martes, 13 de mayo de 2014

Enemigo Mío

Enemigo mío es la primera de tres novelas que abordan la relación entre la humanidad y los Dracs. Publicada por primera vez en su versión corta el año 1979, en la revista Asimov’s Science Fiction, es continuada por The Tomorrow Testament (1983) y The Last Enemy (1997), actualmente publicadas en conjunto en The Enemy Papers (1998), que incluye una versión más larga de la primera. La que yo leí es la primera versión de la historia, es decir, la novela corta publicada el año 79 y traducida el 81 por César Terrón en la revista española Nueva Dimensión, número 139. Al igual que la novela corta de Varley, ésta también fue ganadora de los premios Hugo y Nebula, de 1980. 

Barry B. Longyear, nace en 1942, en Pennsylvania, E.E.U.U. Luego de cursar sus estudios secundarios va por dos años a la Escuela de Arte Comercial de Pittsburg, para luego retirarse en 1962 y enlistarse en el ejército. Según cuenta en su página web, sirvió en la 30° Brigada de Artillería, en Okinawa, como técnico de misiles y lanzamientos, y luego con el 6° Batallón de Misiles, en Florida. Fue dado de alta en 1965, yendo luego a la Universidad del Estado de Wayne. Luego de algunos trabajos esporádicos publica su primer cuento en Asimov’s Science Fiction Magazine, en 1978, decidiendo dedicarse de lleno a la escritura de ciencia ficción y fantasía. Luego de alcanzar el éxito con la novela corta Enemigo Mío, que incluso tuvo adaptación cinematográfica (1985) dirigida por Wolfgang Petersen, es internado en un hospital para rehabilitarse de su adicción al alcohol y drogas. Sigue publicando hasta hoy en día.


Enemigo Mío cuenta la historia de Willis E. Davidge y Jeriba Shigan dos pilotos de guerra –humano y Drac, respectivamente- que en medio de una batalla en el sistema de Fryrine IV, caen con sus naves de combate en la isla de un planeta aparentemente deshabitado. La novela trata de cómo aprenden a convivir, el absurdo de la guerra, y la profundidad de la amistad. La narración comienza con los dos personajes frente a frente, insultándose mientras esperan que el otro dé el primer golpe. Davidge lo agravia y provoca con una frase aprendida en su instrucción militar: “¡Kiz da youmeen, Shizumaat!” (p. 78), es decir, Shizumaat, el filósofo más venerado de Draco, come excrementos de Kiz. La rabia del dracón es tal que exclama: “¡Irkmaan, tú estúpido Mickey Mouse ser!”. Davies no puede contener su risa, pues había prestado juramento para luchar hasta la muerte por muchas cosas, pero aquel ratón no era una de ellas. Así, distraído, riendo a carcajadas, es sorprendido por una ola gigante que lo deja inconsciente, pero Jeriba Shigan lo salva de morir ahogado.

Tras un despertar complicado, Davidge estaba amarrado, los dos protagonistas dialogan cada vez más, aprendiendo el idioma del otro y comprendiendo que no serían capaces de sobrevivir por su cuenta con las duras condiciones del planeta en que cayeron. Por ello construyen un refugio que pronto es destruido por las olas. Así, Davidge presiona a Jerry (como llama al drac) para utilizar la cápsula e intentar alcanzar el continente, que sin duda ofrecería mayores posibilidades de sobrevivencia que la isla en la cual se encuentran. Jeriba se niega tajantemente, regalándole la cápsula al humano, lo que éste no comprende. Tampoco comprende la necesidad de ir con él, ahora que tiene la posibilidad: “-Debemos ir juntos, Jerry. -¿Por qué? Noté que me sonrojaba. Si los humanos tienen esta necesidad de compañía, ¿por qué también se avergüenzan de admitirlo?” (p. 88). A causa de este diálogo, Davidge explica la soledad al drac, quien empatiza con él y le revela porqué se niega al intento de llegar al continente: está embarazado de su segundo hijo, pues el primero lo perdió en la batalla espacial que los dejó varados en ese planeta hostil. Así, pues, nos enteramos del hermafroditismo drac.

Las inclemencias del tiempo obligan a los protagonistas a protegerse en la cápsula, acción que deja nuevamente inconsciente a Davidge, quien sueña con su instrucción militar, lo que ilumina su educación con respecto a su propia familia (humanos) y a los otros (dracs). En la instrucción se estudia superficialmente a los dracs, burlándose de características físicas como su color, olor, cantidad de dedos (tres). En el recuerdo, el teniente señala un pliegue en el vientre de la figura de un drac, indicando: “-Aquí es donde el drac tiene sus joyas familiares… todas. –Más risitas-. Sí, los dracones son hermafroditas, con los órganos reproductores, tanto masculinos como femeninos, contenidos en el mismo individuo” (p. 91), para luego preguntar: “Si ven una de estas cosas, ¿qué harán?”. La respuesta de los soldados es contundente: “-MATARLA…” (p. 92).

Al despertar, es grande la sorpresa de Davidge, pues está vivo, fue salvado nuevamente por el drac, pues éste empatizó con su soledad. Entonces encuentran una cueva, pasan los meses y se preparan para resistir un duro invierno. Todo ese tiempo compartido los lleva a dominar el idioma del otro, lo que trae consigo la posibilidad de alcanzar conversaciones profundas y de mayor comprensión mutua. Una de las más importantes nace a partir de la pregunta sobre el nombre que tendrá el hijo del drac. Jeriba Shigan explica que la línea Jeriba tiene cinco nombres: Shigan, Gothig, Haesni, Ty y Zammis, los cuales se van repitiendo en un ciclo interminable. Davidge se sorprende de que sólo tengan cinco nombres, mientras que los humanos pueden elegir entre infinitas posibilidades. Ante esa observación, Jerry dice: “Davidge, qué perdidos debéis sentiros. Los humanos… qué perdidos debéis sentiros” (p. 96). Luego se explica mejor, preguntando a Davidge por sus padres y los padres de sus padres. El conocimiento del humano acerca de su ascendencia sólo puede rastrearse hasta sus abuelos, a diferencia del drac, que es capaz de recitar la historia de su linaje hasta la colonización de su planeta por Jeriba Ty, hace ciento noventa y nueve años. Es más, en los archivos de su linaje, en Draco, puede seguirse la línea hasta el planeta natal, Sindie, otras setenta generaciones más atrás. Asimismo, Jerry explica que sólo los primogénitos conservan la línea, los productos de segundos, terceros o cuartos nacimientos deben encontrar sus líneas particulares. Con respecto al límite de cinco nombres, Jerry señala: “Los nombres son cosas a las que añadimos distinciones: son cinco nombres iguales, comunes, de modo que no oscurezcan los hechos que distinguieron a sus portadores” (p. 97). Así, el conocimiento del linaje y su recitación ante un público de sabios es requisito para ser admitido como adulto en la cultura drac. En respuesta a eso, Davidge reflexiona: “[…] empecé a comprender a qué se refería Jerry con la expresión ‘sentiros perdidos’. Un  dracón con varias docenas de generaciones en el estómago sabe quién es y a qué debe mantenerse fiel” (p. 97).


Esto es sólo el principio de una novela que se erige como un canto de celebración a la diversidad y al entendimiento. Lo que sucede luego, sólo profundiza en las ideas antes expresadas, pues por azar Davidge tendrá que hacerse cargo de Zammis, el hijo de Jerry, con todo lo que ello implica. La película, por su parte, a pesar de ser bien interesante, se queda corta en cuanto al potencial emocional de la historia, con una gran simplificación de las cavilaciones de Davidge, el contexto en que todo sucede, y un final precipitado y demasiado heroico, muy distinto al de la novela, que es reposado aunque intenso. En esta última, la crítica a la cultura de la guerra gringa, a sus instituciones tanto militares como mentales y a la rancia xenofobia de la cultura de masas (con su paradójico culto al individuo), alcanza una gran magnitud, que en la película se reduce a la esclavitud capitalista del otro (que no es algo menor, pero sí demasiado simple).

jueves, 8 de mayo de 2014

La Persistencia de la Visión

[Como le voy a prestar este libro a una amiga, me acordé que hace un tiempo hice un trabajo en el cual incluí comentarios sobre este maravilloso cuento, así que aquí va, disfrazado de reseña]

John Varley nace el 9 de agosto de 1947, en Austin, Texas, E.E.U.U. Intentó estudiar física y luego se cambió a Inglés, pero abandonó la universidad antes de los veinte años, para viajar por la carretera por un año y medio, llegando a San Francisco el año 67, justo para el Verano del Amor. Luego de desempeñarse en varios trabajos decidió ser escritor, publicando muchas novelas y cuentos de ciencia ficción, entre los que destacan aquellos enlazados en el universo común de Los ocho mundos, el cual presenta a la humanidad desterrada de la tierra por los Invasores, una raza alienígena desconocida que, mediante el desmantelamiento de toda tecnología, expulsa a los seres humanos de su planeta natal para proteger a las especies más inteligentes e importantes del mismo: las ballenas y delfines. Así, a la fuerza, la humanidad se expande por diferentes planetas y satélites del sistema solar (Mercurio, Venus, La Luna, Marte, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón), quedando la tierra y Júpiter fuera de su alcance (pues los invasores, según se dice, provienen de planetas gaseosos como éste).


Sin embargo, la obra que reseñaré no forma parte del universo de los ocho mundos, a pesar de haber sido publicado en una antología que contiene cuentos ubicados en ese contexto. El escenario de ésta son los Estados Unidos de fines de los ochenta hasta la aurora del nuevo siglo (año 2000). La Persistencia de la Visión, novela corta o cuento largo, se publica el año 1978, en The Magazine of Fantasy and Science Fiction, ganando el año siguiente los tres más prestigiosos premios del género, el Hugo, el Nebula y el Locus. El éxito de la novela se explica en la buena acogida por parte de los lectores del género, quienes destacan el tratamiento del lenguaje de los sordociegos, el cual sugiere un universo de sensaciones y conceptos más sutiles, superando nuestros sentidos ordinarios (Escudero, 2006). 

La acción nos lleva a fines de los años 80, año de la cuarta-no-depresión, extraño concepto para explicar el descalabro de la economía mundial durante los últimos veinte años. El protagonista de la historia es un hombre de cuarenta y siete años que, habiéndose unido a la fila de los desempleados, decide lanzarse por la carretera norteamericana haciendo autoestop, desde Chicago hasta la costa oeste, para tomar un barco en el pacífico y llegar hasta Japón. El viaje del protagonista lo traslada desde una ciudad desolada y sumida en el caos a un montón de pequeñas comunidades experimentales en Taos, Nuevo México. Éste, desde los 60, era el centro de los experimentos culturales de modos de vida alternativos: “Como resultado de todo ello, el lugar estaba repleto de desvencijados molinos de viento, paneles solares, domos geodésicos, matrimonios de grupo, nudistas, filósofos, teóricos, mesías, ermitaños, y más simples locos de los que debería haber” (1986, p. 11).

Paralelamente, se nos narra la historia de unas personas muy especiales: el año 1964, a causa de una epidemia de rubéola que afectó a cinco mil mujeres dentro de los primeros cuatro meses de embarazo, nació la misma cantidad de niños y niñas sordos, ciegos y con lesiones cerebrales. Ello, superó con creces la cantidad anual de niños que nacían con estos problemas (ciento cuarenta, como mucho), por lo que el Estado se vio superado en cuanto a la forma de manejar el problema. Así, la mayoría de los sordociegos fueron situados en distintas instituciones estatales que pretendían educarlos y brindarles las mínimas herramientas para la sobrevivencia y para el desenvolvimiento en una sociedad a la cual nunca podrían integrarse plenamente.

Muchos de los cinco mil niños eran subnormales, y resultaba virtualmente imposible comunicar con ellos, aun en el caso de que alguien lo hubiera intentado. La mayor parte terminaron encerrados en los centenares de anónimas instituciones y hospitales para niños especiales. Eran metidos en la cama, y limpiados una vez al día por unas pocas enfermeras sobrecargadas de trabajo, y por lo general se les dejaba completa libertad; se les dejaba que languidecieran libremente en su propio universo oscuro, tranquilo, privado. ¿Quién podía decir que aquello fuera malo para ellos? No se había oído quejarse a ninguno (p. 13)
El Estado se ocupa del destino de los hijos sordociegos, encerrándolos donde no sean una molestia para la sociedad mayor y mutilando sus posibilidades de experimentar la vida plenamente. Sin embargo, muchos niños cuyos cerebros no fueron afectados fueron encerrados también con los subnormales. Se descubrió que muchos de ellos tenían coeficientes intelectuales cercanos a lo normal, y cuando llegaron a la pubertad quedó en evidencia que no había suficiente gente preparada para manejarlos convenientemente. Pero entre ellos, había una mujer que soñó con algo más, pero no contentándose con los sueños, se dedicó a convertirlos en realidad. Así, luego de una larga lucha con el Estado y su burocracia asistencialista, un grupo de setenta sordociegos obtuvo la independencia, así como el pago de su pensión anual garantizada, que nunca habían recibido. Con el dinero y ayuda de un abogado y una arquitecto, idearon un nuevo espacio, en Nuevo México, un lugar que muchos llamaban Keller[1]. Este lugar no era para llevar una vida que fuera una ciega y sorda imitación de sus semejantes, sino un espacio para comenzar de nuevo, creando una forma de vivir que no aceptara convenciones previas. Es decir, se trata de un contexto totalmente nuevo, donde podía experimentarse una nueva forma de habitar y comunicarse.


A este extraño lugar, Keller, llega el protagonista de la novela, luego de un largo recorrido por otras comunidades alternativas que lo decepcionan, pues no lograron apartar el sentimiento de vacío y soledad que invadía su corazón. Allí es recibido por una joven de aproximadamente trece años, la cual es hija de los sordociegos originales y, por tanto, puede ver y escuchar normalmente, aunque de todas formas el lenguaje que utiliza es el táctil (sólo habla para explicar y traducir al protagonista). El protagonista es bien recibido en la comunidad (no llegaban visitas muy seguido, tampoco se quedaban mucho tiempo), por lo que decide aprender el lenguaje táctil (con el alfabeto manual internacional), sólo para descubrir que ese es tan solo el primer escalón de un lenguaje mucho más complejo, de cinco capas: lenguaje táctil, abreviado, corporal, “toque” y, finalmente, “***”, al que sólo accedían los mayores, en una especie de ceremonia semanal efectuada al atardecer. Así, asistimos al aprendizaje del protagonista, quien, primero con impacto, luego con sumo interés, profundiza en el lenguaje abreviado y corporal, con todo lo que ello implica: “Ellos hablaban con sus cuerpos. No era solamente con las manos. […] Pero hablar era hablar, y si la conversación evolucionaba hasta un punto en el que necesitabas hablarle a otro con tus genitales, eso era simplemente una parte más de la conversación” (1986, p. 30). De este modo, el protagonista aprende que esta comunidad tiene un carácter pansexual, en el cual la orientación del deseo hacia un género determinado no es más que una traba en la comunicación real y profunda de las personas. De hecho, luego de experimentar un orgasmo involuntario en una “conversación”, entendió que más allá de la individualidad, la comunidad funcionaba como un organismo. Decidió entonces quedarse y aprender a “hablar”.

La Persistencia de la Visión es uno de mis cuentos favoritos, de hecho, el que determinó mi ingreso definitivo en el mundo de la ciencia ficción y la fantasía, géneros sin los cuales hoy no podría vivir. Además, su planteamiento de una comunicación total, que incluye al cuerpo y todas sus expresiones, remeció un poco mi forma de desenvolverme en el mundo, volviéndome más táctil y, por qué no decirlo, sexual, en el cotidiano.

Referencias

­­Escudero, Demián. (2006). La Persistencia de la Visión (reseña). Sitio de Ciencia Ficción (página web) http://www.ciencia-ficcion.com/opinion/op01052.htm (revisado 14 de diciembre 2013).

Varley, John. (1986). La Persistencia de la Visión. Editorial Hyspamerica: Madrid.

Notas



[1] En referencia a Hellen Keller, sordociega que en su adultez se convertiría en activista política. Primera persona sordociega en obtener un título universitario.

martes, 6 de mayo de 2014

hoy, en grandes hipsters de la historia:

era tan original que tenía dos manos izquierdas, ¡chúpense esa!

lunes, 5 de mayo de 2014

otra cita (un momento de nutrición intelectual-corporal)

"We only believe in those thoughts which have been conceived not in the brain but in the whole body" (W. B. Yeats)

domingo, 4 de mayo de 2014

Metamorfosis de la lectura (Román Gubern)

El juicio sobre el libro electrónico aparece sesgado entre quienes hemos crecido y nos hemos formado, intelectualmente y sentimentalmente, con el libro códice de papel, hasta crear con él una verdadera dependencia emocional. Yo figuro entre quienes creen que durante mucho tiempo coexistirán el libro en papel y el libro electrónico -el códice y el rollo coexistieron durante cuatro siglos- y que, por supuesto, las enciclopedias, anuarios, prontuarios, catálogos, índices y libros de consulta general tienen su destino natural en el ciberespacio. Pero pienso que el libro en papel, el que aprendimos a amar desde nuestra infancia, ofrece todavía algunos atractivos o ventajas que merecen ser reseñadas y cabalmente valoradas:

1) El libro electrónico se opone al fetichimos del libro como objeto sensual, es decir, como objeto táctil, visual y oloroso a la vez. Y ese fetichismo ha sido tradicionalmente un componente hedonista del placer intelectual de la lectura.

2) El libro electrónico se opone, en su condición de máquina estandarizada, al valor sentimental del libro recibido como regalo cariñoso, o dedicado con una firma por el autor o por el amigo que lo regala, o de una edición limitada para amateurs cómplices.

3) El libro electrónico se opone al libro entendido como objeto de diseño gráfico. ¿Cuántas veces hemos comprado un libro por el atractivo de su portada? Aquí reaparece el fetichismo del objeto diferenciado, en contraste con el soporte uniforme. Es cierto que las vistosas fundas de los discos de vinilo no frenaron a los menos atractivos CD, pero el culto sentimental a la discografía de vinilo todavía se resiste a morir.

4) El libro en papel nos permite ojear y hojear el texto con más comodidad e inmediatez que las que nos consiente el libro electrónico.

5) En el libro códice podemos ponderar de un vistazo lo que llevamos leído y lo que nos falta por leer. Es cierto que esta información numérica se halla también en la parte inferior o superior de la página electrónica, pero su ponderación es menos sensorial e inmediata.

6) La luz incidente permite leer una página de papel, pero una incidente intensa puede convertirse en un inconveniente para leer una página electrónica.

7) Si un libro tradicional recibe un golpe o cae al suelo no se rompe. No ocurre lo mismo con el e-book.

8) En su condición de instrumento electrónico inalámbrico, el e-book no puede utilizarse en los aviones en vuelo, lo que resulta especialmente gravoso en los viajes largos.

9) El e-book no puede leerse en la bañera y es peligroso hacerlo junto a una piscina.

10) La movilidad de la lectura electrónica depende de una batería que cuando estamos enfrascados en un episodio apasionante bajo la sombra de un árbol puede exigirnos con su impertinente pitido que apaguemos inmediatamente el e-book, so pena de quedarnos sin texto. Esto no ocurre con el libro de papel.

El arcaico libro códice multisecular y el novísimo libro electrónico han entrado en legítima competencia en nuestro denso ecosistema alfanumérico, que está regido por la ley de usos y gratificaciones de los medios, una ley que nos explica perfectamente por qué la televisión no ha aniquilado la vigencia social de la radio, pero en cambio por qué el cine sonoro provocó la extinción del cine mudo. En la distribución racional de tales usos y gratificaciones se dirimirán los territorios de vigencia propios de los que ahora percibimos a veces como dos rivales y que probablemente no sean más que dos medios complementarios en nuestro abigarrado paisaje intelectual.

Extraído de "Metamorfosis de la Lectura", de Román Gubern, páginas 121-123. 2011. Anagrama: Barcelona.

viernes, 2 de mayo de 2014

miércoles, 30 de abril de 2014

encuentro con el curandero bucal

Hoy, luego de un folklórico viaje en micro con gotera, llegué a CLINIDENT (nombre genérico) a la segunda parte de mi endodoncia del terror. La anestesia estoy acostumbrado a aguantármela, total se siente el primer pinchazo nomás. Pero lo que sigue es el horror, abrir la boca por cerca de media hora, sin ninguna consideración por mis cada vez más secos y resquebrajados labios ¿Por qué los dentistas son tan bestias? Tienen lo peor de un médico en cuanto a ignorar tu intelecto ubicado fuera de la disciplina, pero además se ocupan específicamente de tu boca, haciéndote pebre los labios en el proceso. ¿Cómo es que a ningún dentista se le ha ocurrido inventar un sistema de humedecimiento de labios para los pobres pacientes?

Más encima, este tal Carlos Rojas -cuyo título del año 2012 colgaba en la pared, dando cuenta de su reciente incorporación al mundo laboral-, no tenía ninguna intención de explicarme el procedimiento. Como acostumbro hacer con médicos y dentistas, le pregunté de qué iba la sesión de hoy, a lo que respondió de mala gana: 'Napos, limpiar el conducto, ver si está todo en orden, sin infección, y rellenar. La otra semana sería la tapadura definitiva sí'. Chucha, y si uno no preguntara tendría que creer ciegamente en esta gente, dejarse manipular la espalda y la cabeza, que tiren brutalmente de tu labio y tus bigotes, que te llenen de algodón las encías, que un tubo plástico extraiga la saliva, que taladren en silencio, sin preguntas, sólo creyendo en su ciencia y pague a la salida por favor. 

Tampoco es que quiera un beso de despedida, pero ese ahínco en generar una distancia, una asimetría, una superioridad incuestionable y muchas veces desconsiderada me apesta. La inhumanidad de las ciencias de la salud ataca de nuevo.

Tooth Drawer - Dental History

"En la modernidad, poco a poco, el cuerpo humano se incluye entre los objetos mensurables y cuantificables, y nace la medicina técnica en sentido moderno. En esta medicina se incrementa la pasividad del enfermo (considerado como una simple "máquina humana") ante los médicos, convertidos también en simples funcionarios de un saber mecánico y burocratizado" (Duch y Mèlich, Escenarios de la Corporeidad. 2005: 138)

martes, 29 de abril de 2014

Picoro style

"Majunia pa' los amigos"

y su hermano pobre:
"suelta una redonda pa' quedar cucú"

domingo, 27 de abril de 2014

recuerdos de latinchat

nico_man: hola, qué edad tienes?

gatitax: 18 y tú? [en verdad tiene 12]

nico_man: 20 [tiene 13]

nico_man: cuáles son tus medidas? [no tiene idea de qué miden exactamente]

gatitax: 90, 60, 90 [en verdad no tiene pechugas ni poto todavía]

nico_man: mm, podríamos juntarnos [nunca se atrevería a algo así]

gatitax: podría ser :) [jamás lo haría]

[y así por media hora, hasta que mamá necesitaba usar el teléfono y había que desconectarse de internet]

miércoles, 23 de abril de 2014

La mula

Muere un escritor y resulta que todos son conocedores de su obra, le llaman con diminutivo y dicen marcó sus vidas. Mula.

Es el día del libro y ahora todos apoyan la lectura y hacen proselitismo de ella. Mula.

Pura realidad virtual. Nos sobran héroes, y nada, para equilibrar me haré villano, total la amargura ya la tengo. 

En el fondo cada quien crea su personaje virtual, a mí me gusta ser un miserable, he aquí a mi maestro.


Y yo también soy mula. ¡Que siga el baile de máscaras!

martes, 22 de abril de 2014

recuerdo de mis vacaciones

y las próximas se vienen mejores aún...

miércoles, 16 de abril de 2014

día 23

Me pasé de los 21 días y no mucho cambió. Pero una luz se prendió. Creo que ahora entiendo por qué me fui, por qué volví, por qué es un problema. El maligno no es él, verdaderamente no tiene ninguna fuerza sobre mí. Feisvuk es la punta del iceberg de mi problema. Ahora, ¿cuál es mi problema: paja existencial, desgano crónico, miedo de futuro? Ante todo, incapacidad para llevar a cabo lo que debo llevar a cabo: mi vida, una vida.

La era del aburrimiento ataca de nuevo. Pero no puedo seguir culpando a un ánimo epocal. Hay cosas que deben cambiar en mi vida real, y no se trata sólo de apagar el feisvuk, para nada. Se trata de escribir mi tesis, escribir un artículo para el proyecto en el que trabajo... cosas que sinceramente no me apasionan tanto, pero son un trabajo, las tomo como un trabajo, me pagan por ellas, y por tanto son un medio para obtener otros fines. Aunque no tengo claros mis fines, porque estoy seguro que sólo son otros medios para otros medios, y así.

Lo malo es que en este instante de mi vida procrastino como el que más, pero mi principal distractor no es feisvuk en sí, sino el chat de feisvuk. Si messenger existiera aún ni siquiera me conectaría tanto a la red social azul. Y claro, está el chat de gmail, pero no somos muchos por esos lares, y ni hablar de google+, que tiene lo peor de tuiter, lo peor de feisvuk, unidos en uno. Me gusta chatear, me gusta escribir, ser ocurrente... y obvio que sería mejor llevar esa escritura a algo serio, o no serio, pero más complejo, desde una entrada en un blog a un cuentito publicado por ahí, no sé. 

Soy un saboteador de mi propia inteligencia.

martes, 15 de abril de 2014

Matar a un ruiseñor (Harper Lee)

Matar a un ruiseñor
1960
Editorial Harper Collins

La novela favorita de Clark Kent, según recuerdo dice éste en el último tomo del "Reino de los Supermanes", el arco argumental que cierra la época de su muerte. Pero ¿por qué será el favorito de un sujeto tan ñoño y bonachón?

La novela se sitúa en Maycomb, un condado de Alabama, en años posteriores a la gran depresión. Pueblo chico infierno grande, como siempre, está basado en el poblado original de la autora. De hecho, la historia es bastante autobiográfica. Dicen, además, que la autora, luego de asombrarse con el éxito de la obra, decidió recluirse, no dar más entrevistas ni tampoco publicar más, en la más Salinger. Ah, también era yunta de Truman Capote, e incluso existió el rumor de que él escribió realmente la novela, aunque ha sido desmentido hartas veces, así que no vale la pena hacer caso.

Pero vamos a la historia. La narradora de gran parte del libro es Scout -Jean Louise- Finch, una niña de 8 años que vive con su padre Atticus y su hermano Jem. La primera parte de la novela narra las peripecias que hacen los niños para observar a Boo Radley, un vecino extraño, pues nunca sale fuera de su casa, por lo que corren diversas historias respecto a sus razones de encierro y a su apariencia física. La segunda parte es más intensa, pues gira en torno al juicio de un negro acusado injustamente de violar a una muchacha blanca, perteneciente a la familia más degenerada del territorio. Atticus es encargado de la defensa del acusado, y mientras aguanta la estupidez reinante de sus coterráneos, intenta educar a sus hijos moralmente.

Si bien la atmósfera gringa-sureña-pueblerina no me entusiasma, la intención valórica del libro me logró emocionar, algo que no me esperaba. Tiene razón de ser que el libro haya sido levantado como bandera de lucha por los movimientos pro derechos civiles en los 60, aunque más bien está dirigido a los lectores blancos -en todo caso, supongo es normal, parecido a lo que ocurrió en sudamérica con el indianismo y el indigenismo, o incluso con la escritura de mujeres... pero ya me estoy yendo por las ramas-. Los negros son algo planos y todo eso, sin embargo el libro no deja de ser un alegato contra el racismo y la cultura de las apariencias.

En realidad, ahora que lo pienso, todos los personajes son algo planos excepto la familia Finch, que es la más letrada del lugar. Eso me desmotivó un poco al principio, porque pensé que gracias a ello podían posicionarse desde una mayor altura moral, y yo hace tiempo perdí la esperanza de apelar a una evolución moral por medio de la educación sistemática. Pienso que el respeto por la diferencia habría de enseñarse por medio de acciones más que por tanta palabrería, y en realidad Atticus, por más ratón de biblioteca que sea, se comporta como un caballero en todo momento, y le enseña a sus hijos sobre todo mediante su accionar cotidiano.

Los niños crecen en el libro (la historia abarca un par de años), dejan atrás su inocencia, van haciéndose conscientes del absurdo social, del show de las apariencias, del cahuín y del racismo y clasismo más añejo. Hay un mensaje de esperanza en la novela, existe la posibilidad de que todo esto cambie en el futuro, pero también puede que no, y eso lo hace algo doloroso también.

Escena de la película de 1962
(maravilloso discurso de Atticus echándole la foca a los giles del pueblo)

Luego me enteré que Atticus es el abogado más famoso de gringolandia, un modelo a seguir de honestidad y justicia (por algo le gusta a Clark Kent, incluso se parecen fisícamente). Pero insisto, los ejemplos de decencia y altura de miras no han de venir siempre de gente letrada, porque el mundo no es así, ni le interesa ser así. Por eso eché un poco de menos a algún personaje negro o campesino que también fuera capaz de pensar y actuar con integridad. De todas maneras, la novela es altamente recomendada, un clásico gringo que no puede faltar en la cabeza de los ñoños por la lectura.

martes, 8 de abril de 2014

día 15

Estoy fracasando. Partí bien, sí, cumplía con la hora diaria permitida, pero de pronto me desordené y paf, volví al vicio constante. Hace unos 4 días que bajo y bajo por el inicio, esperando alguna entretención, alguna otra excusa para seguir perdiendo tiempo.

Sin embargo, he cumplido con otras cosas: organizarme, hacer reseñas, escribir... aunque sé que puedo perder la motivación en cualquier momento entregándome a la rueda de la inacción feisvukera.

Claro, declaran enfermedad el selfie, pero nada dicen de la red social, total manda el billete. El selfie es una manifestación individual de la cual cada quien se hace cargo, pero el feisvuc es una enfermedad social que corroe nuestra inteligencia, nuestra creatividad, nuestra acción política. Sin la red social y la fotografía digital no existiría el selfie, todos lo encontraríamos ridículo. Es tan absurdo como sacar fotos y mirarlas de inmediato desde la cámara, como mirar los conciertos o los fisgoneos de la calle a través de una pantalla para grabarlos, en lugar de utilizar nuestros ojos humanos. Hay una supuesta intención de registro, de no-olvido, pero con esa actitud mengua nuestra memoria, pues dependemos de la tecnología para asegurarla. 

No soy tan idiota como para proclamar un alejamiento de los computadores y un regreso a la fotografía análoga, ni tampoco para celebrar un regreso a las correrías por los campos, desnudos y transparentes, aunque sin duda esto último sería hermoso. Simplemente seguiré dando la pelea, de momento individualmente, por salir de este flagelo.

Y qué importa olvidar, mientras viva en la experiencia real.

lunes, 7 de abril de 2014

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Booket/Minotauro
2012 (original de 1968)
271 páginas
[y sí, le ponen Blade Runner al libro en esta edición para puro hacerlo más apetecible en el mercado]

Al fin me leí este famoso libraco. Librito más bien. No tenía idea, pero en realidad se trata de una novela corta, nouvelle que le llaman los siúticos. Obviamente me adentré en sus páginas con la película en la cabeza y, a pesar de que hay varias cuestiones que no aparecen en esta última, hay otras que sí y gracias al libro se me aclararon un poco. La acción está situada en 1992, años después de la guerra mundial terminus, que puso fin a casi toda la vida animal en el planeta tierra y tiene a gran parte de la humanidad apretando cachete a indecentes colonias espaciales, huyendo de la radiactividad. De hecho, los hombres deben usar una especie de calzoncillo-pantalón de hierro para proteger sus bolas y no quedar infértiles.

La narración nos invita a acompañar la vida de Rick Deckard, cazarrecompensas contratado por la policía de Los Ángeles para capturar a los androides cimarrones de las colonias espaciales, que escapan a la tierra en busca de su libertad. Porque los andys son esclavos en las colonias, servidumbre de la humanidad en su diáspora espacial. Precisamente, una propaganda que dan en la tele promoviendo la colonización dice: "¡Disfrute de la gloria en que vivían los estados sureños antes de la Guerra Civil! Ya sea como sirvientes o incansables peones, el robot humanoide se adapta a sus necesidades específicas, hecho a su medida y sólo a su medida, y se le entregará absolutamente gratis a su llegada, totalmente equipado, tal como se le detallará antes de que abandone la Tierra". Pero claro, también hay ovejas eléctricas, de hecho Deckard y su mujer tienen una. La posesión de animales reales es un gran signo de estatus social, entonces hartas personas adquieren animales eléctricos para guardar las apariencias.

Paralelamente, nos enteramos de la vida de J. R. Isidore, sujeto calificado como "especial", pues la radiactividad afectó su coeficiente intelectual, incapacitándolo para una vida social normal y funcional al sistema actual. Sin embargo, tiene trabajo en una tienda de animales eléctricos y vive en el único departamento habitado de un ruinoso edificio. Aunque todo es ruinoso en esta ciudad, el abandono es ley, y la basugre se apodera de los lugares olvidados. "La basugre son objetos inútiles, como el correo comercial o las cajas de cerillas cuando has prendido la última, los envoltorios de chicle o la prensa del día anterior. Cuando no hay nadie, la basugre se reproduce a sí misma", explica Isidore a Pris, la androide que se aloja en su edificio.

Las grandes diferencias entre la película (que todos hemos visto excepto Pájaro Verde, que vive en un mundo aparte) y la novela, son que en esta última hay dos elementos fundamentales que no se ven en la primera. Uno es el fanatismo religioso por Willbur Mercer, una especie de mesías del dolor y el aguante, con el cual puede vincularse quien posea una caja empática. Este dispositivo sirve tanto para conectarse grupalmente a Mercer, como para activar un ánimo en el usuario humano por el resto del día, onda: hoy voy a estar deprimido, marco el código 835 y la máquina me deja con ese ánimo hasta que me duerma. El segundo elemento es un líder de la cultura popular llamado el amigable Buster, que transmite por televisión y por radio un programa non-stop las 24 hrs. de lunes a domingo (por lo cual se sospecha es un androide). Este último elemento, si bien en la época de publicación original se cocinaba bien (era necesario, como ahora, hacer una crítica a los medios masivos y su intención de estupidizar a las masas), hoy en día la televisión y la radio han sido desplazadas por el omnipresente internec, del cual no se sospecha en la novela. Justamente, ese tipo de elementos aparecen con el cyberpunk, corriente de la cual formará parte la adaptación cinematográfica de esta novela, aunque más por la escenografía decadente y de desigualdad social que por el tema computacional-cibernético. Lo piola de la película es que fue el primer despliegue del cyberpunk en la pantalla grande, paralelo al de Neuromante en la literatura, el año 84.

Es buena la novela, aunque no le va bien resistiendo el paso del tiempo. Lo que sí, la discusión/distinción entre qué es natural y qué es artificial está muy bien trabajada, así como la horrible jerarquización social que deja a los humanos en la punta de la pirámide, seguido de los especiales y luego los andys. En ese último aspecto, el papel de Isidore es notable, pues los acepta sin problemas, ya que es un rechazado como ellos. También Luba Luft, la segunda androide "retirada" por Deckard, ofrece un cuestionamiento interesante, puesto que se estaba desempeñando como cantante de ópera en la tierra, poniendo en duda la ausencia de sensibilidad y empatía de los androides. Una lástima que en la película la hayan convertido en bailarina cabaretera nomás.

De todas formas, al igual como me ocurrió con Children of Men, creo que la película es mejor, pues se independiza de cuestiones del libro para crear una obra nueva y compleja. Además, la sugerencia final es exquisita y le da mucha fuerza a la duda sobre lo que diferencia a los humanos y a los androides.

¡oh-oh!