que llegó a semejante descubrimiento.

-Mire, la verdad fue toda una cuestión de serendipia, que es la forma elegante que tenemos nosotros de decir que fue pura casualidad. Estaba en el río, efectuando una observación sistemática a los cisnes trioculares, para saber si estaban siendo afectados por los residuos de la fábrica de ojotas. De pronto me topé con este artilugio, por llamarlo de algún modo, herrumbroso y con una forma extraña, desconocida por mí hasta entonces. Luego bajamos a la superficie del río y notamos que estaba lleno de estos artefactos, aunque de distintos tamaños y formas –explicó la doctora Grandjean-.

-Y dicen que la función aún no ha podido ser revelada, ¿cómo va eso? –preguntó Jara.

-Lamentablemente muy lento. Mi equipo de lingüistas está trabajando duramente para interpretar de algún modo las extrañas inscripciones, pero todavía no hay pistas sobre la finalidad de los artefactos. Sin embargo, gracias al comprometido trabajo de nuestro equipo de observación submarino, podemos decir que gran parte de ellos estaban unidos a una estructura mayor que, al parecer, cumplía la función de unir dos porciones de tierra, en las cuales se llevaba a cabo la vida cotidiana de nuestros antepasados. Aunque todo parece indicar que la proliferación de estos dispositivos de algún modo provocó el desplome de la estructura.

-¡Fascinante!

-Sí, y  tengo el presentimiento de que estos artilugios cumplían una función fundamental a nivel de cohesión social. No puedo explicarlo, pero tengo esa impresión. Creo que las inscripciones corresponden a un antiguo dialecto utilizado por quienes nos precedieron en este territorio, cumpliendo la función de signos informacionales que seguramente implicaban un desarrollo de la mente y la cultura. ¿Quiere ver uno de ellos?

-¿Es posible? Pensé que todas las muestras estaban en su laboratorio –respondió sorprendido el profesor Xarles Jara.

-Me quedé con el primero que encontré, lo utilizo como amuleto. Es para mí una especie de recordatorio sobre la importancia del desarrollo científico y cultural. –La doctora introduce una de sus manos en su escote, sacando uno de los mentados artefactos, unido a su cuello por una cadena de plata-. Mire, doctor Jara, lea la extraña inscripción:

 Mi BB T Amo demaciado

-Qué sarta de incoherencias, es francamente asombroso –dijo Jara.

-Sí, pero tengo la seguridad de que se trata de algo realmente profundo -dijo la doctora Grandjean, mientras sacaba otro cóctel de la bandeja.


domingo, 1 de junio de 2014

Nausicaä del Valle del Viento (Hayao Miyazaki)

Mi cómic favorito, ¿qué más podría decir?

En realidad un montón de cosas. El manga comenzó el año 82 y terminó el 94, es decir, 12 años de trabajo. Y con razón la historia es así de compleja.

El 84 sacaron la película, que abarca tan sólo un, emm, digamos, quinto de la obra completa. Un fragmento bien simplificado para que funcionara como producto audiovisual. Supongo que varixs la habrán visto ya, con la fama de la cual goza Miyazaki hoy en día no es raro, puesto que gracias a ella y su éxito se creó el estudio Ghibli.

La influencia de Duna parece evidente (y no sólo por los gusanos Ohmu, sino también por el ecologismo y el mesianismo que impregnan a Nausicaä)
Curiosamente, para salir al mercado gringo la película fue brutalmente cortada (alrededor de 22 minutos) y la trama fue alterada a través del doblaje, cosa de hacerla más "accesible" a los cabros chicos cabezas huecas. La portada del VHS es decidora, pues relega a la protagonista al fondo, dejando en el centro al dios de la guerra, montado por un, ejem, cof, dios de la guerra, junto a dos personajes que no salen en la película (aunque uno de ellos puede ser Asbel, príncipe de Pejitei). A la izquierda hay una especie de paco gringo sobre un pegaso, otro absurdo. Nausicaä, la protagonista, a lo lejos, pues ¿quién querría ver una película con una niña como protagonista? No los ejecutivos gringos de los ochenta, se los aseguro.

Luego de esta falta de respeto el estudio Ghibli fue muy severo en su política de no permitir cortar sus películas en los lanzamientos internacionales de las mismas. 
Pero vamos a lo que nos interesa en esta ocasión: el brutal manga de más de 1000 páginas que nos cuenta sobre una humanidad futura, "castigada" por su orgullo y violencia a vivir junto al mar de la corrupción, un bosque colosal y tóxico. Han pasado más de mil años desde los siete días de fuego, un evento que exterminó a gran parte de la vida terrestre, dejando poquísimas tierras fértiles y humanos capaces de trabajarlas. Asimismo, se ha perdido gran parte de la tecnología y el conocimiento capaz de producirla, por lo que la gente cuida y repara la que posee, ante todo, aviones y armas. 

La historia empieza presentando a Nausicaä, una joven que tiene una relación especial con el bosque tóxico, respetando todas las formas de vida de un modo algo incomprensible para el resto de la gente, que teme y reacciona violentamente ante los insectos y ohmus que salen el mar de la corrupción por un motivo u otro. Nausicaä es princesa del Valle del Viento, uno de los pequeños reinos ubicados al norte de la tierra conocida, en lo que antes fue Eftal, un reino mayor que fue engullido por el bosque en un daikaisho (una especie de crecimiento explosivo del mar de la corrupción).

Uno de los mapitas que trae la pulenta edición gringa que salió el 2012.

Lo que antes fue Eftal, ahora son diversos reinos entre el óceano de sal y el bosque tóxico, estableciendo todos ellos una relación de vasallaje con Torumekia, reino mayor enfrascado recientemente en una guerra con el imperio Dorok (constituido de tribus regidas por un emperador sagrado), ubicado al sur. Así, por compromiso político, Nausicaä debe partir a la guerra en nombre de su pueblo, acompañando a la princesa Kushana, hija menor del emperador de Torumekia. Kushana y su ejército vienen de haber destruido completamente Pejitei, pues allí se encontró un dios de la guerra en fase de crecimiento, arma perfecta para aplastar al imperio Dorok, aunque se perdió el artefacto necesario para despertar al monstruo (Asbel, príncipe de Pejitei, huyó con él).

Pronto empieza a quedar la patá, porque los monjes guerreros de Dorok, mediante el conocimiento científico que les otorga la Cripta de Shuwa -un lugar en donde los antiguos humanos dejaron guardado todo el conocimiento antiguo- crean un ohmu artificial que utilizan como carnada, cosa de enfurecer al resto de los gusanos y aplastar con ellos al ejército de Torumekia. Aquí comienza el periplo mesiánico de Nausicaä, dispuesta a sacrificarse por el ohmu logra calmar las aguas, comunicándose con ellos y ganando el respeto tanto de gente de Torumekia (el ejército de Kushana) como de Dorok (la tribu Mani).

El monje de Mani relaciona los hechos con la profecía de un ángel vestido de azul que vendría a purificar la tierra.
Aquí termina la película, pero en el manga vamos recién en la página 200 aproximadamente. Aunque en la película Kushana intentó usar al dios de la guerra, en el manga no lo logra, pues el emperador sagrado de Dorok logra hacerse con él, aunque falta para eso. Vale la pena explicar que el imperio Dorok se compone de múltiples tribus, regidas por monjes guerreros, aunque conquistadas hace unos 200 años por el padre del emperador actual, quien barrió con todo el conocimiento religioso anterior (dentro del cual está la profecía sobre Nausicaä).

El hermano del emperador y el emperador, aunque el primero es quien realmente gobierna, a causa de sus poderes telepáticos, los cuales le dan supremacía en el ámbito religioso-político.
Nausicaä nunca pierde su independencia, moviéndose de un lado a otro de la guerra, conociendo y dándose a conocer entre gente de Torumekia y Dorok, así como entre otras tribus, como la gente del bosque. Este grupo aprendió a vivir en el bosque tóxico, desarrollando una relación de entendimiento y respeto con él y sus criaturas.

La gente del bosque parece ser la más civilizada, espiritual y ecológica de la historia.
Sin afán de contar mucho más de la historia, para no caer en el spoiler gratuito (como en mi publicación anterior), hay que mencionar que en Nausicaä del Valle del Viento hacen aparición todos los grandes temas y elementos de la obra de Miyazaki, que tanto nos maravillan en sus películas. Personajes femeninos fuertes, algo que prácticamente es su sello, se congenian con una historia de gran profundidad ecológica y espiritual, en una alegoría sobre el mundo actual y su industrialización y despersonificación salvaje. Asimismo, elementos mágicos hacen una aparición sutil, en ningún caso simplificando una historia de gran complejidad política y argumental (el verdadero origen del mar de corrupción, por ejemplo, es francamente estremecedor).

Doppelgänger telepático del hermano del emperador, una especie de prefiguración gráfica de la maldición que aparecerá unos años más tarde en la princesa Mononoke. 
Como fanático acérrimo del señor Miyazaki, debo decir que es mi obra favorita (¿ya lo había dicho? pues nunca está de más repetirlo, nunca está de más repetirlo, nunca está de más...), sus mil y pico páginas me destaparon el cráneo y me llevaron a volar por un futuro incierto y extremadamente imaginativo, a través de una historia profunda y con sorprendentes giros argumentales. Vale la pena leerla, sin duda.

El otro día vi una entrevista a Miyazaki en la cual contaba que Hideaki Anno (creador de Evangelion y animador de la película de Nausicaä) le pedía hacer la segunda parte de la historia. Miyazaki le respondió que no lo veía factible, porque ello implicaría mucho trabajo y ya está viejo para esas cosas, por lo cual le dio su beneplácito para hacerlo. ¿Querrá esto decir que tendremos una segunda parte animada de Nausicaä? Sería realmente hermoso, tomando en cuenta todos los derroteros que toma la historia desde donde la dejó la primera película. Además, Anno no es ningún gato loco, pues como dije trabajó en la primera adaptación, y además un live-action sobre los siete días de fuego se estrenó junto a la última película de Evangelion. ¡Brindo por la posibilidad!

Dios de la guerra en live-action... ¿se viene Nausicaä 2?

lunes, 19 de mayo de 2014

Los Genocidas (con harto spoiler)

El autor de esta obra es Thomas M. Disch, quien nace el 2 de febrero de 1940 en Des Moines, Iowa, E.E.U.U. y muere el 4 de Julio del 2008, suicidándose. A causa de una epidemia de polio en 1946, su madre decide mantenerlo en casa, donde le enseña lo que debería estar aprendiendo en el colegio. Ello provoca que pase de kindergarden a segundo grado en un solo año. Luego, realiza su educación formal en varias escuelas católicas, lo que de algún modo explicaría su crítica a la moral y costumbres cristianas en algunas de sus obras. A los 18, sin dinero, sin amigos, y sintiéndose rechazado por su orientación sexual (se declaró gay desde la adolescencia) intenta suicidarse inhalando gas de cocina, pero sobrevive. Luego intenta entrar en el ejército, pero su incompatibilidad con el mismo lo termina llevando a un hospital mental por tres meses. 
Los Genocidas, de Thomas M. Disch
Editorial Sudamericana, Colección Galaxia.
1974 [1965], 198 páginas.
Luego de varios trabajos indirectamente artísticos, en teatros, ópera y librerías, intenta estudiar en la universidad, retirándose al poco tiempo. Sin embargo, su asistencia a clases sobre la escritura de nouvellas y ficción utópica estimula su gusto por la ciencia ficción y su escritura. Comienza su carrera literaria en 1962, en la revista Fantastic, publicando el cuento The Double Timer. Disch ingresa en el campo de la ciencia ficción en un punto crítico de desarrollo del género, pues se pasaba de aventuras bastante frívolas, a temáticas más adultas, serias, e incluso oscuras: la nueva ola. A simples rasgos, se trata de una corriente que deja atrás los postulados campbellianos [1] de la edad de oro, es decir, ya no es necesario tener conocimientos de ciencia dura ni transmitirlos a través de la obra. Ahora el punto de apoyo es el valor literario (por ello se discute si algunas obras pueden realmente adscribirse al género de la ciencia ficción, o deberían ser calificadas como creaciones de fantasía) y moral de las historias. La nueva ola se caracteriza por dejar de lado las óperas espaciales [2], reemplazando las grandes amenazas interestelares por un enemigo más tenebroso aún: la humanidad misma. Normalmente delimitada entre los años 1965 a 1979, la nueva ola responde a las transformaciones sociales en la norteamérica de fines de los sesenta: anti-belicismo, psicodelia, medios masivos de comunicación y contracultura.

Disch fue autor de más de cuarenta libros, incluidas novelas, poesía, cuentos y crítica, aunque nunca fue un escritor de éxito que se granjeara un nombre. Se dice en un texto del Washington Post, a propósito de su muerte: “[fue] quizás el más talentoso y desconocido autor americano” (Schudel, 2008). Y Michael Dirda, en el mismo artículo dice: “podía ser satírico, blasfemo, iconoclasta y conmovedor, pero ante todo, siempre era brillante” [3]. En 1999 ganó el premio Hugo, uno de los más prestigiosos galardones entre los autores de ciencia ficción y fantasía. Pero sus inquietudes no terminan en este género, pues también escribió obras de teatro, poesía, libretos de ópera e, incluso, un videojuego. Regularmente contribuía con ensayos acerca de poesía, ficción, teatro, música y arte para el Washington Post, The Nation, Los Angeles Times, Entertainment Weekly y otros. Asimismo, Disch llevaba un blog que actualizaba frecuentemente, cuyas últimas entradas daban cuenta de su carácter depresivo, suicidándose finalmente el 4 de julio de 2008, día de la independencia estadounidense. ¿Casualidad? Veamos qué tiene que decir Disch sobre el status quo en una de sus obras. 

La primera novela de Thomas Disch, Los Genocidas, es de 1965. El escenario es un pequeño poblado norteamericano –Tassel-, sobreviviente a la extraña invasión efectuada por plantas gigantescas, dejadas allí por no se sabe quién. Esta curiosa invasión utiliza el planeta tierra como un formidable campo de cultivo, con especies de plantas que exterminan toda competencia, alterando profundamente los hábitats de nuestro planeta y asfixiando gran parte de la vida presente en él, incluida la humana. La narración comienza cuando la invasión ya se ha desplegado hace algunos años y Anderson, el patriarca sanguíneo y religioso de la comunidad, se acompaña de sus hijos mayores para extraer savia de las plantas.

Bonita ilustración de la novela en esta edición francesa.
La obtención de alimentos se ha convertido en un trabajo cada vez más difícil a causa del predominio territorial de las plantas, monocultivo de proporciones fabulosas: “Esos árboles –o Plantas, como las llamaba Anderson- tenían doscientos metros de alto, y las hojas más grandes eran del tamaño de pizarrones” (p. 15). El primer capítulo tiene un título revelador: el hijo pródigo. En él se evidencian las diferencias entre dos medio-hermanos, Buddy y Neil, hijos de Anderson. Luego se nos introduce el lamento de Buddy, quien cavila sobre la falta de tiempo para “pensar”, a diferencia de su hermano Neil, que parece regocijarse en el ejercicio del trabajo físico y la ausencia de agilidad mental. Más adelante nos enteramos de que, hace diez años, Buddy se había ido de Tassel, donde se encuentra la granja de su padre, para probar suerte en la ciudad. Su plan era escapar del modo de vida campesino que detestaba, pero “[…] había fracasado de modo tan terminante como habían fracasado las ciudades mismas” (pp. 17-18). La hambruna de las ciudades lo obligó a volver a la casa paterna, y “La rebelión del hijo pródigo [quedó] reducida a palabras altisonantes y mezquinos remilgos: una obstinada negativa a hablar como los campesinos, un arraigado desprecio hacia la música rural, un asco de “mascar” y una abominación por los palurdos, los rústicos y los patanes. En una palabra, por Neil” (p. 18). Situación nada fácil para Buddy, puesto que su padre, Anderson, autoproclamado jefe de la comunidad, la dirige bajo parámetros sumamente conservadores derivados de su fanático cristianismo. 

Más tarde, el predominio cada vez mayor de las plantas obliga a la menguada comunidad a abandonar Tassel. Se erige entonces Nueva Tassel, en un terreno también sitiado por las plantas, por lo que no duraría mucho como establecimiento humano. Por otra parte, el único vínculo de la comunidad con el exterior -¿existirían otras comunidades sobrevivientes? nadie lo sabía- era a través de los merodeadores, que cada vez llegaban en menor número. Además, la política de Anderson y sus seguidores era exterminarlos inmediatamente, para que no supusieran peligro al precario equilibrio de la comunidad. Precisamente, unos capítulos más adelante hacen su entrada en escena Jackie y Jeremiah Orville, pareja que vivió los últimos años en la bóveda de seguridad subterránea del First American National Bank, donde podrían haber continuado algunos años más si es que los invasores no hubiesen comenzado una nueva etapa de exterminio. Mediante “incineradores”, máquinas esféricas capaces de lanzar intensas llamaradas con la facultad de quemar ciudades y campos enteros, los invasores expulsan a los últimos humanos de la ciudad de Duluth (cercana a Nueva Tassel). Jackie y Orville, en su huida, se encuentran con Alice Nemerov y un grupo variopinto de refugiados, los cuales han utilizado extraños recursos para no morir de hambre, incluso el canibalismo. A pesar de estas sórdidas historias, nadie parecía escandalizado, pues “La invasión los había convertido a todos en relativistas: tan tolerantes de los usos y costumbres de los demás como si hubieran sido delegados en una convención de antropólogos culturales” (p. 57). Ello evidencia la forma en que el contexto amplió la escala valórica y moral de los seres humanos sobrevivientes. 

La breve dicha de volver a sentirse en comunidad terminaría con el intento de los refugiados por hacerse de Nueva Tassel. La maniobra fracasa, muriendo todos excepto Alice y Orville, a quienes dejan vivos a causa de su utilidad (la primera es enfermera y el segundo ingeniero en minas [4]). La recuperación de este último es lenta, pero asistida por Blossom [5], hija menor –de trece años- de Anderson, con quien comenzará una relación de cercanía cada vez mayor, a pesar de haber perdido a Jackie. Esta pérdida genera una deuda de venganza en Orville, que finalmente no podrá cumplir, acoplándose a la comunidad de Anderson en forma total, a través de una relación sentimental y sexual con Blossom. Mientras tanto, los medio-hermanos luchan por el amor del padre, demostrando utilidad e inteligencia en busca de aprobación. Aunque Buddy pierde esa batalla cuando su padre lo descubre teniendo relaciones sexuales con su cuñada Greta, esposa de Neil.

Así, la vida sigue avanzando, lenta y precaria, pero ineluctable. Y las antiguas formas de vivir ya no se condicen con el nuevo contexto que oprime –pero paradójicamente también liberará, más adelante– a los personajes. Las conversaciones entre Orville y Anderson, en las cuales el primero explica científicamente algunas situaciones (como los veranos cada vez más duros, provocados por el dióxido de carbono expelido por las plantas), derivan en la desesperación del segundo, quien no encuentra respuestas en su biblia. Pero la desesperación de ese atroz verano también afectaba a Neil, quien, luego de matar por un error estúpido a la última vaca y su ternero, declara odiar a toda la comunidad: “[…] y odiaba también al padre. Odiaba a todos esos desgraciados que se creían tan listos. Los odiaba a todos. A todos” (p.89). Los errores de Buddy y Neil provocan un desplazamiento constante en el favoritismo del padre, mientras Orville, quien comienza a prendarse de la joven Blossom, sueña con su venganza y la destrucción de la especie. Esta atracción, provoca un alejamiento cada vez mayor de Blossom con su padre y madre. Así, Anderson cada vez posee menor injerencia en las decisiones comunitarias, peligrando la homeostasis del grupo. 

Todo dará un giro cuando, por casualidad, al huir de los incendiarios (máquinas de los invasores cuya función era exterminar todo forma de vida ajena a las plantas), la comunidad ingrese por el tallo de una planta hueca. Todas las plantas están conectadas en sus raíces fabulosas, de modo rizomático, y cada tramo está lleno de una materia esponjosa con aroma dulzón, a fruta pasada. Tras probarlo, “Se notaba el gusto a anís característico de la planta; pero junto con él algo pleno y dulce, una satisfacción, que era totalmente nueva” (p. 109). Así, la comunidad obtuvo un nuevo maná, pero con él vino la satisfacción de otros apetitos: el hambre insaciable de sexualidad que fue negado por tanto tiempo en la sala común de Tassel, bajo el mando de Anderson, se desborda en este nuevo contexto de oscuridad y desnudez (la ropa era un impedimento para moverse en este escenario subterráneo). Luego, vendría la deserción, quedando reunido sólo el grupo que constituye la familia nuclear de Anderson (incluyendo a Orville). Anderson, impotente y despojado de atribuciones, muere, intentando dejar la jefatura de la comunidad en manos de Orville. El símbolo de ese poder es un revolver con su última bala, el único de la comunidad. Neil se las arregla para engañar a su padre y quedarse con el revólver, con lo que comienza una persecución de locura por los túneles mientras intenta apoderarse de Blossom, para desplegar su incestuoso deseo sexual. A su vez, desea matar a Buddy, pues éste nunca lo respetó, “Siempre había sido impetuoso, rebelde, ateo. ¡Eso es él! Pensó Neil, asombrado de la perfección con que esa palabra definía todo lo peligroso en el hermano. ¡Un ateo!” (p. 152). 

La mejor y más increíble portada que encontré (edición inglesa).

Finalmente, luego de engañar a Neil mediante su propia estupidez, la menguada familia logra establecerse. Este nuevo establecimiento del orden se genera justo a tiempo para la cosecha de los invasores. Toda la materia algodonosa comienza a ser succionada, y ellos también, pero logran apartarse del flujo y salir a la superficie por sus propios medios, sólo para encontrar una tierra negra, desolada, con restos de frutos de las plantas, que quizás les permitieran sobrevivir un verano más. El agua ya no era receptáculo de vida, la tierra tampoco, excepto de una nueva plantación de plantas, que en dos días ya les llegaban a los tobillos. Este escenario de desamparo sugiere la condena de los protagonistas, pese a todos los esfuerzos realizados en la novela por sobrevivir y por establecer nuevos vínculos familiares que permitieran crear un sistema homeostático adecuado al nuevo contexto (sin las desvencijadas directrices cristianas de Anderson, sin la envidia y competencia manifestadas en Neil, así como tampoco las infidelidades matrimoniales de cualquiera). Las líneas finales son estremecedoras: “La naturaleza es pródiga. De cada cien plantas solamente una o dos sobrevivirían; de cien especies solamente una o dos. Pero el hombre no” (p. 198). 

En fin, gran novela. Y a pesar de lo clasicona, muy entretenida, el tiempo no hace mella en ella, pues su médula está en los cuestionamientos morales y valóricos, no en la ciencia y su relación con los personajes. Sin embargo, es pesimista como el autor, del cual ahora quisiera leer más.

Notas


[1] John Campbell, editor de la Revista Astounding Stories desde 1938, rebautizada luego como Astounding Science Fiction, considerado “santo patrono de las nuevas voces” (Asimov, 1999, p. 228). Bajo su influencia se desarrolló un tratamiento de mayor rigurosidad respecto a la ciencia, así como al aspecto literario de las historias. Fue uno de los más connotados escritores de ciencia ficción de los años 30, época conocida como “edad de oro”. Sin su influencia, la ciencia ficción no habría llegado a posicionarse como un género respetable (o medianamente respetable, depende de la perspectiva), capaz de superar sus inicios pulp.

[2] Las Óperas Espaciales hacen referencia a un subgénero de la ciencia ficción de corte romántico. Principalmente constituido por aventuras cuyo contexto es el espacio y otros mundos (el ejemplo actual más claro es la saga de Star Wars). 

[3] Obituaries: Thomas Disch; Sci-Fi Writer Was Part of 'New Wave' [Schudel, Matt] (2008, Julio 9). The Washington Post. Pp. B05. 

[4] Aunque más que por ser ingeniero, lo dejan vivo a causa de su nivel intelectual, pues el resto de la comunidad se constituía en general de campesinos. 

[5] El nombre Blossom (flor, florecimiento) hace clara referencia a la incipiente madurez sexual del personaje.

martes, 13 de mayo de 2014

Enemigo Mío

Enemigo mío es la primera de tres novelas que abordan la relación entre la humanidad y los Dracs. Publicada por primera vez en su versión corta el año 1979, en la revista Asimov’s Science Fiction, es continuada por The Tomorrow Testament (1983) y The Last Enemy (1997), actualmente publicadas en conjunto en The Enemy Papers (1998), que incluye una versión más larga de la primera. La que yo leí es la primera versión de la historia, es decir, la novela corta publicada el año 79 y traducida el 81 por César Terrón en la revista española Nueva Dimensión, número 139. Al igual que la novela corta de Varley, ésta también fue ganadora de los premios Hugo y Nebula, de 1980. 

Barry B. Longyear, nace en 1942, en Pennsylvania, E.E.U.U. Luego de cursar sus estudios secundarios va por dos años a la Escuela de Arte Comercial de Pittsburg, para luego retirarse en 1962 y enlistarse en el ejército. Según cuenta en su página web, sirvió en la 30° Brigada de Artillería, en Okinawa, como técnico de misiles y lanzamientos, y luego con el 6° Batallón de Misiles, en Florida. Fue dado de alta en 1965, yendo luego a la Universidad del Estado de Wayne. Luego de algunos trabajos esporádicos publica su primer cuento en Asimov’s Science Fiction Magazine, en 1978, decidiendo dedicarse de lleno a la escritura de ciencia ficción y fantasía. Luego de alcanzar el éxito con la novela corta Enemigo Mío, que incluso tuvo adaptación cinematográfica (1985) dirigida por Wolfgang Petersen, es internado en un hospital para rehabilitarse de su adicción al alcohol y drogas. Sigue publicando hasta hoy en día.


Enemigo Mío cuenta la historia de Willis E. Davidge y Jeriba Shigan dos pilotos de guerra –humano y Drac, respectivamente- que en medio de una batalla en el sistema de Fryrine IV, caen con sus naves de combate en la isla de un planeta aparentemente deshabitado. La novela trata de cómo aprenden a convivir, el absurdo de la guerra, y la profundidad de la amistad. La narración comienza con los dos personajes frente a frente, insultándose mientras esperan que el otro dé el primer golpe. Davidge lo agravia y provoca con una frase aprendida en su instrucción militar: “¡Kiz da youmeen, Shizumaat!” (p. 78), es decir, Shizumaat, el filósofo más venerado de Draco, come excrementos de Kiz. La rabia del dracón es tal que exclama: “¡Irkmaan, tú estúpido Mickey Mouse ser!”. Davies no puede contener su risa, pues había prestado juramento para luchar hasta la muerte por muchas cosas, pero aquel ratón no era una de ellas. Así, distraído, riendo a carcajadas, es sorprendido por una ola gigante que lo deja inconsciente, pero Jeriba Shigan lo salva de morir ahogado.

Tras un despertar complicado, Davidge estaba amarrado, los dos protagonistas dialogan cada vez más, aprendiendo el idioma del otro y comprendiendo que no serían capaces de sobrevivir por su cuenta con las duras condiciones del planeta en que cayeron. Por ello construyen un refugio que pronto es destruido por las olas. Así, Davidge presiona a Jerry (como llama al drac) para utilizar la cápsula e intentar alcanzar el continente, que sin duda ofrecería mayores posibilidades de sobrevivencia que la isla en la cual se encuentran. Jeriba se niega tajantemente, regalándole la cápsula al humano, lo que éste no comprende. Tampoco comprende la necesidad de ir con él, ahora que tiene la posibilidad: “-Debemos ir juntos, Jerry. -¿Por qué? Noté que me sonrojaba. Si los humanos tienen esta necesidad de compañía, ¿por qué también se avergüenzan de admitirlo?” (p. 88). A causa de este diálogo, Davidge explica la soledad al drac, quien empatiza con él y le revela porqué se niega al intento de llegar al continente: está embarazado de su segundo hijo, pues el primero lo perdió en la batalla espacial que los dejó varados en ese planeta hostil. Así, pues, nos enteramos del hermafroditismo drac.

Las inclemencias del tiempo obligan a los protagonistas a protegerse en la cápsula, acción que deja nuevamente inconsciente a Davidge, quien sueña con su instrucción militar, lo que ilumina su educación con respecto a su propia familia (humanos) y a los otros (dracs). En la instrucción se estudia superficialmente a los dracs, burlándose de características físicas como su color, olor, cantidad de dedos (tres). En el recuerdo, el teniente señala un pliegue en el vientre de la figura de un drac, indicando: “-Aquí es donde el drac tiene sus joyas familiares… todas. –Más risitas-. Sí, los dracones son hermafroditas, con los órganos reproductores, tanto masculinos como femeninos, contenidos en el mismo individuo” (p. 91), para luego preguntar: “Si ven una de estas cosas, ¿qué harán?”. La respuesta de los soldados es contundente: “-MATARLA…” (p. 92).

Al despertar, es grande la sorpresa de Davidge, pues está vivo, fue salvado nuevamente por el drac, pues éste empatizó con su soledad. Entonces encuentran una cueva, pasan los meses y se preparan para resistir un duro invierno. Todo ese tiempo compartido los lleva a dominar el idioma del otro, lo que trae consigo la posibilidad de alcanzar conversaciones profundas y de mayor comprensión mutua. Una de las más importantes nace a partir de la pregunta sobre el nombre que tendrá el hijo del drac. Jeriba Shigan explica que la línea Jeriba tiene cinco nombres: Shigan, Gothig, Haesni, Ty y Zammis, los cuales se van repitiendo en un ciclo interminable. Davidge se sorprende de que sólo tengan cinco nombres, mientras que los humanos pueden elegir entre infinitas posibilidades. Ante esa observación, Jerry dice: “Davidge, qué perdidos debéis sentiros. Los humanos… qué perdidos debéis sentiros” (p. 96). Luego se explica mejor, preguntando a Davidge por sus padres y los padres de sus padres. El conocimiento del humano acerca de su ascendencia sólo puede rastrearse hasta sus abuelos, a diferencia del drac, que es capaz de recitar la historia de su linaje hasta la colonización de su planeta por Jeriba Ty, hace ciento noventa y nueve años. Es más, en los archivos de su linaje, en Draco, puede seguirse la línea hasta el planeta natal, Sindie, otras setenta generaciones más atrás. Asimismo, Jerry explica que sólo los primogénitos conservan la línea, los productos de segundos, terceros o cuartos nacimientos deben encontrar sus líneas particulares. Con respecto al límite de cinco nombres, Jerry señala: “Los nombres son cosas a las que añadimos distinciones: son cinco nombres iguales, comunes, de modo que no oscurezcan los hechos que distinguieron a sus portadores” (p. 97). Así, el conocimiento del linaje y su recitación ante un público de sabios es requisito para ser admitido como adulto en la cultura drac. En respuesta a eso, Davidge reflexiona: “[…] empecé a comprender a qué se refería Jerry con la expresión ‘sentiros perdidos’. Un  dracón con varias docenas de generaciones en el estómago sabe quién es y a qué debe mantenerse fiel” (p. 97).


Esto es sólo el principio de una novela que se erige como un canto de celebración a la diversidad y al entendimiento. Lo que sucede luego, sólo profundiza en las ideas antes expresadas, pues por azar Davidge tendrá que hacerse cargo de Zammis, el hijo de Jerry, con todo lo que ello implica. La película, por su parte, a pesar de ser bien interesante, se queda corta en cuanto al potencial emocional de la historia, con una gran simplificación de las cavilaciones de Davidge, el contexto en que todo sucede, y un final precipitado y demasiado heroico, muy distinto al de la novela, que es reposado aunque intenso. En esta última, la crítica a la cultura de la guerra gringa, a sus instituciones tanto militares como mentales y a la rancia xenofobia de la cultura de masas (con su paradójico culto al individuo), alcanza una gran magnitud, que en la película se reduce a la esclavitud capitalista del otro (que no es algo menor, pero sí demasiado simple).

jueves, 8 de mayo de 2014

La Persistencia de la Visión

[Como le voy a prestar este libro a una amiga, me acordé que hace un tiempo hice un trabajo en el cual incluí comentarios sobre este maravilloso cuento, así que aquí va, disfrazado de reseña]

John Varley nace el 9 de agosto de 1947, en Austin, Texas, E.E.U.U. Intentó estudiar física y luego se cambió a Inglés, pero abandonó la universidad antes de los veinte años, para viajar por la carretera por un año y medio, llegando a San Francisco el año 67, justo para el Verano del Amor. Luego de desempeñarse en varios trabajos decidió ser escritor, publicando muchas novelas y cuentos de ciencia ficción, entre los que destacan aquellos enlazados en el universo común de Los ocho mundos, el cual presenta a la humanidad desterrada de la tierra por los Invasores, una raza alienígena desconocida que, mediante el desmantelamiento de toda tecnología, expulsa a los seres humanos de su planeta natal para proteger a las especies más inteligentes e importantes del mismo: las ballenas y delfines. Así, a la fuerza, la humanidad se expande por diferentes planetas y satélites del sistema solar (Mercurio, Venus, La Luna, Marte, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón), quedando la tierra y Júpiter fuera de su alcance (pues los invasores, según se dice, provienen de planetas gaseosos como éste).


Sin embargo, la obra que reseñaré no forma parte del universo de los ocho mundos, a pesar de haber sido publicado en una antología que contiene cuentos ubicados en ese contexto. El escenario de ésta son los Estados Unidos de fines de los ochenta hasta la aurora del nuevo siglo (año 2000). La Persistencia de la Visión, novela corta o cuento largo, se publica el año 1978, en The Magazine of Fantasy and Science Fiction, ganando el año siguiente los tres más prestigiosos premios del género, el Hugo, el Nebula y el Locus. El éxito de la novela se explica en la buena acogida por parte de los lectores del género, quienes destacan el tratamiento del lenguaje de los sordociegos, el cual sugiere un universo de sensaciones y conceptos más sutiles, superando nuestros sentidos ordinarios (Escudero, 2006). 

La acción nos lleva a fines de los años 80, año de la cuarta-no-depresión, extraño concepto para explicar el descalabro de la economía mundial durante los últimos veinte años. El protagonista de la historia es un hombre de cuarenta y siete años que, habiéndose unido a la fila de los desempleados, decide lanzarse por la carretera norteamericana haciendo autoestop, desde Chicago hasta la costa oeste, para tomar un barco en el pacífico y llegar hasta Japón. El viaje del protagonista lo traslada desde una ciudad desolada y sumida en el caos a un montón de pequeñas comunidades experimentales en Taos, Nuevo México. Éste, desde los 60, era el centro de los experimentos culturales de modos de vida alternativos: “Como resultado de todo ello, el lugar estaba repleto de desvencijados molinos de viento, paneles solares, domos geodésicos, matrimonios de grupo, nudistas, filósofos, teóricos, mesías, ermitaños, y más simples locos de los que debería haber” (1986, p. 11).

Paralelamente, se nos narra la historia de unas personas muy especiales: el año 1964, a causa de una epidemia de rubéola que afectó a cinco mil mujeres dentro de los primeros cuatro meses de embarazo, nació la misma cantidad de niños y niñas sordos, ciegos y con lesiones cerebrales. Ello, superó con creces la cantidad anual de niños que nacían con estos problemas (ciento cuarenta, como mucho), por lo que el Estado se vio superado en cuanto a la forma de manejar el problema. Así, la mayoría de los sordociegos fueron situados en distintas instituciones estatales que pretendían educarlos y brindarles las mínimas herramientas para la sobrevivencia y para el desenvolvimiento en una sociedad a la cual nunca podrían integrarse plenamente.

Muchos de los cinco mil niños eran subnormales, y resultaba virtualmente imposible comunicar con ellos, aun en el caso de que alguien lo hubiera intentado. La mayor parte terminaron encerrados en los centenares de anónimas instituciones y hospitales para niños especiales. Eran metidos en la cama, y limpiados una vez al día por unas pocas enfermeras sobrecargadas de trabajo, y por lo general se les dejaba completa libertad; se les dejaba que languidecieran libremente en su propio universo oscuro, tranquilo, privado. ¿Quién podía decir que aquello fuera malo para ellos? No se había oído quejarse a ninguno (p. 13)
El Estado se ocupa del destino de los hijos sordociegos, encerrándolos donde no sean una molestia para la sociedad mayor y mutilando sus posibilidades de experimentar la vida plenamente. Sin embargo, muchos niños cuyos cerebros no fueron afectados fueron encerrados también con los subnormales. Se descubrió que muchos de ellos tenían coeficientes intelectuales cercanos a lo normal, y cuando llegaron a la pubertad quedó en evidencia que no había suficiente gente preparada para manejarlos convenientemente. Pero entre ellos, había una mujer que soñó con algo más, pero no contentándose con los sueños, se dedicó a convertirlos en realidad. Así, luego de una larga lucha con el Estado y su burocracia asistencialista, un grupo de setenta sordociegos obtuvo la independencia, así como el pago de su pensión anual garantizada, que nunca habían recibido. Con el dinero y ayuda de un abogado y una arquitecto, idearon un nuevo espacio, en Nuevo México, un lugar que muchos llamaban Keller[1]. Este lugar no era para llevar una vida que fuera una ciega y sorda imitación de sus semejantes, sino un espacio para comenzar de nuevo, creando una forma de vivir que no aceptara convenciones previas. Es decir, se trata de un contexto totalmente nuevo, donde podía experimentarse una nueva forma de habitar y comunicarse.


A este extraño lugar, Keller, llega el protagonista de la novela, luego de un largo recorrido por otras comunidades alternativas que lo decepcionan, pues no lograron apartar el sentimiento de vacío y soledad que invadía su corazón. Allí es recibido por una joven de aproximadamente trece años, la cual es hija de los sordociegos originales y, por tanto, puede ver y escuchar normalmente, aunque de todas formas el lenguaje que utiliza es el táctil (sólo habla para explicar y traducir al protagonista). El protagonista es bien recibido en la comunidad (no llegaban visitas muy seguido, tampoco se quedaban mucho tiempo), por lo que decide aprender el lenguaje táctil (con el alfabeto manual internacional), sólo para descubrir que ese es tan solo el primer escalón de un lenguaje mucho más complejo, de cinco capas: lenguaje táctil, abreviado, corporal, “toque” y, finalmente, “***”, al que sólo accedían los mayores, en una especie de ceremonia semanal efectuada al atardecer. Así, asistimos al aprendizaje del protagonista, quien, primero con impacto, luego con sumo interés, profundiza en el lenguaje abreviado y corporal, con todo lo que ello implica: “Ellos hablaban con sus cuerpos. No era solamente con las manos. […] Pero hablar era hablar, y si la conversación evolucionaba hasta un punto en el que necesitabas hablarle a otro con tus genitales, eso era simplemente una parte más de la conversación” (1986, p. 30). De este modo, el protagonista aprende que esta comunidad tiene un carácter pansexual, en el cual la orientación del deseo hacia un género determinado no es más que una traba en la comunicación real y profunda de las personas. De hecho, luego de experimentar un orgasmo involuntario en una “conversación”, entendió que más allá de la individualidad, la comunidad funcionaba como un organismo. Decidió entonces quedarse y aprender a “hablar”.

La Persistencia de la Visión es uno de mis cuentos favoritos, de hecho, el que determinó mi ingreso definitivo en el mundo de la ciencia ficción y la fantasía, géneros sin los cuales hoy no podría vivir. Además, su planteamiento de una comunicación total, que incluye al cuerpo y todas sus expresiones, remeció un poco mi forma de desenvolverme en el mundo, volviéndome más táctil y, por qué no decirlo, sexual, en el cotidiano.

Referencias

­­Escudero, Demián. (2006). La Persistencia de la Visión (reseña). Sitio de Ciencia Ficción (página web) http://www.ciencia-ficcion.com/opinion/op01052.htm (revisado 14 de diciembre 2013).

Varley, John. (1986). La Persistencia de la Visión. Editorial Hyspamerica: Madrid.

Notas



[1] En referencia a Hellen Keller, sordociega que en su adultez se convertiría en activista política. Primera persona sordociega en obtener un título universitario.